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viernes, 1 de marzo de 2019

LA MUJER ESQUELETO SE ENAMORA...




Ella, cual alma en pena, aparece por entre las rendijas de sus ventanas, por debajo de los ramales polvorientos, por entre  los salientes de su tristeza y por las losas de su alma. Aunque tiene una sonrisa desolada, sus ojos dejan entrever la picardía de entonces.

Por entre sus huesos  corre la brisa del otoño, el inicio del invierno y aquella hermosa primavera que la hizo ser merecedora de los mejores elogios por su increíble belleza, por la que muchos se postraron ante ella, tan solo por una mirada de esos ojos color esmeralda.

Llegan, a lo lejos, revoloteando con el viento, unas notas musicales, que consiguen sacarle una mueca, como la de la Mona Liza, algo enigmática. Nadie la conoce, todos creen saber lo que siente, hasta llegan a emitir comentarios grotesco de su manera de ser.  Esa melodía, también trajo un dejo de tristeza haciendo que de repente resbalaran, por las cuencas de sus ojos, un par de lágrimas, que al desplomarse en el suelo se convirtieron en diamantes preciosos.

Sus huesos arden todas las noches a la espera de una caricia  o un te quiero. Se le puede observar caminando por entre el follaje verde de la montaña, alumbrando con el brillo de sus huesos el nacimiento de otro atardecer. Muy de vez en cuando se oye un grito desesperado en la oscuridad de la colina, siendo acompañado otro sonido crudo que hace el agua cuando cae cerca del hogar, donde pasa sus días sola. Los seres mitológicos, que allí habitan piensan que ha decidido terminar con su pesar pero es sólo el grito de un ser que trata de percibir la vibración de aquel, que un día la llenó de ilusión y esperanzas.

Era un domingo cálido, de esos que invitan a hacer el amor entre el sudor y la brisa. La mujer esqueleto sumergió sus huesos en el manantial cristalino esperando sacar las cenizas de aquel fuego que algún día quemó sus entrañas y así reducir  sus ganas de sentirse amada.

Esa noche, fortuitamente pasaba un caminante por esos lugares cuando vio una luz que atravesaba los confines del territorio. Se acercó y observó a la mujer más hermosa que jamás hubiese podido imaginar. La visión era alucinante. Su piel era morena y sedosa. El agua que le escurría desde su larga melena hacia su vientre, parecían gotas de cristal pues brillaban en todo el contorno de sus pechos  erguidos y sublimemente torneados. El caminante no se movió, y mucho menos se atrevió a respirar mientras observaba cómo esa alucinación  salía de las aguas dejando ver un pubis adornado de gotitas brillantes dando la impresión que era una gema preciosa. La mujer esqueleto mientras salía de las aguas sintió que un calor avasallante la invadía con un fuerte dolor en los huesos. No podía explicarse qué le pasaba, puede ser que la noche esté más fría hoy –pensó-. Pero de pronto observó a un hombre, que escondido por  entre los matorrales la espiaba muy quietamente. Se fue acercando a él y cuando lo tuvo cerca se le quedó mirando. Sus huesos comenzaron a temblar haciendo un ruido extraño era algo  que jamás había sentido la mujer esqueleto. El hombre no podía dejar de ver a semejante mujer que desnuda y sin ninguna clase de pudor, se acercó hacia él.

Sus cuerpos se juntaron lentamente, como dos locas babosas de un riachuelo. La mujer esqueleto lo sintió cálido y seguro permitiendo que se adentrara entre sus huesos. Él le acarició el rostro muy suavemente, mientras la mujer esqueleto lloraba dejando salir de sus vacías cuencas, perlas que iban a parar al suelo haciendo que florecieran flores hermosas en el lugar. Él se introdujo por entre su pelvis desnuda encontrando la calidez del fuego que había estado encendido esperando el momento para arropar al elegido de su corazón, ese el que le hiciera sentir el amor más profundo. Ya no hubo fuerza humana que pudiera separarlos. Y comenzaron a comerse a besos.  

