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domingo, 12 de enero de 2020

MUJER ANCESTRAL...







Una Mujer ancestral va y viene con la brisa

Acariciando sus sentidos y despertando mil sonrisas

Un acorde de guitarra llega hasta sus oídos

Alborotando esa Diosa que permanecía dormía.



Carmen Pacheco
12 de enero de 2020

domingo, 21 de abril de 2019

BRINDO MI AMOR AL UNIVERSO...



Hoy vengo a hablarles de un amor que se transmuta, que trasciende, que se une al amor Universal. Es ese amor que cubre al mendigo, al niño de la calle, al enfermo, al olvidado de la sociedad. Un amor para al blanco, para el negro, para el indio, para el enfermo, para el que sufre, para el que odia, para el que maldice. Un amor para el que olvida, para el que acusa, hiere, se aleja de Dios. Para el que no vela por sus padres, para el que agrede a su semejante. Brindo mi amor al niño olvidado, al viejo despreciado. A la mujer indefensa, al trovador sin palabras, al músico sin melodía.

Cómo hacer para convertir un amor terrenal por uno que abarque al mundo, mejor aún, al Universo entero.

Ofrezco el Prana que me da vida, para que junto a la respiración se convierta en amor puro y sincero. Sólo así, entendería dejar de amar a ese ser. Esperando que este sentimiento no haya sido en vano. Es como donar parte de mi alma para la felicidad del mundo. Posiblemente no alcance para tantos pero un granito de arena puede formar montañas.

Como dijo Fito Páez:
“¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río,
Yo vengo a ofrecer mi corazón”

Él y ella lograron traspasar la barrera del infinito, ya sus cuerpos no son lo importante, es el sentimiento que prevaleció y se transformó en algo sublime, más allá de todo entendimiento terrenal. Es el mar devolviendo a la tierra, las lágrimas y los sueños, que alguna vez fueron derramados en honor al amor y así, junto al Creador, conformar un nuevo ser

Es por eso, que hoy lanzo al viento, uno de los más hermosos sentimientos, el Amor, que en estos días, en que el mundo corre una suerte de odios, perdiéndose así la calidez de un beso, la fuerza de un abrazo y la dulzura de un te quiero, quizás aplaque los demonios desatados.

Es mejor que cubra la tierra haciendo brotar Nardos y Azucenas y que con ese aroma los hombres recuerden el verdadero sentimiento que nos hacía despertar con ganas de vivir…EL AMOR.

Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
21 de abril del 2019

miércoles, 26 de diciembre de 2018

SE ABRE EL TELÓN...






Ella:                   Dulce y nerviosa
Él:                     Atrevido y ansioso

Ella:                   Teme por lo que le suceda
Él:                     Alardea de su experiencia

Ella:                   Deja caer su ropa lentamente
Él                       La observa como lobo hambriento

Ella:                  Sus pezones erizados brotan como espinas
Él:                     Se agarra a la silla para no asaltarla

Ella:                  Deja caer su brasier como al descuido
Él:                     Lo toma contra su cara e inhala su aroma

Ella:                  Desabrocha su falda, mirándolo de reojo
Él:                     Aplaca la bestia con su mano

Ella:                  Desliza su falda mostrando su liguero negro
Él:                     Se asombra de tan hermoso trasero

Ella:                  Suelta uno a uno los ganchos de sus medias
Él:                     Con sus ojos la acaricia con deseo

Ella:                  Desprende sus medias provocativamente
Él:                     Se desquicia, tiene hambre de ella

Ella:                 Sólo le quedan sus braguitas que rozan su sexo
Él:                    Le salta encima y se las quita a besos

Ella:                 Excitada gime de placer
Él:                    La penetra con furia y la hace estremecer




Al final… ambos, en el suelo, entre espasmos y llanto se retuercen de placer.






Carmen Pacheco
@Erotismo10
26 de diciembre del 2018




martes, 16 de octubre de 2018

GOTAS DE AMOR...






Amaneciendo en la laguna de tus ojos
Cual plato limpio y claro
reflejando este amor como la lluvia
En pequeñitas gotas del rocío.

