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viernes, 29 de noviembre de 2019

UNA TAZA DE CAFÉ…





En la mañana, bien temprano prepara el café y regresa para despertarme. Lentamente se desliza por entre mis piernas y besándome arrastra sus ganas por todo ese cuerpo que ya no me pertenece. Mientras tanto el aroma del café se mezcla con el de su carne, haciendo que se encienda mi alma. Ya estoy espabilada y le permito avanzar sobre mis ganas, como aquel que se desliza bajo alambres de púa cuidando no quedar enganchado en uno de ellos. Mi volcán se ha sacudido y grita por explotar. Me falta el aire. La respiración es sofocada. Un gemido emerge de mis adentros cual lava que incendia el matorral.

Somos dos seres que danzan bajo sábanas cual fantasmas en un elucubrante festín sexual. El gallo de la señora Filomena está practicando y su canto hilarante nos distrae por un momento. Su boca quiere decir algo pero mi beso le atrapa las palabras enmudeciendo en una sonrisa.

Aquel café mañanero, cómplice de los amantes, apretó el calor en las entrañas de la taza, jugando un papel importante tras el sosiego del encuentro.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
29 de noviembre del 2019




lunes, 25 de marzo de 2019

ELLA ESTABA ENAMORADA...






Ella estaba enamorada. Fue una casualidad que le llegara el amor, pensaba ella pero tú y yo sabemos que la casualidad no existe, que las cosas que nos pasan son por causalidad, principalmente. Ella comenzó a suspirar desde ese momento, cosa que agradecieron, mucho, sus pulmones, su piel, sus órganos, sus ojos, todo lo que conformaba a ese pequeño ser.

En ese instante, recordó que sabía sonreír y se le transformaron sus labios. Sus ojos se dibujaron agraciadamente.  También apareció una pequeña luz, que jugueteaba con sus hermosas pupilas. Su rostro se había transformado en la esperanza de felicidad y amor.
No recordaba el último día en que vio al mundo, a pesar de los vaivenes de los acontecimientos, mecerse entre nubes y canciones. Todo había cambiado, el matiz de los colores era más llamativo, la luz en su ventana semejaban brazos que la invitaban a una caricia, a ese abrazo tan anhelado.

Ella estaba enamorada…

Un día se encontró en una tienda para ropa íntima y con algo de pena, porque pensaba que para ella, el comprarse algo bonito, había pasado su momento. Sin embargo, apretando sus miedos y complejos pidió que le enseñaran la lencería más atractiva que tuvieran. La empleada le mostró diferentes modelos. Por su mente pasaban episodios de su vida por venir donde se reflejaban las ansias de lucir hermosa y apetecible para su amado. Terminó comprando varias prendas, segura que las luciría como esas modelos que salían en las portadas de una revista, se negó a ver la realidad de su peso, del contorno de su cuerpo, que ya no era el bien dibujado cuerpo de una mujer más joven, en fin ella sólo pensaba en seducirlo a él.

Pasó el tiempo y las prendas permanecían en la gaveta de su closet. Muy de vez en cuando las sacaba y las lavaba por el polvo que hubiesen recibido, a pesar de estar bien resguardadas. Seguidamente las volvía a colocar en esa caja de metal que consiguió, donde permanecían envueltas con papel de seda y una pizca de perfume, del que ella usaba.

Otro año más y no había podido exhibir su adquisición más preciosa. Los ojos estaban perdiendo su brillo, su sonrisa estaba siendo opacada por una sombra de tristeza pero ella seguía con la esperanza.

Ella estaba enamorada…

Un día, su corazón no la quiso seguir acompañando y dio unos saltos esquizofrénicos haciendo que se desvaneciera en la cama. Sus ojos daban muestra de saber qué estaba pasando. Comprendió que era su último suspiro el que, con mucha misericordia le permitió dar su adiós definitivo y recordó esos ojos pícaros y risueños, que alguna vez la hicieron vivir el amor más crucial que jamás había tenido. Una sonrisa iluminó su rostro y su mirada volvió a brillar. Por un segundo su piel se tornó tersa y cual mujer enamorada volvió a soñar. -Cuando venga estaré lista para amarlo- y con el poco tiempo que le quedaba lanzó un beso al aire, con la esperanza  que éste le llegue a ese ser que tanto amo y que no pudo olvidar. Una lágrima rueda en silencio por su mejilla mientras su alma vuela hacia otros planos.