La Mujer le mostraba los dientes blancos cual perlas. El disfrutaba acariciando sus senos voluptuosos y firmes. Lo que más quería era tomarlos entre sus manos y llevárselos a la boca, como el recién nacido que busca, desesperado, el alimento para su existencia. Los besaba  en el frenesí de un loco obsesionado. Sus manos bajaron a sus caderas encontrando esa hendidura maravillosa que lo llevaría a la gloria. Su pelvis hizo un ruido extraño mientras él le separaba el fémur con la intensión de anidarse en ese vacío que se producía. El sólo sentir, el roce de sus huesos con los suyos, hizo que explotara una chispa de energía que la invadió mientras se acercaba dejando preso a ese amor deseado. El rato que pasaron fue largo y extraño. Jamás mujer alguna le había hecho sentir tanto amor. Se entregó a ella sin importarle nada. Era la mujer que había esperado por siglos. Abrazándola la tumbó al suelo y en esa caricia de amor quedaron unidos para siempre. La mujer esqueleto resurgió de sus miserias para convertirse en un ser de la nada, amante y segura de que sus huesos serían acariciados y amados por largo tiempo.

Y así quedaron, enrocados eterna y húmedamente. A menos de un suspiro de tibio abrazo y de besos mustios…  


Carmen Pacheco
@Etrotismo10
Jueves 01 marzo 2019

miércoles, 25 de julio de 2018

ORGASMOS BAJO LA LLUVIA...




Era uno de esos días en que parecía que el cielo se caería. Había estado lloviendo a cántaros desde la noche anterior. Karla tenía que salir de madrugada para la entrevista de trabajo que, al fin, habían aceptado hacerle en esa empresa internacional, que tanto había esperando. No sabía cómo saldría de su casa, el meteorólogo informaba que seguiría lloviendo por veinticuatro horas más. No había podido dormir en toda la noche. Se había quedado organizando los documentos que llevaría a la entrevista. No quería que le faltaran detalles, que seguro pedirían.

Era la oportunidad de su vida. Había esperado por este empleo dos años. Se preparó como el que va para unas olimpíadas. No escatimó en seminarios, talleres, hasta aprendió el inglés comercial. Ya ella hablaba, fluidamente, ese idioma pero era necesario adentrarse en el tecnicismo que requería su futuro empleo.

Ya iban a dar las dos de la mañana y la lluvia no pensaba detenerse. Sentada con una taza de café en la mano pensaba en que no tendría su carro para el día siguiente. El muy condenado se le antojó reventársele la manguera del aire acondicionado o sería el sello, pensó. En fin fuera lo que fuera, la obligaba a irse en taxi. Ya había contactado a una línea, que no estaba tan lejos de su casa y habían quedado en mandarle un carro a las ocho de la mañana. Su cita sería a las once, así que le daría tiempo a desayunar y por la lluvia, podría ir poco a poco y llegar a buena hora.

Karla tenía un compañero, era un gato al que llamaba Bigotes. Lo había encontrado en una alcantarilla a punto de ahogarse, en un día como hoy, en que las nubes están ansiosas de descargar todo lo que llevan por dentro, sobre la faz de la tierra. Lo llamó así porque era tan pequeño, que lo único que sobresalía en él eran sus largos bigotes.

Bigotes se refugió en su regazo buscando calor y encendiendo su motor interno vibraba y ronroneaba dándole calor a sus piernas. Eso hizo que Karla se tranquilizara y dejara de pensar en cómo haría para llegar a la cita. Mientras le acariciaba el pelaje a Bigotes, alargó su brazo y colocó música relajante, que la llevó a tener un momento de tranquilidad interna.

Al fin decidió irse a la cama para ver si podía mecerse sobre la hamaca de la Luna y dormir un poco antes de que sonara el despertador.

A las seis sonó la alarma despertando a Karla de un solo salto que casi se cae de la cama. Se levantó, con sueño aún y fue a preparar café mientras se duchaba. Ya todo lo tenía listo. Se comió un sándwich con otra taza de café y se dispuso a esperar el taxi. Aún llovía y la temperatura había bajado bastante. Se apresuró a guardar una chaqueta por si aumentaba el frío.

