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domingo, 12 de enero de 2020

MUJER ANCESTRAL...







Una Mujer ancestral va y viene con la brisa

Acariciando sus sentidos y despertando mil sonrisas

Un acorde de guitarra llega hasta sus oídos

Alborotando esa Diosa que permanecía dormía.



Carmen Pacheco
12 de enero de 2020

domingo, 21 de abril de 2019

BRINDO MI AMOR AL UNIVERSO...



Hoy vengo a hablarles de un amor que se transmuta, que trasciende, que se une al amor Universal. Es ese amor que cubre al mendigo, al niño de la calle, al enfermo, al olvidado de la sociedad. Un amor para al blanco, para el negro, para el indio, para el enfermo, para el que sufre, para el que odia, para el que maldice. Un amor para el que olvida, para el que acusa, hiere, se aleja de Dios. Para el que no vela por sus padres, para el que agrede a su semejante. Brindo mi amor al niño olvidado, al viejo despreciado. A la mujer indefensa, al trovador sin palabras, al músico sin melodía.

Cómo hacer para convertir un amor terrenal por uno que abarque al mundo, mejor aún, al Universo entero.

Ofrezco el Prana que me da vida, para que junto a la respiración se convierta en amor puro y sincero. Sólo así, entendería dejar de amar a ese ser. Esperando que este sentimiento no haya sido en vano. Es como donar parte de mi alma para la felicidad del mundo. Posiblemente no alcance para tantos pero un granito de arena puede formar montañas.

Como dijo Fito Páez:
“¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río,
Yo vengo a ofrecer mi corazón”

Él y ella lograron traspasar la barrera del infinito, ya sus cuerpos no son lo importante, es el sentimiento que prevaleció y se transformó en algo sublime, más allá de todo entendimiento terrenal. Es el mar devolviendo a la tierra, las lágrimas y los sueños, que alguna vez fueron derramados en honor al amor y así, junto al Creador, conformar un nuevo ser

Es por eso, que hoy lanzo al viento, uno de los más hermosos sentimientos, el Amor, que en estos días, en que el mundo corre una suerte de odios, perdiéndose así la calidez de un beso, la fuerza de un abrazo y la dulzura de un te quiero, quizás aplaque los demonios desatados.

Es mejor que cubra la tierra haciendo brotar Nardos y Azucenas y que con ese aroma los hombres recuerden el verdadero sentimiento que nos hacía despertar con ganas de vivir…EL AMOR.

Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
21 de abril del 2019

viernes, 1 de marzo de 2019

LA MUJER ESQUELETO SE ENAMORA...




Ella, cual alma en pena, aparece por entre las rendijas de sus ventanas, por debajo de los ramales polvorientos, por entre  los salientes de su tristeza y por las losas de su alma. Aunque tiene una sonrisa desolada, sus ojos dejan entrever la picardía de entonces.

Por entre sus huesos  corre la brisa del otoño, el inicio del invierno y aquella hermosa primavera que la hizo ser merecedora de los mejores elogios por su increíble belleza, por la que muchos se postraron ante ella, tan solo por una mirada de esos ojos color esmeralda.

Llegan, a lo lejos, revoloteando con el viento, unas notas musicales, que consiguen sacarle una mueca, como la de la Mona Liza, algo enigmática. Nadie la conoce, todos creen saber lo que siente, hasta llegan a emitir comentarios grotesco de su manera de ser.  Esa melodía, también trajo un dejo de tristeza haciendo que de repente resbalaran, por las cuencas de sus ojos, un par de lágrimas, que al desplomarse en el suelo se convirtieron en diamantes preciosos.

Sus huesos arden todas las noches a la espera de una caricia  o un te quiero. Se le puede observar caminando por entre el follaje verde de la montaña, alumbrando con el brillo de sus huesos el nacimiento de otro atardecer. Muy de vez en cuando se oye un grito desesperado en la oscuridad de la colina, siendo acompañado otro sonido crudo que hace el agua cuando cae cerca del hogar, donde pasa sus días sola. Los seres mitológicos, que allí habitan piensan que ha decidido terminar con su pesar pero es sólo el grito de un ser que trata de percibir la vibración de aquel, que un día la llenó de ilusión y esperanzas.