Que no estás aquí, qué importa
Si nazco cada vez que te pienso
Si vibro cada vez que te recuerdo
Quién dijo que tenías que estar presente
Si eres el rayito de sol que siento
Cada vez que te respiro…




Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de octubre de 2018
  



miércoles, 25 de julio de 2018

ORGASMOS BAJO LA LLUVIA...




Era uno de esos días en que parecía que el cielo se caería. Había estado lloviendo a cántaros desde la noche anterior. Karla tenía que salir de madrugada para la entrevista de trabajo que, al fin, habían aceptado hacerle en esa empresa internacional, que tanto había esperando. No sabía cómo saldría de su casa, el meteorólogo informaba que seguiría lloviendo por veinticuatro horas más. No había podido dormir en toda la noche. Se había quedado organizando los documentos que llevaría a la entrevista. No quería que le faltaran detalles, que seguro pedirían.

Era la oportunidad de su vida. Había esperado por este empleo dos años. Se preparó como el que va para unas olimpíadas. No escatimó en seminarios, talleres, hasta aprendió el inglés comercial. Ya ella hablaba, fluidamente, ese idioma pero era necesario adentrarse en el tecnicismo que requería su futuro empleo.

Ya iban a dar las dos de la mañana y la lluvia no pensaba detenerse. Sentada con una taza de café en la mano pensaba en que no tendría su carro para el día siguiente. El muy condenado se le antojó reventársele la manguera del aire acondicionado o sería el sello, pensó. En fin fuera lo que fuera, la obligaba a irse en taxi. Ya había contactado a una línea, que no estaba tan lejos de su casa y habían quedado en mandarle un carro a las ocho de la mañana. Su cita sería a las once, así que le daría tiempo a desayunar y por la lluvia, podría ir poco a poco y llegar a buena hora.

Karla tenía un compañero, era un gato al que llamaba Bigotes. Lo había encontrado en una alcantarilla a punto de ahogarse, en un día como hoy, en que las nubes están ansiosas de descargar todo lo que llevan por dentro, sobre la faz de la tierra. Lo llamó así porque era tan pequeño, que lo único que sobresalía en él eran sus largos bigotes.

Bigotes se refugió en su regazo buscando calor y encendiendo su motor interno vibraba y ronroneaba dándole calor a sus piernas. Eso hizo que Karla se tranquilizara y dejara de pensar en cómo haría para llegar a la cita. Mientras le acariciaba el pelaje a Bigotes, alargó su brazo y colocó música relajante, que la llevó a tener un momento de tranquilidad interna.

Al fin decidió irse a la cama para ver si podía mecerse sobre la hamaca de la Luna y dormir un poco antes de que sonara el despertador.

A las seis sonó la alarma despertando a Karla de un solo salto que casi se cae de la cama. Se levantó, con sueño aún y fue a preparar café mientras se duchaba. Ya todo lo tenía listo. Se comió un sándwich con otra taza de café y se dispuso a esperar el taxi. Aún llovía y la temperatura había bajado bastante. Se apresuró a guardar una chaqueta por si aumentaba el frío.

El taxi llegó a las ocho en punto. El taxista se bajó con un paraguas enorme y ayudó a Karla a subir el maletín al carro, donde llevaba todas sus ideas que expondría a los entrevistadores ese día. Ya sentada en la parte de atrás, el conductor le da los buenos días y disponiéndose a poner el carro en movimiento, Karla le dice: -un momento, me parece conocida esa voz. ¿Acaso no es usted Francisco?- Al instante el hombre se voltea y sacándose el impermeable de la cabeza, se le queda viendo y le dice: -¿Acaso no eres Karla, mi Karlita? Y ambos asombrados por la casualidad se echaron a reír saludándose mutuamente. Mujer –le dice Francisco- pásate hacia adelante para que hablemos y así saber qué ha sido de ti en todos estos años. Karla sale rápido del carro con un periódico en la mano, tratando de taparse de la lluvia que caía a porrazos y se instala en la parte de adelante y riendo cierra la puerta.

Deja que te vea mejor y hace que voltee hacia él. Pero si estás más hermosa que nunca. Y tú estás igualito – le contesta ella. No quiso decirlo pero le pareció que seguía igual de buenmozo e interesante, ahora más por unas canitas que se asomaban sobre sus cienes.