El taxi llegó a las ocho en punto. El taxista se bajó con un paraguas enorme y ayudó a Karla a subir el maletín al carro, donde llevaba todas sus ideas que expondría a los entrevistadores ese día. Ya sentada en la parte de atrás, el conductor le da los buenos días y disponiéndose a poner el carro en movimiento, Karla le dice: -un momento, me parece conocida esa voz. ¿Acaso no es usted Francisco?- Al instante el hombre se voltea y sacándose el impermeable de la cabeza, se le queda viendo y le dice: -¿Acaso no eres Karla, mi Karlita? Y ambos asombrados por la casualidad se echaron a reír saludándose mutuamente. Mujer –le dice Francisco- pásate hacia adelante para que hablemos y así saber qué ha sido de ti en todos estos años. Karla sale rápido del carro con un periódico en la mano, tratando de taparse de la lluvia que caía a porrazos y se instala en la parte de adelante y riendo cierra la puerta.

Deja que te vea mejor y hace que voltee hacia él. Pero si estás más hermosa que nunca. Y tú estás igualito – le contesta ella. No quiso decirlo pero le pareció que seguía igual de buenmozo e interesante, ahora más por unas canitas que se asomaban sobre sus cienes.

En el camino se desparramó un aguacero de espanto y brinco. Venía con centellas y truenos. Había que guarecerse en algún lugar. Las calles se inundaban y tenían que salir del centro de la ciudad. Francisco poseía una casa en la parte más alta de la localidad y fue allí donde fueron a parar.

Ya Karla conocía el lugar. Le traía recuerdos de momentos muy gratos con Francisco.

Pensé que habías vendido la propiedad - le dijo. Para nada –le contesta Francisco. Esta casa fue de mis padres y hay muchos recuerdos de mi niñez. Además tengo otros recuerdos de una época de mi vida en que fui feliz y no lo sabía. Karla baja el rostro y hace como si no hubiese oído lo que dijo.

Aquí tengo comida y bebida por si esta lluvia se extiende, así que no te preocupes. Espero que no llueva más - le dice ella. Tengo una entrevista a las once de la mañana para el trabajo de mis sueños, tú sabes, el que siempre he esperado.

Me parece maravilloso pero si continúa este diluvio no creo que puedas llegar. Es más no creo que ellos puedan llegar a la cita porque esto está pasando en toda la ciudad. Vamos a tomarnos una buena taza de café y allí veremos que nos tiene deparado el clima hoy. Diciendo esto se fue a la cocina. Mientras movía los trastos buscando para hacer el café Karla lo ve moverse de un lado al otro y recordaba esos momentos en que pasaban días enteros en ese lugar, días de completa entrega. Francisco la atrapó mirándolo y sus ojos se abrazaron de recuerdos y ansias. Ella volteó la cara y disimuló estar observando cómo se formaba una piscina de agua en el patio de al lado.

Con todo preparado, se acercó ofreciéndole una taza que traía ese olor a café  recién colado. Allí se sentaron a hablar y a ponerse al día con sus vidas. Rieron y volvieron a tomar café varias veces, ambos eran amantes del café.

Llegó el medio día y la lluvia no amainaba, al contrario, el cielo se había tornado oscuro completamente y a lo lejos se apreciaban los centellazos que alumbraban el lugar, dando la impresión de un torneo con sables eléctricos, donde dos samuráis se baten en un duelo a muerte por el amor de una dama.

Bueno, dijo Francisco, dado que ni tú ni yo iremos a trabajar o alguna otra parte hoy, declaro abierto el bar y el restaurant porque hay hambre, ¿te parece?  Karla, riéndose, acepta el decreto y Francisco dice –habiendo quorum en lo solicitado y estando todos de acuerdo, se abre el bar y saca una botella de vino, del que sabe que a ella le gusta.

No salieron de la cocina era allí donde estaba la vida, donde se manejaba un calorcito especial, según decía Francisco. Le preparó un arroz a la marinera con ensalada que no tuvo más remedio que aplaudir tan maravillosa comida. Luego vino un Cointreau para hacer la digestión y siguieron con vino. Total el día no pintaba para otra cosa que para hablar y disfrutar de la compañía.

¿Te acuerdas Karla cuando veníamos en esos días de lluvia a esta casa? Fueron momentos muy agradables. Karla no quería entrar en esa conversación porque aún dolía el haberse separado. Francisco notó la incomodidad de Karla y levantando la copa brindó por el reencuentro. Así siguió una copa tras otra hasta que ya bailaban y cantaban. La cercanía se había hecho necesaria y los cuerpos ya se rosaban. En una de esas, Francisco la atrajo para que bailaran aquella melodía que siempre les había gustado en aquellos tiempos. Cuando pasó la mano por su cintura, las llamas del infierno se quedaron heladas del calor que despedían ambos cuerpos. Estaban uno frente al otro y sus alientos calentaban los labios del otro.