Porque… Ella estaba enamorada…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
25 de marzo de 2019

lunes, 23 de octubre de 2017

You were a vision of love...





It was a sunny afternoon. They had forecast winds and cloudy skies. The sun ignored the predictions and kept the atmosphere warm and bright.

I was walking along the boulevard of San Marino, when I saw a woman who moving at her pace. Her skirt, soft like a butterfly's wing, clung to her hips, revealing rounded buttocks, which, at the strong wobble of her hips, performed a dance like drums in the jungle. It was a delight the sight that was offered at the time but I had to cross to another corner to go to the meeting place with friends. Suddenly, a strong breeze hit the folds of her skirt and it began to flutter madly, like a flag flying. You had some boxes in your hands and you did not know what to do at the moment. The scene had become a magical and sexual experience. I could see your delicate panties that matched your blouse. They were of a black lace, very delicate, that framed exquisitely the roundness of your jewel.

You were still undecided, if you dropped the boxes or grabbed your skirt. You turned around on the spot and in that way I noticed your legs turned and delicate skin, which I thought of as an Amazon. Strong and outlined. He was certain they would take a beating from this spirited steed.

At last you decided to release the boxes and with the face red for the pain of knowing you observed to you covered your legs. In that moment I loved you.

I thought-what a pity, I would have liked to keep watching you fight the wind-when suddenly a breath of hot air was let slip between your legs and immediately, with the face decomposed delirium, gave way to the feeling that this air left you . It was as if a mouth had risen to your mountain ranges and made your whole being gleaned with pleasure. Since your hands touched those exquisite breasts like pigeons that wish to fly and without remembering where you were, you delighted in the soft and warm sensation that gave you that flash of breeze. I had been perplexed by the scene before me. He could not believe what he was sharing at the time. My hunger for man rose like a rooster in full dawn. I wanted to hug you and kiss those fleshy lips, which were in the middle of the street giving the first one that caught them. Woman i wanted to make you mine. But it all happened as fast as it started and you grabbed your boxes and kept walking as if nothing had happened. While I, behind you, I was dying to have you. You never knew my anguish, my sorrow. Only if you read these words, will you identify with them.

I ran to my house went to the bathroom  with your image in my mind. I gave free rein to my desires and for a moment y had you whole for me. Your skirt I made mine. From your breasts sprouted lilies and carnations. Greater was my feeling, when I gave vent to my fantasy and tried that honey that ran between your legs. It was a delight that I lived, until I realized that you will never know what your skirt and the wind did with this desire to make you mine.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10

October 23, 2017

AYER TE HICE MÍA...






Era una tarde soleada. Habían pronosticado vientos con cielos nublados. El sol no hizo caso de las predicciones y de igual manera mantenía el ambiente cálido e iluminado.

Caminaba por el boulevard de San Mariño, cuando vi a una mujer que se tongoneaba al son de su propio ritmo. Su falda, suave cual ala de mariposa se pegaba a sus cadera dejando ver unas redondeadas nalgas, que al meneo fuerte de su vaivén, hacían una danza cual tambores en plena jungla, ¡tras, tras, tras, tras! Era una delicia la vista que se me ofrecía en ese momento pero tenía que cruzar hacia otra esquina para dirigirme al lugar de encuentro con unos amigos. De repente, un fuerte ventarrón azotó los pliegues de su falda y ésta comenzó a ondear locamente, cual bandera al viento. Llevabas unas cajas en tus manos y no supiste qué hacer en el momento. La escena se había convertido en una experiencia mágica y sexual. Pude ver tus delicadas bragas que hacían juego con tu blusa. Eran de un encaje negro, muy fino, que enmarcaban exquisitamente la redondez de tu joya.

Seguías indecisa, si soltar las cajas o agarrarte la falda. Dabas vueltas en el sitio y de esa forma reparé en tus piernas torneadas y de delicada piel, que se me antojaron como las de una amazona, fuertes y delineadas. Estaba seguro que aguantarían una embestida de este brioso corcel.

Al fin decidiste soltar las cajas y con el rostro cual grana por la pena de saberte observada agarraste la inquieta pieza y pusiste tus manos alrededor de tus piernas. En ese momento te amé.