En el camino se desparramó un aguacero de espanto y brinco. Venía con centellas y truenos. Había que guarecerse en algún lugar. Las calles se inundaban y tenían que salir del centro de la ciudad. Francisco poseía una casa en la parte más alta de la localidad y fue allí donde fueron a parar.

Ya Karla conocía el lugar. Le traía recuerdos de momentos muy gratos con Francisco.

Pensé que habías vendido la propiedad - le dijo. Para nada –le contesta Francisco. Esta casa fue de mis padres y hay muchos recuerdos de mi niñez. Además tengo otros recuerdos de una época de mi vida en que fui feliz y no lo sabía. Karla baja el rostro y hace como si no hubiese oído lo que dijo.

Aquí tengo comida y bebida por si esta lluvia se extiende, así que no te preocupes. Espero que no llueva más - le dice ella. Tengo una entrevista a las once de la mañana para el trabajo de mis sueños, tú sabes, el que siempre he esperado.

Me parece maravilloso pero si continúa este diluvio no creo que puedas llegar. Es más no creo que ellos puedan llegar a la cita porque esto está pasando en toda la ciudad. Vamos a tomarnos una buena taza de café y allí veremos que nos tiene deparado el clima hoy. Diciendo esto se fue a la cocina. Mientras movía los trastos buscando para hacer el café Karla lo ve moverse de un lado al otro y recordaba esos momentos en que pasaban días enteros en ese lugar, días de completa entrega. Francisco la atrapó mirándolo y sus ojos se abrazaron de recuerdos y ansias. Ella volteó la cara y disimuló estar observando cómo se formaba una piscina de agua en el patio de al lado.

Con todo preparado, se acercó ofreciéndole una taza que traía ese olor a café  recién colado. Allí se sentaron a hablar y a ponerse al día con sus vidas. Rieron y volvieron a tomar café varias veces, ambos eran amantes del café.

Llegó el medio día y la lluvia no amainaba, al contrario, el cielo se había tornado oscuro completamente y a lo lejos se apreciaban los centellazos que alumbraban el lugar, dando la impresión de un torneo con sables eléctricos, donde dos samuráis se baten en un duelo a muerte por el amor de una dama.

Bueno, dijo Francisco, dado que ni tú ni yo iremos a trabajar o alguna otra parte hoy, declaro abierto el bar y el restaurant porque hay hambre, ¿te parece?  Karla, riéndose, acepta el decreto y Francisco dice –habiendo quorum en lo solicitado y estando todos de acuerdo, se abre el bar y saca una botella de vino, del que sabe que a ella le gusta.

No salieron de la cocina era allí donde estaba la vida, donde se manejaba un calorcito especial, según decía Francisco. Le preparó un arroz a la marinera con ensalada que no tuvo más remedio que aplaudir tan maravillosa comida. Luego vino un Cointreau para hacer la digestión y siguieron con vino. Total el día no pintaba para otra cosa que para hablar y disfrutar de la compañía.

¿Te acuerdas Karla cuando veníamos en esos días de lluvia a esta casa? Fueron momentos muy agradables. Karla no quería entrar en esa conversación porque aún dolía el haberse separado. Francisco notó la incomodidad de Karla y levantando la copa brindó por el reencuentro. Así siguió una copa tras otra hasta que ya bailaban y cantaban. La cercanía se había hecho necesaria y los cuerpos ya se rosaban. En una de esas, Francisco la atrajo para que bailaran aquella melodía que siempre les había gustado en aquellos tiempos. Cuando pasó la mano por su cintura, las llamas del infierno se quedaron heladas del calor que despedían ambos cuerpos. Estaban uno frente al otro y sus alientos calentaban los labios del otro.

La casa tenía una planta superior y para acceder a ella había que subir por una escalera que quedaba del lado de afuera. En ese momento con el aguacero que se había desgajado sobre el lugar, caía cual cascada en plena selva. Fue allí que la llevó cuando al fin pudo capturar su boca con un beso profundo y ahogado en el te quiero, en el me muero por tenerte. Bajo los chorros de agua, se fueron sacando la vestimenta. A medida que eso pasaba sus manos acariciaban el cuerpo del otro. El agua les caía como un remanso de frescor para el calor que bullía de sus cuerpos. Sólo que no era suficiente para apagar esa hoguera que había permanecido encendida por mucho tiempo.