La casa tenía una planta superior y para acceder a ella había que subir por una escalera que quedaba del lado de afuera. En ese momento con el aguacero que se había desgajado sobre el lugar, caía cual cascada en plena selva. Fue allí que la llevó cuando al fin pudo capturar su boca con un beso profundo y ahogado en el te quiero, en el me muero por tenerte. Bajo los chorros de agua, se fueron sacando la vestimenta. A medida que eso pasaba sus manos acariciaban el cuerpo del otro. El agua les caía como un remanso de frescor para el calor que bullía de sus cuerpos. Sólo que no era suficiente para apagar esa hoguera que había permanecido encendida por mucho tiempo.

Karla lo atrae hacia su desnudez y coloca su rostro en sus gentiles senos, que con el frío del agua permanecían en una erección sublime. Él los besaba con tanta furia que dolía. Ella abierta a recibir la caricia tan esperada, lo fue bajando hasta dejarlo frente a esos labios ardientes que soñaban con un beso profundo y húmedo.

Francisco ya en la locura extrema la levantó por la cintura y la puso más arriba, donde estaba el descanso de la escalera y fue allí que la hizo suya, con una dulzura loca. Con su cuerpo le tapaba el borbotón de agua que le caía en el rostro. Alzó sus caderas y es cuando en un grito de éxtasis la penetra sintiendo el temblor de las carnes de Karla. Allí estuvieron un buen tiempo, ni el agua, ni el frío evitó que se amaran, como sólo ellos sabían.

De la tempestad llegó la calma y acurrucados uno junto al otro descansan de tanto anhelo, de tanta necesidad de tenerse. ¿Por qué se habían separada? ya eso no importaba. El destino los volvía a unir y muy dentro de ellos sabían que no podían permitirse el error de volverse a distanciar. Eran el uno para el otro. En eso pensaba Francisco cuando se volteó y vio el cuerpo desnudo de la mujer que siempre amó. La fiebre volvió a enajenarlo y las ganas renacieron como la flor que duerme en la noche y florece en el día. La fue despertando con caricias y besos. Al abrir los ojos Karla, se vio en la profundidad que había en los de Francisco y se volteó para amarlo nuevamente, intensamente en una sola respiración en un entrar y salir de su alma. Haciendo que no sólo ellos se adoraran, sino que en sus nuevos recuerdos pudieran alejar cualquier sentimiento negativo que hubiesen tenido ambos.

El alba apareció por la rendija de la ventana y los encontró en un solo abrazo. Karla se despierta cuando siente que su amado está listo para volver a hacerla sentir cómo se llega al cielo con un beso de los suyos.





Carmen Pacheco
@Erotismo10

25 de julio de 2018

lunes, 28 de mayo de 2018

CÓMO EXORCIZAR UN BELLO AMOR...



Estamos cansados de oír “El tiempo lo cura todo” pero no nos dicen, cuánto dura ese tiempo. A veces se cruzan en nuestras vidas seres que traen algo que enseñarnos, siempre es así. Nadie se acerca a ti por mera casualidad, según, existen personas, idóneas para mostrarte lo que debes aprender.


En determinados momentos renegamos de tal y cual relación, porque nos resultó con cascos ligeros o es agresivo, mentirosa, inseguro, aburrida, cansón, etc., pero si lo pensamos en frío, esa persona llegó a tu vida para sanar algo, aprender que no eres pera de boxeo, que eres lo máximo, no mejor que los demás pero si eres un ser espléndido que se merece otro tipo de relación.También llegan para que sepas cómo convivir en pareja, cómo ser tolerante, flexible, paciente, en fin, llegan para ENSEÑARNOS que no somos la última Coca-Cola del desierto pero sí muy importantes en este universo. 


Entonces, en esos momentos no valoramos a la persona en cuestión y como no está de acuerdo con lo que cada uno quiere en su vida o creen “saber” lo que necesita en su vida, lo mandamos bien largo a…. la calle, para luego andar rumiando por entre los cuartos, calles, amigos, lo mal que nos fue con esa persona y lo solo que nos sentimos.