Pensé –Qué lástima, me hubiese gustado seguir viéndote pelear contra el viento- cuando de repente una bocanada de aire caliente pasó atropelladamente al raz del piso dejándose colar por entre tus piernas e inmediatamente, con la cara descompuesta de delirio, diste paso a la sensación que éste aire te dejaba. Fue como si una boca hubiese subido a tus cordilleras e hiciera que todo tu ser se espigara de placer. Ya tus manos tocaban esos senos exquisitos cual palomas que desean volar, y sin recordar dónde estabas, te deleitaste con la suave y cálida sensación que te otorgó ese fogonazo de brisa. Yo, había quedado perplejo con la escena que tenía frente a mí. No daba crédito de lo que era partícipe en ese momento. Mis ganas de hombre se elevaron cual gallo en pleno amanecer. Quería abrazarte y besar esos labios carnosos, que estaban en medio de la calle obsequiándose al primero que los atrapara. ¡Mujer que ganas tenía de hacerte mía! Pero todo pasó tan rápido como empezó. Agarraste tus cajas y seguiste caminando como si no hubiese pasado nada. Mientras yo, tras de ti, me moría de deseos por tenerte. Jamás supiste de mi angustia, de mi pena. Sólo si llegases a leer estas letras, te identificarías con ellas.

Corrí a mi casa y sin saludar entre al baño, con tu imagen en mi mente. Di rienda suelta a mis deseos y por un momento te tuve de pie a cabeza. Tu falda la hice mía. De de tus senos brotaron lirios y claveles.  Mayor fue mi sentir, cuando caí preso de mis fantasías y deseos, los cuales me llevaron a probar esa miel dorada que corría por entre tus piernas. Fue una delicia lo que viví, hasta que comprendí que tú no sabrás lo que hicieron tu falda y el viento con estas ganas de hacerte mía.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
23 de octubre de 2017



domingo, 8 de octubre de 2017

SEXO EN EL TREN




Era un hombre común. Pasaba por entre la multitud, sin despertar sentimiento alguno. Todos los días iba de su casa al trabajo y viceversa. No había algo que lo incitara a sonreír. Su vida se había convertido en una sarta de sueños truncados, la monotonía era su horizonte.

Pablo se había casado con Matilde hacía veinte años. De esa unión nacieron tres amores. Eran los ojos de Pablo pero se convirtieron en la vida de Matilde. Todo en su casa cambió. La atención fue trasladada, única y exclusivamente para los hijos. En esas noches de insomnio Pablo se volteaba y comenzaba a acariciar a su mujer sabiendo que estaba listo para hacerla sentir el calor de un hombre pero ella le apartaba la mano y se volteaba haciéndose la dormida. Pablo, muchas veces se vio en la necesidad de recurrir a esa técnica tan vieja para desahogar las ganas que tenía por sentirla y dejar así todo su manantial dentro de sus entrañas. Sólo que esa noche no sería.

A la mañana siguiente Matilde no comentaba nada y se adentraba a los quehaceres de su casa y sus hijos. Así fueron pasando los años y Pablo había ideado una forma de auto satisfacerse. Jamás dejó de intentarlo con Matilde pero aparecieron otros motivos del por qué “No”. Una noche eran los trillados dolores de cabeza, otros la menstruación, el niño requiere mi presencia y pare de contar. Se había convertido en una misión imposible. Él estaba muy enamorado de su mujer y por eso, también la justificaba.

Así fue pasando el tiempo y ya Pablo y Matilde no se encontraban, como mujer y hombre para hacer el amor. Ambos fueron envejeciendo, él con sus anhelos represados y ella con la decisión de ser ama de casa y más nada.

Para el mundo eran el matrimonio perfecto. Jamás se les oyó discutir, se les veía siempre en familia y se suponía que eso era lo que importaba para la sociedad. Pablo jamás había traicionado a Matilde. Como dije el “Matrimonio perfecto” Solo que la procesión iba por dentro y sin saberlo se encontraba a punto de explotar.

Cierta tarde, que Pablo salía del trabajo, el jefe le pidió que se quedara una hora más para que terminara un análisis de venta que tenían que exponer al día siguiente en la reunión de socios. Para Pablo era algo de rutina, no había por qué correr para ir a la casa, total no encontraría nada distinto a lo de todos los días.