Era un domingo cálido, de esos que invitan a hacer el amor entre el sudor y la brisa. La mujer esqueleto sumergió sus huesos en el manantial cristalino esperando sacar las cenizas de aquel fuego que algún día quemó sus entrañas y así reducir  sus ganas de sentirse amada.

Esa noche, fortuitamente pasaba un caminante por esos lugares cuando vio una luz que atravesaba los confines del territorio. Se acercó y observó a la mujer más hermosa que jamás hubiese podido imaginar. La visión era alucinante. Su piel era morena y sedosa. El agua que le escurría desde su larga melena hacia su vientre, parecían gotas de cristal pues brillaban en todo el contorno de sus pechos  erguidos y sublimemente torneados. El caminante no se movió, y mucho menos se atrevió a respirar mientras observaba cómo esa alucinación  salía de las aguas dejando ver un pubis adornado de gotitas brillantes dando la impresión que era una gema preciosa. La mujer esqueleto mientras salía de las aguas sintió que un calor avasallante la invadía con un fuerte dolor en los huesos. No podía explicarse qué le pasaba, puede ser que la noche esté más fría hoy –pensó-. Pero de pronto observó a un hombre, que escondido por  entre los matorrales la espiaba muy quietamente. Se fue acercando a él y cuando lo tuvo cerca se le quedó mirando. Sus huesos comenzaron a temblar haciendo un ruido extraño era algo  que jamás había sentido la mujer esqueleto. El hombre no podía dejar de ver a semejante mujer que desnuda y sin ninguna clase de pudor, se acercó hacia él.

Sus cuerpos se juntaron lentamente, como dos locas babosas de un riachuelo. La mujer esqueleto lo sintió cálido y seguro permitiendo que se adentrara entre sus huesos. Él le acarició el rostro muy suavemente, mientras la mujer esqueleto lloraba dejando salir de sus vacías cuencas, perlas que iban a parar al suelo haciendo que florecieran flores hermosas en el lugar. Él se introdujo por entre su pelvis desnuda encontrando la calidez del fuego que había estado encendido esperando el momento para arropar al elegido de su corazón, ese el que le hiciera sentir el amor más profundo. Ya no hubo fuerza humana que pudiera separarlos. Y comenzaron a comerse a besos.  

La Mujer le mostraba los dientes blancos cual perlas. El disfrutaba acariciando sus senos voluptuosos y firmes. Lo que más quería era tomarlos entre sus manos y llevárselos a la boca, como el recién nacido que busca, desesperado, el alimento para su existencia. Los besaba  en el frenesí de un loco obsesionado. Sus manos bajaron a sus caderas encontrando esa hendidura maravillosa que lo llevaría a la gloria. Su pelvis hizo un ruido extraño mientras él le separaba el fémur con la intensión de anidarse en ese vacío que se producía. El sólo sentir, el roce de sus huesos con los suyos, hizo que explotara una chispa de energía que la invadió mientras se acercaba dejando preso a ese amor deseado. El rato que pasaron fue largo y extraño. Jamás mujer alguna le había hecho sentir tanto amor. Se entregó a ella sin importarle nada. Era la mujer que había esperado por siglos. Abrazándola la tumbó al suelo y en esa caricia de amor quedaron unidos para siempre. La mujer esqueleto resurgió de sus miserias para convertirse en un ser de la nada, amante y segura de que sus huesos serían acariciados y amados por largo tiempo.

Y así quedaron, enrocados eterna y húmedamente. A menos de un suspiro de tibio abrazo y de besos mustios…  


Carmen Pacheco
@Etrotismo10
Jueves 01 marzo 2019

domingo, 2 de diciembre de 2018

CÓMO DUELE LA AUSENCIA DE TUS BESOS...



Te encuentro bajo mis sábanas
Te percibo entre mis anhelos
Te mueves por dentro de mis querencias
Me estremezco  aún sin verte

Nadie sabe lo que siente
Todos lloran por un amor perdido
Sin darse cuenta que lo tuvieron en sus manos
Y que se les diluyó por entre sus miedos

Aquí estoy deshilvanando mis sueños
Cual gata que se enreda en la madeja
Trato de lanzarte al río
Pero te aferras y no te quejas

Mi vientre te ha sentido bailando una rumba flamenca
Tus castañuelas las he oído entre mis piernas
Toda tu música ha sido perfecta
Sólo que tú no te has dado cuenta.