Han oído de personas que buscan lo que seguro tienen en sus casas, ese es el síndrome del “Pájaro Azul” No valoran lo que tienen y piensan que el mundo está en el derecho de darles la oportunidad de salir a buscar lo que, según, no le dan en su hogar para luego, al regresar encontrar, que siempre lo ha tenido cerca de ellos o ellas.


Ahora aquellos que no logran sacarse de sus mentes o almas esa relación, que para ell@s era maravillosa, eso es otra cosa. Los amigos te dicen “Piensa las cosas malas que te hizo” ¿y si todo fue bueno? ¿Si se comportó como todo un gentleman en la relación? Si te hizo sentir el ser más especial del mundo con sus atenciones, que gritaban lo maravilloso que se sentía junto a ti. Cómo hacer con este tipo de personas, que aunque el tiempo pasa, no logras exorcizarlo de tu ser y comienzas a preguntarle, -Si sabías que no era para siempre, si sabías que sería un subir a la cima por poco tiempo, si entendías que no sería una relación duradera por qué te comportaste como uno de los mejores amantes, tan perfecto que es difícil olvidarte. Debiste ser un cobarde, un embustero. Por qué me trataste bien y me miraste de esa forma. Esta es la ruptura más difícil porque es la que más cuesta sacudir de tu vida. Aquí el aprendizaje, imagino que es el desapego. Sólo que somos tan occidentales, tan latinos, tan de sangre caliente, que tenemos que llevar un luto largo, tomarnos, una que otra cerveza con los amigos, mientras cantamos alguna de esas canciones para el guayabo y es cuando, quizás, sólo quizás podamos abrir, definitivamente la puerta a ese pasión que se rehúsa a irse de tu piel y ver su espalda cuando se retira de tu vida, entendiendo que no existió tal afecto, sólo un estremecimiento de glándulas, lo demás lo creo tu necesidad de amar.


Es por eso que digo que, mientras esperamos que el tiempo cure las heridas deberíamos interiorizar el por qué nos involucramos con seres que no son los correctos en nuestro día a día. También existe ese otro dicho de que “Un clavo saca otro clavo” pero se convierte en una maraña de sentimientos. Te unes a otra persona, queriendo al anterior, no siendo honesto con ella o él y mucho menos contigo. Así es que seguimos deshojando margaritas mientras llega el o la correcta.


Somos seres de luz y de amor por lo que necesitamos aprender a amarnos a nosotros y luego al que está afuera, si queda algo.


¡Ese fue mi aprendizaje!





Carmen Pacheco
@Erotismo10
28 de mayo de 2018


martes, 10 de abril de 2018

EL TRANSITAR DE UNA SUAVE MELODÍA...





Que te parece mi vida, la luna se ha puesto grande
Mis versos repletos de verbos piden por salir
La brisa trae la suave melodía de un piano
Y yo me provoca conversar.

Hoy te siento más mío que nunca
Y tú no sabrás el por qué te he soltado
Hoy entendí que no hay nuestro
Hoy empiezo amanecer.

Tenía tiempo esperando entender
Cómo distanciarte y olvidarte
No es fácil pero lo lograré
Hoy te suelto y te alejas
Hoy te quedaste y te amé.

Las cosas que pasan en la vida.
Tanto buscar por entre las hojas
La manera más sencilla de no llorar
Y hoy, como el suspiro de un ángel me despedí.

Nuevos rumbos se entrecruzan en mi camino
Otras manos pretenden acariciar mi pensar
Le daré paso a ese que me incita
Para ver cómo te vas.

Pero tranquilo, que al fin conseguiré amar
De la forma que quisimos y no se pudo dar
De ese modo que no obliga ni ata
De esa manera me voy a entregar.


Nuevas palabras y nuevo sentir es lo que presiento
A la vida hay que darle paso y saludar lo que se va
Para recibir lo que llega, con nuevos bríos de amar
Dios te guarde mi amado, presiento que te voy a olvidar.







Carmen Pacheco
@Erotismo10
10 de abril de 2018

sábado, 17 de febrero de 2018

YOU STILL INSIDE ME...






In the distance I feel you
Like a celestial choir, who prays while singing.

In the distance I shelter you
Like that child who craves his mother's caress.

In the distance I feel you
Like the blind man waiting for the sunrise to feel the sun's rays.