Ya rondaba por los sesenta años y a pesar de su edad, la vida había sido benévola con él. Se mantenía en muy buenas condiciones. Le gustaba correr de vez en cuando para desestresarse e iba todos los sábados al parque y se quedaba tres horas. Sobre el asfalto dejaba la impotencia de no poder tener una vida sexual como todo el mundo lo hacía.

Ese día salió del trabajo a las nueve de la noche. Fue a la estación del tren encontrándola bastante despejada. No era común que él estuviera a esa hora en el tren. En el andén habían pocas personas esperando. Se había llevado algo de trabajo que debía terminar para el día siguiente. Se dijo, lo leo en el tren mientras viajo y al llegar a casa le hago las correcciones que necesitare.

En la distancia se oyó el pito del tren, que anunciaba su llegada. Al detenerse abrió sus puertas y su interior estaba sólo. Los otros pasajeros se embarcaron en distintos lugares del tren por lo que a él le tocó uno vacío. Mejor, se dijo, así no me interrumpen y trabajo un poco.

El tren salió de la estación entre chirridos de metales y bamboleo del vagón donde viajaba. Sacó sus lentes y se dispuso a leer el documento que llevaba. La distancia entre su trabajo y su casa eran de unas dos horas, así que tendría tiempo hasta de echar una pestañada. Inmerso en los papeles no observó que una joven, de unos veinticinco años, se había colado al lugar donde él estaba. La oye carraspear y al bajar el documento se encontró con una joven hermosa, blanca cual la nieve, el cabello alborotado del color de un atardecer. Sus ojos oscuros, como los de esas niñas traviesas, estaban sobre él, mientras jugaba con un mechó de su pelo, cosa que lo puso nervioso y sin saber hacia dónde mirar. Decidió regresar a lo que estaba haciendo. De repente sintió que unas manos le acariciaban la pierna y soltando las hojas vio que la joven estaba de rodillas entre ellas. Qué haces, le pregunta, tratando de alejarse de esas manos. Ella sólo movía sus manos entre sus muslos acariciándolo con vehemencia llegando hasta su ingle. Pablo no atinaba a gritar o a decir algo más alto que un “No” No lo hagas, No, No sigas pero ella sin dejar de verlo a los ojos le agarró el cinturón y lo fue soltando poco a poco. Pablo sentía que lo cubría una fuerza eléctrica y que su voz salía más queda cada vez pero siempre le repetía “No, No lo hagas” “Detente por favor” su voz no era escuchada ya era como el silbido de un asmático, apenas audible lo que salía de su boca. La chica ya le bajaba el cierre. No había nadie en ese vagón, a parte de ellos. Nadie vio lo que pasaba. El movimiento del tren aunaba más la sensación de placer que iba creciendo en Pablo. Sus ojos no daban crédito a lo que le estaba pasando y aún a lo que estaba sintiendo. Siempre había pensado, dado que Matilde no quería hacer el amor con él, en lo que llevaban de matrimonio, imaginó que estaba muerto de sensaciones y en ese momento su cuerpo era un manojo de ellas, indicándole que estaba más vivo que nunca.

Sus manos eran delgadas, con dedos largos y calientes. Con toda la destreza del que ha realizado ese movimiento, le sacó el pene y se lo llevó a la boca. Una boca carnosa y rosada, que junto a una lengua conocedora de lo que debía hacer, lo excitaba cada vez más. Quería gritar pero no podía, las sensaciones subían y bajaban en su cuerpo. A cada succión era una delicia indescriptible, a cada mordisco la locura total. Pablo se retorcía en el asiento agarrándose de los posa manos, cada vez que esa boca subía y bajaba por su miembro, dejando resbalar su saliva hasta su ropa. Así estuvieron unos minutos y como mujer entendida de lo que hacía, se subió a las caderas de Pablo y penetrándose ella misma lo cabalgó como una amazona enloquecida. Él al fin se entregó a los hechos y la tomó por sus ancas obligándola a sentirlo más y más profundo. Ya era ese hombre que una vez había sido y respondió como sólo él sabía hacerlo. Fueron minutos de delirio y deseo. Sus manos eran dirigidas hacia unos senos  hermosos, grandes y firmes, con unos pezones oscuros que apuntaban a matar, mientras ella gemía de placer. Ya la locura no se podía frenar, la hizo suya varias veces antes de llegar a su destino.