Karla lo atrae hacia su desnudez y coloca su rostro en sus gentiles senos, que con el frío del agua permanecían en una erección sublime. Él los besaba con tanta furia que dolía. Ella abierta a recibir la caricia tan esperada, lo fue bajando hasta dejarlo frente a esos labios ardientes que soñaban con un beso profundo y húmedo.

Francisco ya en la locura extrema la levantó por la cintura y la puso más arriba, donde estaba el descanso de la escalera y fue allí que la hizo suya, con una dulzura loca. Con su cuerpo le tapaba el borbotón de agua que le caía en el rostro. Alzó sus caderas y es cuando en un grito de éxtasis la penetra sintiendo el temblor de las carnes de Karla. Allí estuvieron un buen tiempo, ni el agua, ni el frío evitó que se amaran, como sólo ellos sabían.

De la tempestad llegó la calma y acurrucados uno junto al otro descansan de tanto anhelo, de tanta necesidad de tenerse. ¿Por qué se habían separada? ya eso no importaba. El destino los volvía a unir y muy dentro de ellos sabían que no podían permitirse el error de volverse a distanciar. Eran el uno para el otro. En eso pensaba Francisco cuando se volteó y vio el cuerpo desnudo de la mujer que siempre amó. La fiebre volvió a enajenarlo y las ganas renacieron como la flor que duerme en la noche y florece en el día. La fue despertando con caricias y besos. Al abrir los ojos Karla, se vio en la profundidad que había en los de Francisco y se volteó para amarlo nuevamente, intensamente en una sola respiración en un entrar y salir de su alma. Haciendo que no sólo ellos se adoraran, sino que en sus nuevos recuerdos pudieran alejar cualquier sentimiento negativo que hubiesen tenido ambos.

El alba apareció por la rendija de la ventana y los encontró en un solo abrazo. Karla se despierta cuando siente que su amado está listo para volver a hacerla sentir cómo se llega al cielo con un beso de los suyos.





Carmen Pacheco
@Erotismo10

25 de julio de 2018

martes, 19 de junio de 2018

EL DÍA AMANECIÓ HÚMEDO Y CALIENTE…





El barrio tranquilo amaneció
Los gatos se esconden para hacer el amor
El perro que vigiló busca dónde tirar sus huesos.
Cae la lluvia como polvo alucinógeno.


La brisa fría se cuela por mis cuencas
Me arrimo a su cuerpo y lo despierto
Su fuego se enciende como antorcha sedienta
Se voltea y me abrazo con sus piernas.


Comienzo a danzar sobre sus caderas
Respira agitado y me besa desesperado
Su boca baja cual gota en el espejo
Porosa y ansiosa de mí verso.


Ya su lengua juguetea cual gato indiscreto
Es la guerra campal del gato y el ratón
Sólo que este ratón se pliega
Y sumiso se entrega.


Se vuelve y me aprisiona con su peso
No importa si no respiro, total para qué sirve eso
Si la gracia y el ardor caminan cual errante por todo mi cuerpo
Jadeando arremete, cuando me ve rendida y entregada.


Se viene una vez, se viene dos veces
Es la magia de mi fuego que lo quema con ansias
Parece un loco, con los ojos desorbitados
Eso me encanta porque me siento deseada.


A lo lejos se oyen los gritos de  un imprudente desesperado
La mujer se le va y él no lo soporta
Le grita: Puta, Zorra, Cualquiera
Esas palabras me excitan y vuelvo por más.


Hoy amaneció oscuro, como quien silba entre nubes
Hoy el clima y yo nos hemos confabulado
Hoy él no saldrá 
Hoy gozará de mis confines húmedos y llameantes.







Carmen Pacheco
@Erotismo10
19 de junio de 2018


lunes, 28 de mayo de 2018

CÓMO EXORCIZAR UN BELLO AMOR...