In the distance I do not forget you
Even if you fight for it, you are still present as that breath of life.

Today your tongue navigated between my streams

Today your hands were in control of my candles

Today this boat continues its course, without forgetting your beloved soul that one who

knew how to flirt with mine...







Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10
February 17, 2018

viernes, 16 de febrero de 2018

UN BAÑO DE BURBUJAS EXCITANTE...





Luego de un arduo día de trabajo llegó a su casa con la firme intención de no atender el teléfono y así poder introducirse en ese libro que la tenía muy entusiasmada.

Eleonora era una mujer joven. Respondía a todo aquello que la llevara a contradecir los cánones impuestos por la sociedad. Disfrutaba de una buena discusión. Sobre todo si tenía que ver con deidades e historias antiquísimas de su tierra.

Llegó soltando cartera y papeles. Sacudía los pies para que desaparecieran esos grilletes que le imponía la sociedad “Los Zapatos”. Cuando niña la regañaban mucho por andar descalza. Ella les decía mientras corría para que no le pisaran los dedos, “Así consigo mantener contacto con el planeta” y su falda era como una bandera al viento al subir los escalones, de dos en dos, mientras su abuela, jadeando al pie de ésta, se le quedaba mirando con una sonrisa de amor. No entendía por qué no podía molestarse con su nieta.

No llegaba a los treinta. Sus ojos eran oscuros y profundos, como el fondo de la laguna de los muertos, esa que mentaban tanto sus viejos, donde las doncellas eran lanzadas como ofrenda a los Dioses de sus ancestros. Tenía la mirada directa e inquisidora. No dejaba que se le pasara nada. Definitivamente tenía un alma vieja.

Llevaba poco tiempo viviendo sola. Para ella había sido el mayor alcance de privacidad anhelada. Necesitaba oxígeno y en casa de sus padres, ya no alcanzaba a respirarlo. Los amaba pero sentía que era el momento de lanzarse a volar en la búsqueda de distintos horizontes y nuevas experiencias.

Colocó música relajante y prendió incienso. Era viernes y eso significaba que al otro día no tenía que despertarse temprano, así que se sirvió una copa de vino y fue a darse una exquisito baño de espumas.

El calor del agua la ceñía a medida que iba introduciéndose en la bañera. El agua estaba temperada y con unas sales que le dejó, como regalo, su abuela, antes de morir. En dicho obsequio venía una nota: “Nunca te bañes con estas sales, mientras consumas alcohol” Son esas indicaciones que muchas veces obviamos por pensar que no es importante leerlas.

Colocó unas velas en las esquinas de la bañera y en una mesita el vino y la copa. Ya tenía el momento perfecto para liberase de todo el stress de la semana.

El silencio de ese viernes no era normal. Regularmente, los vecinos hacían unas fiestas estruendosas, que muchas veces habían tenido que llamar a las autoridades para obligarlos a bajarle el tono de la música. Pero esta noche, todo estaba en calma. El ambiente de la habitación era denso como un chocolate espeso y oscuro como noche de Luna nueva pero se sentía muy placentero.

A la tercera copa, Eleonor sentía que estaba en el océano. Su cuerpo se distendió tanto que sus pechos flotaban fuera del agua cual boyas marinas. Sus pezones enarbolados eran como dos banderas rígidas que se movían al vaivén de las aguas. Esa sensación le producía placer. En su mente aparecía ella en una playa, que la llevaba a la orilla y la regresaba al fondo como manos que acariciaban.

Ya ella no estaba en la bañera de su apartamento. Palmeras se tongoneaban bajo la fuerte brisa que allí había. El aire traía el olor a salitre y a leña quemada. Su rostro miraba al cielo. La Luna le guiñaba un ojo, mientras una nube le acariciaba las nalgas. Eleonora se sentía en complicidad con aquella Luna, que la invitaba a sentir.

La música venía de un búngalo no muy alejado de la playa. El mar la sacaba hacia la orilla muy lentamente. Su cuerpo desnudo sentía como era arrastrada fuera del agua pero con una suavidad que excitaba. Sus pechos seguían apuntando a las estrellas, cuando sintió que la llevaban cargada hacia dónde provenía esa deliciosa melodía.