Hoy visto de piel mi vida
De esa manera tus manos podrán irrumpir por cualquier rendija
Nada podrá oponerse a esta sensación
La vida fluye cual niño en pleno alumbramiento

Me siento a meditar y es tu aroma el que me seduce
Coloco mi mente en la nada y tus ojos resplandecen como estrellas
Retiro mis pensamientos y tu sonrisa envuelve mi alma

Sigo en el mismo resplandor de tu boca
Que si esto es pecado no me importa
Sólo quiero verme en ese tu ser que me disloca.




Carmen Pacheco
@Erotismo10
01 de diciembre de 2018


miércoles, 29 de agosto de 2018

YOU ARE MY ATTACHMENT...




Woman with round hips
Woman with well-shaped legs
How not to have you of attachment
If when you open them, I lose myself.

Woman with fire belly
Woman with juicy lips
How I'm not going to love you
If I die for that intimate embrace.

Magical waist woman
Woman that you move like zarandillo
How I will not want to attach to your body
If you raise my soul when I feel you

Generous breasts woman
With those you had to feeds her baby some time ago
How I will not enjoy them
If I just drink from them, I feel like I renew myself

Woman with a great mouth
Pearl tooth woman
Woman biting when excited
How can I not eat them if you take me to glory with them?

Woman with brown eyes
Woman with flirty eyelashes
Woman you naked me while looking
How I not kiss them if reflect to me on them?

Oh woman of my attachments
Oh woman of my loves
How I'm not going to wish you
If you are life itself coupled with my mistakes...


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10
August 29, 2018

ERES MI APEGO...





Mujer de caderas redondas
Mujer de piernas torneadas
Cómo no tenerte apego
Si cuando las abres me pierdo.

Mujer de vientre de fuego
Mujer de labios jugosos
Cómo no voy a quererte
Si muero por ese abrazo íntimo.

Mujer de mágica cintura
Mujer que te mueves cual zarandillo
Cómo no voy a querer asirte a mi cuerpo
Si me elevas el alma cuando te siento

Mujer de senos generosos
Con los que diste de mamar hace algún tiempo
Cómo no voy a disfrutarlos
Si solo beber de ellos, siento que me renuevo.

Mujer de boca grandiosa
Mujer de dientes de perla
Mujer que muerde cuando está excitada
Cómo no voy a comérmelos si con ellos me llevas a la gloria

Mujer de ojos marrones
Mujer de pestañas coquetas
Mujer que desnudas al mirar
Cómo no voy a besarlos si en ellos me reflejo.

Oh mujer de mis apegos
Oh mujer de mis amores
Cómo no voy a desearte
Si eres la vida misma aunada a mis errores…




Carmen Pacheco
@Erotismo10

29 de agosto de 2018

domingo, 5 de agosto de 2018

QUÉ TONTA FUI…



Hoy estuviste muy cerca
Hoy fue la oportunidad de mi vida
Hoy tu aliento rozó mis pestañas
Hoy tus ojos prometieron amarme

La brisa trajo de regreso tu aroma
El cual conjugaba con el olor de las flores
Sin embargo no se confundían uno con el otro
Porque tú esencia olía a hombre enamorado.

Nuestros ojos se abrazaron
Las manos, cual mariposas aletearon al ritmo de la poesía
Ambos llevábamos la misma música por dentro
Acompañados de horas de silencio.

Prometí no emocionarme
Prometí ser recatada
Prometí mantener nuestros espacios
Prometí que no me verías enamorada.

Pero fue imposible, juro que me lo propuse
Mis ojos desobedecieron esa orden
Mi mente te saboreó como si fueras una tarta exquisita
Hasta que tu alma se colgó a la mía y compartimos los cabellos de un ángel.