No hubo despedidas ni palabras entre ellos al bajarse del tren, cada uno tomó su camino como si nunca hubiese pasado nada pero para Pablo habían sido las horas más exquisitas que jamás había sentido. El Pablo que regresaba a su casa era otro hombre. Cuando llegó y saludó a Matilde, ésta notó algo extraño. Se le quedó viendo sin atinar a saber qué tenía de distinto, se volteó y se dijo, son cosas mías, que va a tener ese viejo, sino más edad y resabios.

Pablo esa noche no comió, se metió en el baño y permaneció allí oliendo su ropa que aún tenía el aroma íntimo de esa muchacha. El sólo olor le hacía recordar lo vivido y su sangre corria más rápido, dándole ganas de estar, nuevamente, dentro de esa hermosa mujer. Se bañó y acostó si decir palabras a su esposa. Esa noche soñó con ese vagón  del tren y que muchas manos lo acariciaban haciendo que se excitara como un niño dejando  así, la huella de su pecado sobre las sábanas.

Ya la vida de Pablo no era la misma. Entendió que a pesar de tener sus años podía hacer feliz a una mujer. Volvió a intentarlo con Matilde y cambió la rutina de buscarla pero fue inútil, ya Matilde, aquella mujer del cual se enamoró había muerto, en su lugar reinaba una mujer seca y amargada. A la semana siguiente empezó a salir tarde del trabajo, con la única esperanza de encontrarse, nuevamente, con aquella linda mujer. Pero fue inútil jamás la volvió a ver. Se convirtió en un fantasma que deambulaba por las noches entre los vagones del tren, con la única esperanza de encontrar a la mujer de los dedos calientes.




Carmen Pacheco
@Erotismo10
8 de octubre del 2017







domingo, 17 de septiembre de 2017

EL TIEMPO…







Sólo el tiempo
Con su infinita sabiduría
Hará que lo encuentre
Vida mía.


Sólo el alma
Reconoce a otra alma
Sólo Dios
Nos pondrá en sintonía.

No importa que pase la cosecha
No importa que no lo haya besado
Mis manos casi vuelan hacia usted
Pero entiendo, que el momento no ha llegado.

Si mi piel se arrugase
Y su cabello se cubriese de nieve
Y no hubiésemos vivido nuestro momento
Tenga presente, que ni el tiempo
En su sabiduría eterna
Podrá hacer que lo olvide, vida mía.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
17 de septiembre de 2017
Autor Foto: Maryna Fatseyeva

domingo, 10 de septiembre de 2017

QUÉ SERÁ...







Será que estaré con esta melancolía por siempre
Será que este terco corazón no le dará paso al luto
Será que ese manantial de amor y deseos, que brota dentro de mí no tiene un hasta aquí.
Por qué en mi silencio retumbas cual campana

Será que mi cuerpo no dejará de percibirte
Será que, a pesar de mis tareas diarias encuentras tiempo para revolcarte en mi mente
Será que eres algo que no terminé en mi vida anterior

Son muchos “Será qué” para mi gusto
Regreso a la cama y continúo rodando por toda ella
Un beso se atraviesa por la almohada
Otro suspiro me encuentra en una esquina

Llevo así varias noches
Lo más cómico del caso es que no te recuerdo
No me molesto en recordarte
Sólo apareces por entre mis candados.
Para mí, que quedaste impregnado en las paredes
Eres como el fantasma de una casa vieja
Apareces de la nada y con tu crujir de huesos
Haces que se me erice todo el cuerpo.

Unos días brinco de alegría
Creo que te exorcicé.
No te siento y vuelvo a sonreír
Pero otros días…
Otros días permaneces como un ancla a la arena
No hay tormenta que te saque de mis adentros.

Será que eres de esos amores que tardan en irse
Será que en este momento, ni siquiera recuerdes mi nombre y esté yo cavilando un sentimiento inútil.