Ya Eleonor no era dueña de su cordura. Fue colocada en una manta sobre el suelo, con una suavidad exquisita. Su cuerpo siempre se mantuvo caliente y a la expectativa. Con los ojos cerrados y la mente abierta percibió un olor a canela que se le acercaba lentamente. Su cuerpo excitado se puso en guardia. Sus glándulas comenzaron  a segregar, su piel entera esperaba la sensación. Ella sola se removía de placer, sin que la hubiesen tocado.

Una lengua la invitó a abrir su boca. Ésta se introdujo cual serpiente, humedeciéndole todas las sensaciones. Ya su cuerpo pedía, exigía más de ésa alucinación. A lo lejos oyó cómo unas campanas eran tocadas con insistencia pero fue por un segundo que se extravió de la concentración en que estaba. Lentamente fue abriendo las piernas y sintió la caricia estremecedora que iba por sus muslos hasta el vientre palpitante.

Sus hermosos senos eran besados y bebidos como jamás había sentido. Sus quejidos se entretejían con la melodía que brincaba por entre los balcones, haciendo del lugar un escenario de entrega.

No podía aguantar más, cuando, en un momento su cuerpo no fue uno, ya eran dos entrelazados en una danza frenética de sexo y lujuria. Ella se dejaba amar entregándose en los brazos de algo que la llevaba a viajar hasta aquella Luna coqueta, que le había guiñado un ojo. En ese momento su miedo a sentir le daba paso a la autenticidad de sus sentimientos. Esa noche fue amada varias veces como jamás lo había sido.

El silencio la despierta sigue en la bañera. Las velas se han consumido, a la botella de vino aún le queda algo del exquisito líquido. Su cuerpo presentaba el comportamiento del que ha permanecido mucho tiempo en el agua. Cuando logra despertarse bien, entiende que su abuela tenía razón, cuando le avisó del riesgo de beber y sumergirse en las aguas repletas de peligrosos cristales.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de febrero de 2018


jueves, 30 de noviembre de 2017

A LOVE FOR CHRISTMAS IS REQUESTED....






Christmas is coming and there is loneliness
I already asked the Baby Jesus for a real love
But in my little faith I'm not sure if it will come
It will be that I am no longer in age.

A year ago, when I was arranging my little tree
My hands flew like a hummingbird in love
Musical notes came out of my throat
That impregnated the walls of the place.

At that time, it did not occur to me to ask God for a gift
I felt blessed and complete
It was enough what I had in my hands
It was mine that danced in my mind.

Maybe I should have asked for a love for me
Of those that fill you to satiety
Of which you are not afraid of illusion
But I was not ready for that gift
It came without warning
However I experienced it and I felt it in all its splendor
They were drops of happiness that ignited my soul
But what was in my hands was only salt
That dissolves in the water
That way it was extinguished.

But December is approaching
And my singing soul requests a love.
A love of those who walk the paths of life
With the freedom of the dreamer and squeeze the hand not to wake up

Today I make a request of love
Let's say it's a letter for the Child God
Waiting for the Angels and the Archangels
 Understand that ...
 I want a love for Christmas!
And send it to the Lord with haste!





Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10
November 29, 2017

domingo, 8 de octubre de 2017

SEX ON A TRAIN...





He was an ordinary man. He passed through the crowd, without arousing any feeling. Every day he went from his house to work and vice versa. There was nothing that made him smile. His life had become a string of truncated dreams, monotony was his horizon.

Pablo had married Matilde twenty years ago. From that union were born three loves. They were Paul's eyes but they became Matilda's life. Everything in his house changed. The care was transferred, only and exclusively for the children. On those sleepless nights, Paul would turn and begin to caress his wife knowing that he was ready to make her feel the heat of a man but she would take his hand away and turn asleep. Pablo, many times it was necessary to resort to that old technique to relieve the desire that he had to feel it and thus leave all its source within his bowels. Only that night would not be.

The next morning Matilde said nothing and went into the chores of her house and her children. So the years went by and Paul had devised a way of self-satisfaction. He never stopped trying with Matilde, but there were other reasons why "No". One night they were the headaches, others the menstruation, the child requires my presence and stop counting. It had become an impossible mission. He was very much in love with his wife and for that, he also justified her.

So it was passing time and already Pablo and Matilde were not, like woman and man to make love. Both were aging, he with his yearning and her with the decision to be a housewife and nothing else.