Sólo prometo respetar tu decisión
Mantener mi cuerpo varios metros de distancia
Pero por favor no me pidas que no te haga mío
Cada vez que nuestras almas se encuentran.

Fui lenta, llegué a mi casa y me lo recriminé
Debí haberte tomado por el rostro y estampado este beso que muero por darte.
Oh! Mujer y que valiente, cómo pudiste perder esa oportunidad de sentir ese colibrí aletear sobre tu lengua.

Aunque no me vieras más, bien valía la pena
Rozar con la punta de mi lengua la tuya alborotada
Y sentir esa explosión de éxtasis por todo mi cuerpo
¿Que no sabría más de ti? eso qué importa, si eras mío una vez más.

Ese último beso que me diste, lo atesoré entre mis manos
Para luego guardarlo dentro del frasco de mi perfume
Y  así, todos los días, con cada gota de él,  sentir tus labios que saben a miel.







Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
5 de agosto del 2018



miércoles, 25 de julio de 2018

ORGASMOS BAJO LA LLUVIA...




Era uno de esos días en que parecía que el cielo se caería. Había estado lloviendo a cántaros desde la noche anterior. Karla tenía que salir de madrugada para la entrevista de trabajo que, al fin, habían aceptado hacerle en esa empresa internacional, que tanto había esperando. No sabía cómo saldría de su casa, el meteorólogo informaba que seguiría lloviendo por veinticuatro horas más. No había podido dormir en toda la noche. Se había quedado organizando los documentos que llevaría a la entrevista. No quería que le faltaran detalles, que seguro pedirían.

Era la oportunidad de su vida. Había esperado por este empleo dos años. Se preparó como el que va para unas olimpíadas. No escatimó en seminarios, talleres, hasta aprendió el inglés comercial. Ya ella hablaba, fluidamente, ese idioma pero era necesario adentrarse en el tecnicismo que requería su futuro empleo.

Ya iban a dar las dos de la mañana y la lluvia no pensaba detenerse. Sentada con una taza de café en la mano pensaba en que no tendría su carro para el día siguiente. El muy condenado se le antojó reventársele la manguera del aire acondicionado o sería el sello, pensó. En fin fuera lo que fuera, la obligaba a irse en taxi. Ya había contactado a una línea, que no estaba tan lejos de su casa y habían quedado en mandarle un carro a las ocho de la mañana. Su cita sería a las once, así que le daría tiempo a desayunar y por la lluvia, podría ir poco a poco y llegar a buena hora.

Karla tenía un compañero, era un gato al que llamaba Bigotes. Lo había encontrado en una alcantarilla a punto de ahogarse, en un día como hoy, en que las nubes están ansiosas de descargar todo lo que llevan por dentro, sobre la faz de la tierra. Lo llamó así porque era tan pequeño, que lo único que sobresalía en él eran sus largos bigotes.

Bigotes se refugió en su regazo buscando calor y encendiendo su motor interno vibraba y ronroneaba dándole calor a sus piernas. Eso hizo que Karla se tranquilizara y dejara de pensar en cómo haría para llegar a la cita. Mientras le acariciaba el pelaje a Bigotes, alargó su brazo y colocó música relajante, que la llevó a tener un momento de tranquilidad interna.

Al fin decidió irse a la cama para ver si podía mecerse sobre la hamaca de la Luna y dormir un poco antes de que sonara el despertador.

A las seis sonó la alarma despertando a Karla de un solo salto que casi se cae de la cama. Se levantó, con sueño aún y fue a preparar café mientras se duchaba. Ya todo lo tenía listo. Se comió un sándwich con otra taza de café y se dispuso a esperar el taxi. Aún llovía y la temperatura había bajado bastante. Se apresuró a guardar una chaqueta por si aumentaba el frío.