Busco lo que no existe
Espero lo que nunca llegará
Oh! Triste desolación, cómo puedo hacer para callarte
No consigo olvidarte, esa es la triste realidad

Y no es por tu cuerpo o por el sexo
Pienso que cuando logre resolver este enigma
Podré despegarme, completamente, de este sentimiento
No te fuiste, sigues aquí adentro.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
10 de septiembre del 2017

martes, 29 de agosto de 2017

MAY FREE SOUL...



Someone once said to me, "When you feel the joy of being free, you will be happy." How sensible those words were.

We came to this world to learn, which at another time was not fulfilled.

Unfortunately, we are not provided with memories to be able to amend the path outlined above. On the contrary, we are thrown into life with the only hope that we have, half cultivated our hearts and in that way to be able to find the way that we left truncated and incomplete.

Sometimes it is difficult for us to take care of the calls made to us, they can be signs that are placed before our noses and at other times they are sensations that warn us that we should or should not do. Such is our self-centeredness that we believe we are the ones who direct our lives and fall back into the same error as before. If we listened to the intuitions and we were silent a little, surely we would hear beyond what our human ears can translate. We could hear falling from a leaf, the noise made by a child's tear, when it explodes in those sad eyes, or the silent conversation of two lovers in the distance, who without words can be heard. Also the dying of the day and the sound of the dawn. That way we could find the end of the thread of our skein.

Freedom, what it is to be free. Many think that talking about freedom is to do what we want, say what we want, eat what we like, etc. Today I understood that this is not true freedom.

Sitting on the sofa in my house, alone and in silence, I realized that I was free. My mind has reached a level of calm and tranquility. She is silent and perceiving the sound of life.

The movement of the world I know it and many times I am affected situations that occur in it but are not able to scare the serenity and when that happens I turn to me and breathe looking for the peace that I finally got.

¿Easy?  Is not easy. There is still much to go but I have imposed a way of life and I would like to follow it to see how far it takes me.



Carmen Pacheco
Lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10

August 29 2017

MI ALMA LIBRE...



Alguna vez alguien me dijo “Cuando sientas la dicha de ser libre, serás feliz” Cuán sensatas estuvieron esas palabras.

Nosotros llegamos a este mundo a aprender, lo que en otro momento no se cumplió.

Lamentablemente no se nos facilitan recuerdos para poder enmendar el camino trazado anteriormente. Al contrario, se nos lanza a la vida con la única esperanza de que hayamos, medio cultivado nuestros corazones y de esa manera poder encontrar el camino que dejamos truncado e incompleto.

En ocasiones nos cuesta atender los llamados que se nos hace, pueden ser señales, que se nos colocan frente a nuestras narices y en otras ocasiones son sensaciones, que nos advierten qué debemos o no hacer. Es tal nuestro egocentrismo, que creemos ser quienes direccionamos nuestras vidas y volvemos a caer en el mismo error de antes. Si le hiciéramos caso a las intuiciones y nos calláramos un poco, seguro oiríamos más allá de lo que nuestros humanos oídos pueden traducir. Podríamos oír el caer de una hoja, el ruido que hace la lágrima de un niño, cuando explota en esos ojos tristes, o la conversación silenciosa de dos amantes en la distancia, que sin mediar palabras se perciben. También el morir del día y el sonido del amanecer. De esa forma podríamos encontrar el final del hilo de nuestra madeja.

La libertad, qué es ser libre. Muchos pensamos que hablar de libertad es hacer lo que nos venga en ganas, decir lo que se nos antoje, comer lo que nos gusta, etc. Hoy entendí que esa no es la verdadera libertad.

Sentada en el sofá de mi casa, sola y en silencio comprendí que era libre. Mi mente ha alcanzado un nivel de sosiego y tranquilidad. Está callada y percibiendo el sonido de la vida.

El movimiento del mundo lo conozco y muchas veces me aquejan situaciones que en él ocurren pero no son capaces de espantar la serenidad y cuando eso sobreviene me vuelvo hacia mí y respiro buscando la tranquilidad y la paz que al fin conseguí.

¿Fácil? No es fácil. Aún queda mucho trecho que recorrer pero me he impuesto una forma de vida y me gustaría seguirla para ver hasta dónde me lleva.




Carmen Pacheco
@Erotismo10 
29 de agosto 2017

sábado, 19 de agosto de 2017

MIS AMANECERES...