Estamos cansados de oír “El tiempo lo cura todo” pero no nos dicen, cuánto dura ese tiempo. A veces se cruzan en nuestras vidas seres que traen algo que enseñarnos, siempre es así. Nadie se acerca a ti por mera casualidad, según, existen personas, idóneas para mostrarte lo que debes aprender.


En determinados momentos renegamos de tal y cual relación, porque nos resultó con cascos ligeros o es agresivo, mentirosa, inseguro, aburrida, cansón, etc., pero si lo pensamos en frío, esa persona llegó a tu vida para sanar algo, aprender que no eres pera de boxeo, que eres lo máximo, no mejor que los demás pero si eres un ser espléndido que se merece otro tipo de relación.También llegan para que sepas cómo convivir en pareja, cómo ser tolerante, flexible, paciente, en fin, llegan para ENSEÑARNOS que no somos la última Coca-Cola del desierto pero sí muy importantes en este universo. 


Entonces, en esos momentos no valoramos a la persona en cuestión y como no está de acuerdo con lo que cada uno quiere en su vida o creen “saber” lo que necesita en su vida, lo mandamos bien largo a…. la calle, para luego andar rumiando por entre los cuartos, calles, amigos, lo mal que nos fue con esa persona y lo solo que nos sentimos.


Han oído de personas que buscan lo que seguro tienen en sus casas, ese es el síndrome del “Pájaro Azul” No valoran lo que tienen y piensan que el mundo está en el derecho de darles la oportunidad de salir a buscar lo que, según, no le dan en su hogar para luego, al regresar encontrar, que siempre lo ha tenido cerca de ellos o ellas.


Ahora aquellos que no logran sacarse de sus mentes o almas esa relación, que para ell@s era maravillosa, eso es otra cosa. Los amigos te dicen “Piensa las cosas malas que te hizo” ¿y si todo fue bueno? ¿Si se comportó como todo un gentleman en la relación? Si te hizo sentir el ser más especial del mundo con sus atenciones, que gritaban lo maravilloso que se sentía junto a ti. Cómo hacer con este tipo de personas, que aunque el tiempo pasa, no logras exorcizarlo de tu ser y comienzas a preguntarle, -Si sabías que no era para siempre, si sabías que sería un subir a la cima por poco tiempo, si entendías que no sería una relación duradera por qué te comportaste como uno de los mejores amantes, tan perfecto que es difícil olvidarte. Debiste ser un cobarde, un embustero. Por qué me trataste bien y me miraste de esa forma. Esta es la ruptura más difícil porque es la que más cuesta sacudir de tu vida. Aquí el aprendizaje, imagino que es el desapego. Sólo que somos tan occidentales, tan latinos, tan de sangre caliente, que tenemos que llevar un luto largo, tomarnos, una que otra cerveza con los amigos, mientras cantamos alguna de esas canciones para el guayabo y es cuando, quizás, sólo quizás podamos abrir, definitivamente la puerta a ese pasión que se rehúsa a irse de tu piel y ver su espalda cuando se retira de tu vida, entendiendo que no existió tal afecto, sólo un estremecimiento de glándulas, lo demás lo creo tu necesidad de amar.


Es por eso que digo que, mientras esperamos que el tiempo cure las heridas deberíamos interiorizar el por qué nos involucramos con seres que no son los correctos en nuestro día a día. También existe ese otro dicho de que “Un clavo saca otro clavo” pero se convierte en una maraña de sentimientos. Te unes a otra persona, queriendo al anterior, no siendo honesto con ella o él y mucho menos contigo. Así es que seguimos deshojando margaritas mientras llega el o la correcta.


Somos seres de luz y de amor por lo que necesitamos aprender a amarnos a nosotros y luego al que está afuera, si queda algo.


¡Ese fue mi aprendizaje!





Carmen Pacheco
@Erotismo10
28 de mayo de 2018


lunes, 7 de mayo de 2018

FUE MÍA POR SEGUNDOS...




Estoy en la playa junto a unos amigos. Necesitaba darme un respiro del trabajo. Llevamos todo lo que necesitaríamos. La bebida y el hielo, para qué más, si estábamos seguros que encontraríamos la compañía y lo que faltara en ese lugar.