El taxi llegó a las ocho en punto. El taxista se bajó con un paraguas enorme y ayudó a Karla a subir el maletín al carro, donde llevaba todas sus ideas que expondría a los entrevistadores ese día. Ya sentada en la parte de atrás, el conductor le da los buenos días y disponiéndose a poner el carro en movimiento, Karla le dice: -un momento, me parece conocida esa voz. ¿Acaso no es usted Francisco?- Al instante el hombre se voltea y sacándose el impermeable de la cabeza, se le queda viendo y le dice: -¿Acaso no eres Karla, mi Karlita? Y ambos asombrados por la casualidad se echaron a reír saludándose mutuamente. Mujer –le dice Francisco- pásate hacia adelante para que hablemos y así saber qué ha sido de ti en todos estos años. Karla sale rápido del carro con un periódico en la mano, tratando de taparse de la lluvia que caía a porrazos y se instala en la parte de adelante y riendo cierra la puerta.

Deja que te vea mejor y hace que voltee hacia él. Pero si estás más hermosa que nunca. Y tú estás igualito – le contesta ella. No quiso decirlo pero le pareció que seguía igual de buenmozo e interesante, ahora más por unas canitas que se asomaban sobre sus cienes.

En el camino se desparramó un aguacero de espanto y brinco. Venía con centellas y truenos. Había que guarecerse en algún lugar. Las calles se inundaban y tenían que salir del centro de la ciudad. Francisco poseía una casa en la parte más alta de la localidad y fue allí donde fueron a parar.

Ya Karla conocía el lugar. Le traía recuerdos de momentos muy gratos con Francisco.

Pensé que habías vendido la propiedad - le dijo. Para nada –le contesta Francisco. Esta casa fue de mis padres y hay muchos recuerdos de mi niñez. Además tengo otros recuerdos de una época de mi vida en que fui feliz y no lo sabía. Karla baja el rostro y hace como si no hubiese oído lo que dijo.

Aquí tengo comida y bebida por si esta lluvia se extiende, así que no te preocupes. Espero que no llueva más - le dice ella. Tengo una entrevista a las once de la mañana para el trabajo de mis sueños, tú sabes, el que siempre he esperado.

Me parece maravilloso pero si continúa este diluvio no creo que puedas llegar. Es más no creo que ellos puedan llegar a la cita porque esto está pasando en toda la ciudad. Vamos a tomarnos una buena taza de café y allí veremos que nos tiene deparado el clima hoy. Diciendo esto se fue a la cocina. Mientras movía los trastos buscando para hacer el café Karla lo ve moverse de un lado al otro y recordaba esos momentos en que pasaban días enteros en ese lugar, días de completa entrega. Francisco la atrapó mirándolo y sus ojos se abrazaron de recuerdos y ansias. Ella volteó la cara y disimuló estar observando cómo se formaba una piscina de agua en el patio de al lado.

Con todo preparado, se acercó ofreciéndole una taza que traía ese olor a café  recién colado. Allí se sentaron a hablar y a ponerse al día con sus vidas. Rieron y volvieron a tomar café varias veces, ambos eran amantes del café.

Llegó el medio día y la lluvia no amainaba, al contrario, el cielo se había tornado oscuro completamente y a lo lejos se apreciaban los centellazos que alumbraban el lugar, dando la impresión de un torneo con sables eléctricos, donde dos samuráis se baten en un duelo a muerte por el amor de una dama.

Bueno, dijo Francisco, dado que ni tú ni yo iremos a trabajar o alguna otra parte hoy, declaro abierto el bar y el restaurant porque hay hambre, ¿te parece?  Karla, riéndose, acepta el decreto y Francisco dice –habiendo quorum en lo solicitado y estando todos de acuerdo, se abre el bar y saca una botella de vino, del que sabe que a ella le gusta.

No salieron de la cocina era allí donde estaba la vida, donde se manejaba un calorcito especial, según decía Francisco. Le preparó un arroz a la marinera con ensalada que no tuvo más remedio que aplaudir tan maravillosa comida. Luego vino un Cointreau para hacer la digestión y siguieron con vino. Total el día no pintaba para otra cosa que para hablar y disfrutar de la compañía.

¿Te acuerdas Karla cuando veníamos en esos días de lluvia a esta casa? Fueron momentos muy agradables. Karla no quería entrar en esa conversación porque aún dolía el haberse separado. Francisco notó la incomodidad de Karla y levantando la copa brindó por el reencuentro. Así siguió una copa tras otra hasta que ya bailaban y cantaban. La cercanía se había hecho necesaria y los cuerpos ya se rosaban. En una de esas, Francisco la atrajo para que bailaran aquella melodía que siempre les había gustado en aquellos tiempos. Cuando pasó la mano por su cintura, las llamas del infierno se quedaron heladas del calor que despedían ambos cuerpos. Estaban uno frente al otro y sus alientos calentaban los labios del otro.