Entre tu café y mis mañanas. 

Entre mis mañanas y tu sonrisa. 

Entre tu sonrisa y mis te quiero. 

Entre mis te quiero y tus besos.

Entre tus besos y mis ganas.


Se ha formado un círculo vicioso.


Todas las mañanas...






Carmen Pacheco
@Erotismo10
19 de agosto de 2017

miércoles, 9 de agosto de 2017

ME PREGUNTAS, QUÉ ES EL AMOR...






El amor es cuando la brisa trae el aroma de su cuerpo, aun estando a distancia.


El amor es sonreír sin ninguna explicación.


 El amor es vaciar la mente de pensamientos intrusos para así dejarlo regodearse por todas sus esquinas, sin que pueda entrar más nada que su esencia.


El amor es dejarlo ser y aceptarlo tal y como es.


El amor es no atar ni atarse.


El amor es seguir viviendo, sin pensar que si no lo ves morirás.


El amor es mantener su mirada por el tiempo que sea y sentir cómo sus almas se encuentran en ese lugar estrictamente de los dos, donde no hay prisa ni discordia.


El amor es sentir en su abrazo, cómo te fundes a su cuerpo de una manera suave y etérea, mientras tus células se agitan en tropel por toda tu piel.


El amor es sentir su lengua suave y diabólica en tu boca y no querer desatar ese nudo mágico que se hace entre sus salivas.


El amor, qué es el amor.


Es el suspiro que corre tras lo que ya no puede ser.




Carmen Pacheco
@Erotismo10
9 de agosto de 2017
Pintura de Oswaldo Hermida
"Te Abrazo"

viernes, 16 de septiembre de 2016

ESA NOCHE FUISTE MÍA...




El suave néctar de tus labios.
La suave piel de tus senos.
Tus gemidos, en esos instantes de delirio
Son los que me hacen suspirar por ti.

Tu elegante movimiento al amarme.
La suave brisa que se desliza por entre tus piernas.
Ese olor excitante, que aflora  cuando te estremeces.
Hace que mi valentía comience a temblar.

No importa en qué momento te vea
No es necesario hacer una cita.
Nuestros cuerpos sabrán el instante.
Y cuando ese día llegue júralo amor mío.
Que no habrá poder en este mundo que te separe de mi.

Te veo desde la alcoba y tu rostro, aún enrojecido por la excitación, semeja al de una virgen cándida pero llena de pasión.

En qué piensas, amada mía.
Por qué tus ojos están entrecerrados.
Como el que quiere atesorar algo que le ha sido otorgado.

Es tanta la pasión que despiertas en mí, que al regresar a mi cama, mi respiración se agita, cual ave que permanece en su vuelo, sin darse tiempo para descansar.

Volteas lentamente y tu bata se abre, con un aire de misterio seguido del andar cadencioso de tus caderas dejando expuestos tus senos, tus exquisitos senos, esos, los que hace unos minutos los tuve en mi boca.

Ese vientre que palpitaba, al sentir mi lengua acariciando tu ombligo.

Son tus piernas que al dar un paso y separarse por breves segundos, me recuerdan que gocé de tus mieles, como lo haría un ave que pica la flor buscando su néctar. Es allí cuando mis ansias crecen.

Te quedas al lado de la cama y lentamente dejas caer ese lazo que cubre tu deliciosa dermis.

Mis ojos desnudan tu piel blanca como porcelana y tú sonríes pícaramente sabiendo lo mucho que me excitas.

Te subes a mis caderas y sin decir palabra alguna.
Comienzas una especie de danza árabe sobre mí.
Realizas movimientos imposibles de aguantar – Subes y bajas, al mismo tiempo giras tu vientre, de una manera que enloquece mis sentidos-

Es más fuerte que yo, aún no he aprendido, soy un tonto, que sin poder remediarlo, mi esencia fluye disparada desbordando la copa que la recibe, en un afán por envolver tus poderosas piernas, que aún sujetan mis caderas y quedo, irremediablemente expuesto a tu sonrisa sarcástica.

Suena el reloj despertándome y me doy cuenta que mis sábanas están húmedas y pienso...

¡Rayos era solo un sueño!

No estás en mi cama pero bien valió la pena
Porque te tuve como yo quería.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
16 de septiembre de 2016