Comenzamos a tomar y contar anécdotas. El lugar estaba concurrido. Los niños corrían delante de unas madres asfixiadas de tanto gritarles. Hombres tratando de esconder la panza cuando aparecía alguna chiquilla. Mujeres maduras, con poco recato y muchas ganas, nos lanzaban miradas lujuriosas, teníamos que voltear para no reírnos en sus caras. En fin que la estábamos pasando muy bien.

Los compañeros se enfrascaron en un juego de barajas y yo sólo quería mirar el horizonte, a ver si me llegaba alguna inspiración divina. El sólo pensarlo me hacía reír pero, con mucha seriedad tomé la actitud severa de un yogi y comencé a meditar. No era fácil pues en mi mente había una cantidad enorme de pensamientos, los cuales no lograba lanzarlos a alguna parte. Era inevitable la comenzó de la la nariz, luego la boca y cuando sentí un tirón en el cuello volteé para flexionar la cabeza. Fue en ese momento en que vi a una mujer hermosa que se venía acercando hacia mí. No estaba muy delgada pero la carne que la conformaba, les aseguro que estaba muy bien proporcionada. Vestía uno de esos bikinis, que pueden llamarse “Etiquetas”. Sus senos grandes traían una danza acompasada de subir y bajar pero sin perder su estabilidad altiva. Sólo eran tapados por una de esas “Etiquetas” en sus espigados pezones.

Quedé con la boca abierta y balanceando la cabeza al ritmo de su caminar, como cuando una serpiente te hipnotiza antes de atacarte, así estaba. Su cabello negro y rizado era como ver la silueta del mar sobre su cabeza. Alborotado y cadencioso, como cuando hay una pequeña tormenta en alta mar. De vez en cuando le tapaba los ojos y parecía como si venía guiñándome un ojo. Sus brazos se balanceaban cual bailarina. Su cintura estrecha permitía ver un piercing brillante en su ombligo, como si fuera el lugar dónde un pirata debería comenzar la búsqueda del tesoro.

Al bajar la vista se me erizó el cuerpo. Tenía unas caderas que se tongoneaban cual palmeras acariciadas por la brisa en plena tempestad. Mi razón se fue al fin del mundo, cuando al estar más cerca de mí pude ver la tercera Etiqueta, que medio cubría la joya más apetecible que jamás hubiese visto. Era una clara invitación a hacerle el amor. Me vi llevándola hacia un lugar apartado para hacerla mía una, dos, muchas veces y así oír su voz en mi oído pidiendo más y más. Hasta me pareció sentir su aliento embriagador sobre mi rostro.

Que desconsuelo sentí, cuando esa Diosa, en su caminar pasó a mi lado, sin siquiera haberme percibido. Yo moría de dolor y angustia, mientras que ella iba a abrazarse con un morenazo que la esperaba tras de mí.

La vida te da sorpresas… Sorpresas te da la vida…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
07 de mayo de 2018


lunes, 16 de abril de 2018

FIERAS AL ACECHO…




Había pasado mucho tiempo desde que Graciela y Gustavo se despidieron con un para siempre o hasta nunca, eso no quedó muy claro.

Corrían los días de diciembre, las calles estaban repletas de compradores compulsivos. Las tiendas tenían un Papá Noel, de diferentes características en sus puertas. Nadie estaba pendiente del que pasaba al lado del otro. Se oían villancicos por todos lados. Las luces adornaban las fachadas de los negocios.

En ese ir y venir, alocado de las personas en la calle principal, el destino estaba por jugarles una mala pasada a un hombre y una mujer, que se habían amado mucho pero que sus vidas habían tomado rumbos distintos por la manera diferente ver la vida. Entraron a la misma tienda para comprar algo a sus parejas. Sus ojos se atropellaron como cuando dos trenes fuertes y poderosos en su esencia coalicionan una contra el otro llevando la misma capacidad explosiva en sus tuercas.

Las palabras quedaron ahogadas en el frío de dos bocas abiertas por la sorpresa.