La casa tenía una planta superior y para acceder a ella había que subir por una escalera que quedaba del lado de afuera. En ese momento con el aguacero que se había desgajado sobre el lugar, caía cual cascada en plena selva. Fue allí que la llevó cuando al fin pudo capturar su boca con un beso profundo y ahogado en el te quiero, en el me muero por tenerte. Bajo los chorros de agua, se fueron sacando la vestimenta. A medida que eso pasaba sus manos acariciaban el cuerpo del otro. El agua les caía como un remanso de frescor para el calor que bullía de sus cuerpos. Sólo que no era suficiente para apagar esa hoguera que había permanecido encendida por mucho tiempo.

Karla lo atrae hacia su desnudez y coloca su rostro en sus gentiles senos, que con el frío del agua permanecían en una erección sublime. Él los besaba con tanta furia que dolía. Ella abierta a recibir la caricia tan esperada, lo fue bajando hasta dejarlo frente a esos labios ardientes que soñaban con un beso profundo y húmedo.

Francisco ya en la locura extrema la levantó por la cintura y la puso más arriba, donde estaba el descanso de la escalera y fue allí que la hizo suya, con una dulzura loca. Con su cuerpo le tapaba el borbotón de agua que le caía en el rostro. Alzó sus caderas y es cuando en un grito de éxtasis la penetra sintiendo el temblor de las carnes de Karla. Allí estuvieron un buen tiempo, ni el agua, ni el frío evitó que se amaran, como sólo ellos sabían.

De la tempestad llegó la calma y acurrucados uno junto al otro descansan de tanto anhelo, de tanta necesidad de tenerse. ¿Por qué se habían separada? ya eso no importaba. El destino los volvía a unir y muy dentro de ellos sabían que no podían permitirse el error de volverse a distanciar. Eran el uno para el otro. En eso pensaba Francisco cuando se volteó y vio el cuerpo desnudo de la mujer que siempre amó. La fiebre volvió a enajenarlo y las ganas renacieron como la flor que duerme en la noche y florece en el día. La fue despertando con caricias y besos. Al abrir los ojos Karla, se vio en la profundidad que había en los de Francisco y se volteó para amarlo nuevamente, intensamente en una sola respiración en un entrar y salir de su alma. Haciendo que no sólo ellos se adoraran, sino que en sus nuevos recuerdos pudieran alejar cualquier sentimiento negativo que hubiesen tenido ambos.

El alba apareció por la rendija de la ventana y los encontró en un solo abrazo. Karla se despierta cuando siente que su amado está listo para volver a hacerla sentir cómo se llega al cielo con un beso de los suyos.





Carmen Pacheco
@Erotismo10

25 de julio de 2018

martes, 19 de junio de 2018

EL DÍA AMANECIÓ HÚMEDO Y CALIENTE…





El barrio tranquilo amaneció
Los gatos se esconden para hacer el amor
El perro que vigiló busca dónde tirar sus huesos.
Cae la lluvia como polvo alucinógeno.


La brisa fría se cuela por mis cuencas
Me arrimo a su cuerpo y lo despierto
Su fuego se enciende como antorcha sedienta
Se voltea y me abrazo con sus piernas.


Comienzo a danzar sobre sus caderas
Respira agitado y me besa desesperado
Su boca baja cual gota en el espejo
Porosa y ansiosa de mí verso.


Ya su lengua juguetea cual gato indiscreto
Es la guerra campal del gato y el ratón
Sólo que este ratón se pliega
Y sumiso se entrega.


Se vuelve y me aprisiona con su peso
No importa si no respiro, total para qué sirve eso
Si la gracia y el ardor caminan cual errante por todo mi cuerpo
Jadeando arremete, cuando me ve rendida y entregada.


Se viene una vez, se viene dos veces
Es la magia de mi fuego que lo quema con ansias
Parece un loco, con los ojos desorbitados
Eso me encanta porque me siento deseada.