For the world they were the perfect marriage. They were never heard to argue, they were always seen with the family and of course, for society, Paul had never betrayed Matilde. As I said the "Perfect Marriage" Only the procession went inside and without knowing it about to explode.

One afternoon, when Pablo was leaving work, the boss asked him to stay an hour longer to finish a sales analysis that they had to present the next day at the partners meeting. For Pablo it was a routine, there was no reason to run to go home, total would not find anything different from the everyday.

Already in his sixties, despite his age, life had been benevolent with him and kept in very good condition. He liked to run from time to time to de-stress and went every Saturday to the park and there he ran for three hours straight.

That day he left work at nine o'clock at night. He went to the train station and found it quite and alone. It was not unusual for him to be at that hour on the train. There were few people waiting on the train platform. He had brought some of the work that was to be completed by the next day. It was said, I go to read it on the train while I travel and when I get home I make the corrections that I will need.

In the distance the train whistled, announcing its arrival. He opened his doors and was alone. The other passengers embarked in different places of the tren so that he had alone. Better, he told himself, so they do not interrupt me and I work a little

The train came out of the station between metal squeaks and wobble of the wagon where he was traveling.

He looked for his glasses and read the document he was carrying. The distance between her work and her home was about two hour. Immersed in the papers, he did not notice that a young woman in her mid-twenties had slipped into the place where he was. Suddenly hears her voice, and when drops the paper she meets a beautiful young woman, white as snow, her hair in the color of a sunset. His dark eyes were on him as he played with a piece of hair, which made him nervous and not knowing where to look. He decided to go back to what he was doing. Suddenly he felt her hands touching his leg and releasing the leaves he saw and was and saw her kneeling between her knees.  What are you doing, he asks. She just moved her hands between her thighs. Pablo was not able to shout or say something higher than a "No" do not do it, No, do not continue but she did not stop seeing him in the eyes caught the belt and was slowly unbuttoning. Pablo felt that he was covered by an electric force and that his voice came out more and more, but he always repeated "No, do not do it" "Stop please" his voice was not heard. The woman was already lowering the closure. There was no one in that car, apart from them. No one saw what was happening. The train movement added more to the sense of pleasure that was growing in Paul. His eyes could not believe what was happening to him and even what he was feeling. He had always thought, since Matilde did not want to make love to him, in what they had married, he imagined that he was dead of sensations and at that moment his body was a bunch of them.

His hands were thin, with long, hot fingers. With all the skill that has made that move, he took his penis and brought it to his mouth. She wanted to scream but she could not, the sensations rising and falling on her body. Every sucking was an indescribable delight. Pablo squirmed in the seat, , each time his mouth went up and down. So they stayed for a few minutes and as a woman understood what she did she climbed to the hips of Pablo and penetrating herself she rode him like a mad rider. He at last gave himself up to the facts and took her by her buttocks and forced her to feel him deeper and deeper. It was already that man who had once been and responded as only he knew how to do it. They were minutes of delirium and desire. She took his hands and made him touch her beautiful breasts, they were not so big but very firm. Already the madness could not be stopped, he made it several times before reaching his destination.

There were no farewells or words, only each one took his way as if nothing had ever happened, but for Paul they had been the most exquisite hours he had ever felt. The Paul returning home was another man. When he arrived and greeted Matilde, she noticed something strange. He looked at it without knowing what was different, he turned around and said to himself, "These are things of mine," that old man is going to have, but more and more years of age.

Pablo did not eat that night, got into the bathroom and remained there smelling his clothes that still had the smell of that girl. Without understanding, just sniffing and remembering made the blood run faster and made him want to be, again, inside that beautiful woman. He bathed and lay down if he said words to his wife. That night he dreamed of that train car and with hands that caressed him making him to end again that morning and leaving the mark of his sin on the sheets.

Paul's life was no longer the same. She understood that despite her years she could make a woman happy. He tried again with Matilde and changed the routine of looking for it but it was useless, and Matilde, that woman he fell in love with had died, instead a dry and bitter woman reigned. The following week he began to leave work late, with the only hope of meeting, again, with that pretty woman. But it was useless she never saw her again. He became a ghost who wandered the train wagons at night with the only hope of finding the woman with the hot fingers.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10

October 8, 2017