A lo lejos se oyen los gritos de  un imprudente desesperado
La mujer se le va y él no lo soporta
Le grita: Puta, Zorra, Cualquiera
Esas palabras me excitan y vuelvo por más.


Hoy amaneció oscuro, como quien silba entre nubes
Hoy el clima y yo nos hemos confabulado
Hoy él no saldrá 
Hoy gozará de mis confines húmedos y llameantes.







Carmen Pacheco
@Erotismo10
19 de junio de 2018


sábado, 3 de marzo de 2018

EN CAÍDA LIBRE...





Lo único que recuerdo son sus piernas entrelazadas en mi cadera, mientras caíamos vertiginosamente al mar. El viento trataba de desnudarla sacudiendo su blusa de seda y dejando a la vista esos hermosos senos que me habían traído loco desde que la vi en aquella famosa reunión.

Se aferraba a mis pantalones, como si en eso le fuera la vida y a decir verdad, le iba la vida. Lloraba sin consuelo porque estaba muy asustada. Yo sólo la veía ceñida a mi cuerpo y pensé: Este sería un magnífico momento para  poseerla. Está indefensa y no quiere separarse de mí, al contrario, se pega tanto que me encantaría sentir sus caricias donde justo tiene su boca en este momento. Dirán que estoy loco pero es que  esa mujer me traía chiflado y en lo único en que pensaba era en poseerla y hacerla, completamente mía pero para que ustedes vean, estábamos tan cerca y tan lejos a la vez.

Una Semana Atrás con unos amigos….
Jorge ¿qué te parece si nos vamos esta noche al club y conocemos mujeres, de esas que andan buscando compañía?

Jorge era yo. Les contesté que esa noche tenía que reunirme con unos amigos de mi padre en la casa, esas reuniones aburridas, donde sólo se habla de negocios y de cómo sacar del camino al que nos hace la competencia, porque mi padre no es muy limpio, en lo que se llama negocios.

Ya la velada estaba en su apogeo cuando llegué a mi casa. Como se acaban de dar cuenta, aún vivo con mis padres pero eso será por corto tiempo, no se preocupen.

Entré por la puerta trasera, para no encontrarme con la visita, tomando un atajo para subir a la habitación y así darme un buen baño y vestirme para la ocasión. Desde lejos se oían las risas y el choque de copas, que me hacía pensar que todo iba viento en popa.

Al rato bajé para reunirme con los invitados. Siempre fui un perfecto Anfitrión, modestia aparte. Lo llevaba en la sangre. Mis padres acostumbraban hacer fiestas lujosas y pude aprender de ellos un lema “Que si atendías bien a tu invitado, lograbas de él lo que quisieras”

-Jorge- Me saludó mi madre. Al fin has llegado. Todos aquí han estado preguntando por ti. Fui y le di un beso en la mejilla y comencé a saludar a nuestros invitados. Un mesonero se acercaba del lado izquierdo con una copa de champan y aproveché para hacer un brindis de bienvenida.

No había probado bocado en todo el día y me valí del momento para deslizarme hacia la mesa de los entremeses. Allí estaba una chica algo extraña y digo extraña porque no parecía ser el tipo de mujer que visita nuestra casa. Robándome un croissant me fui acercando a ella y al tenerla frente a mí, noté que era muy hermosa. Traté de hacer un encuentro muy casual pero no me salió bien la jugada. Ella ya me había visto llegar y antes de que le dijera algo se presentó, mientras extendía su mano frente a mí.

-Hola, mi nombre es Jésica Carrusco. ¡Hermosa reunión!

Me dejó desarmado en el momento pero reaccioné lo más rápido que pude.

-Hola soy Jorge. Gracias, siempre tratamos que nuestros invitados se sientan muy bien, dejando ver mi mejor sonrisa.

Hubo un instante donde alguien destapó una botella y sonó por toda la habitación y ella volteó para ver lo que pasaba. Allí aproveché para escanearla de pies a cabeza. Llevaba un vestido ceñido a su cadera de color turquesa dejando ver solamente sus tobillos, que me dieron la idea que hacía deporte. Cuando volteó y quedamos de frente, lo que cubría de sus caderas hacia abajo, lo dejaba bastante descubierto, de la cintura hacia arriba.

Yo parecía un perro babeando, con lengua afuera y todo. La parte de arriba del traje tenía un leve escote que mostraba a esas niñas traviesas, que parecían estar bien alimentaditas. Su espalda estaba cubierta por una piel morena, sólo una cadena delgada y con un pequeño dije en la punta, que servía como un peso, acariciando así hasta lo más bajo del escote. Lamentablemente la joven se dio cuenta de mi estupidez y con ojos pícaros me deleitó con una sonrisa.

Salí del trance en que había caído y sintiéndome el más tonto de la fiesta, tartamudeé tratando de llevar la conversación hacia algún tema interesante. Sin embargo no pude escapar de la carcajada que me dedicó Jésica al ver mi atoro en la situación.

Ese día no me importaban los demás invitados y mucho menos los negocios. Esa mujer había quedado prendada en mis ojos y en toda la noche, no hice más que buscarla por todo el lugar. Intercambiando miradas cómplices y provocativas.

A altas horas de la noche, mi padre se dio cuenta que se estaba terminando la bebida y le interesaba mantener el ánimo de sus invitados para poder cerrar un negocio que traía entre manos.  Me hizo señas, mostrándome una botella y le entendí inmediatamente. Bajé al sótano, donde se había construido una pequeña bodega de vinos. Ya abajo noté que no estaba solo y al voltear, me conseguí con una Jésica provocadora, con un vino en una mano y dos copas en la otra. Por supuesto que se me olvidó de inmediato a lo que iba y acercándome donde se encontraba, le dije:

-Tenía tiempo que no probaba una botella de vino en la bodega de mi casa. Ella se movió cual gata, dejando ver el vaivén de sus caderas atrapadas en la tela del traje. No quise perderme ese instante y desistí de avanzar para que ella siguiera acercándose. Era un sueño. Sus pechos libres como aves nocturnas se movían, con la cadencia que da una ola, en la llegada del mar a la playa. Le quité la botella y serví el exquisito vino, entregándole la copa cerquita de su boca. No dejaba de verme en todo momento y sentí su mensaje que llegó rápido como una bofetada en plena madrugada.

La subí a una mesa, mientras la bañaba de enloquecidos besos y mis manos iban descubriendo lo que debajo de su vestido no había. Fue una locura el saberla ligera con su piel desnuda y caliente. Su boca dejaba, en la mía, un elixir de miel que jamás había probado. Era como una droga que te incita a querer más y más de su saliva. La monté en esa mesa, mientras se retorcía de placer y gemidos. Mis manos recorrieron toda su piel ardiente y pude abrigarla con mi cuerpo en cada centímetro de ella.

A lo lejos llegó el sonido de mi nombre, era mi padre que pedía su vino. Nos separamos lentamente, mientras nuestros ojos no dejaban de observarse. No pude dejar de disfrutar cómo se colocaba la tela que medio la cubría. Sus piernas volvieron a quedar bajo el vestido pero sus pechos parecían dos caballos galopando desenfrenadamente por la ardua excitación en que habían estado. Haciendo que mí ser se volviera a despertar, con más ganas de saborearla.

Dando media vuelta y olvidando las copas y la botella subió cual reina triunfadora, luego de haberle dado un jaque mate al Rey. Dentro de mí reí satisfecho de haber sido el Rey que perdió en ese encuentro. Aunque si lo ven bien aquí sólo hubo ganancia.

Días después la conseguí en el aeropuerto haciendo el mismo curso de paracaidismo que yo y volvió a acercase a mí sin dejar espacio de oxígeno para más nadie. Temblé cuando mi cuerpo la rozó.  No sabía cuánto la extrañaba hasta ese momento. Volvió la Dama a tomar las riendas del juego y este Rey estaba feliz de ser, el supuesto perdedor de otra faena más de sexo y amor.

En ese momento en que caíamos, definitivamente había decidido no separarme jamás de esa mujer que, hasta en situaciones extremas, quería bajarme el pantalón.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
03 de marzo de 2018