La gente, que por allí caminaban, los empujaba en su frenético paso convulsivo por llegar temprano a sus hogares. Ellos se dejaban llevar y poco a poco estuvieron uno frente al otro. Él le acarició la mejilla y ella, entre cerró los ojos evocando un momento como ése hacía años atrás, en aquellos deliciosos encuentros furtivos.

Como dije no hubo palabras. Gustavo la tomó de la mano y se la llevó como el animal que captura una presa y corre a su guarida para devorarla poco a poco y a su antojo. Graciela se sentía como hoja al viento. Sus pies no percibían el piso, su alma volaba entre risas, música y claxon en la congestionada calle del centro del pueblo. Sólo se dejó llevar, olvidando que esa noche se estaría comprometiendo con Eleazar.

Gustavo recorría la distancia que lo separaba de su casa, a pasos agigantados. La brisa fría que golpeaba su rostro no aminoraba la fiebre, que en ese momento comenzaba a consumirlo.

Ya estaba cerca, cuando una sonrisa maquiavélica había pasado, dibujándose en sus labios.

Graciela se da cuenta que están llegando porque Gustavo aminora la marcha y siente que su vestido ya no lo levanta el viento. Con la respiración sofocada agradece que se haya detenido para poder apoderarse de una bocanada de aire. Su cabello estaba revuelto y en él se habían colado unos polizontes que iluminaban su oscura cabellera.

El ruido de la puerta la hizo volver a la realidad. No cabía ninguna duda, había sido raptada por un loco. Gustavo abre la enorme puerta y la invita a entrar. Graciela nota, al pasar junto a él, que sus ojos brillaban en demasía, cual estrella en pleno nacimiento.

Jamás sintió miedo de él. Su cuerpo había recordado lo que era sentirlo cerca y se estremecía completamente.

Gustavo se desliza, rápidamente por el lugar, encendiendo pocas luces para darle un ambiente de intimidad al momento.

Se desaparece por un instante, cosa que aprovecha Graciela para recorrer el lugar donde estaba. Lo encontró acogedor porque en él había objetos que ella hubiese puesto en su casa. Otros le recordaban momentos vividos. De repente sonó una música suave de Jazz, mientras Gustavo se acercaba con dos vasos de vino seco.

El silencio entre ellos cortaba como bisturí de Cirujano. Tomaron un trago y sus ojos se sumergieron en ese líquido claro y profundo que eran sus miradas.

Gustavo estaba poseído por la locura de un lobo en pleno ataque de deseo por la hembra que tenía al frente. Habían pasado muchos años desde la última vez que la tuvo así, tan cerca.

Recorrió su estrecha cintura con sus brazos y la atrajo hacia él con la sola intención que sintiera cuál elevado estaban sus deseos por ella. Casi la asfixia, hasta que la soltó muy despacio, como quién no quiere dejar ir una flor en primavera. Quedaron por un rato en ese intercambio de sensaciones. Ella ya empezaba a florecer en sus adentros, como preparándose para el advenimiento de un ser de otra galaxia.

Tomaron del mismo vaso. Él, como quien alimenta a un ave, entre besos largos y profundos le introducía en su boca chorros de vino seco, endulzando con su saliva lo fuerte del licor.

La música se colaba por sus sentidos y los invitaba a danzar lentamente.

Comenzaron a deslizarse aquellos besos no entregados, jamás olvidados y que estuvieron encapsulados por décadas en sus almas. Llovían, cual cascada en pleno chubasco mojando todo lo que encontraban a su paso.
Sus bocas ya no eran suficientes. Sus manos ansiaban sus pechos como el niño que busca saciar el hambre de su leche. Los estrujó e intentó sacar el jugo, que era ese líquido blanquecino que lo alimentaría cual crío. Ya no pensaba, sólo su instinto animal era lo que lo dirigía. Graciela era un manejo de gemidos y suspiros, ya estaba entregada completamente a sentir las ansias de Gustavo.

Gustavo, en su delirio se escabulló hacia abajo y levantándole la falda pudo ver esa fruta que tantas veces sació sus ansias y cual fiera que avista su presa, le fue encima y la atrapó con sus dientes haciendo sonidos guturales  parecidos a los de un lobo en pleno ataque.  Graciela dio un grito de dolor pero no fue suficiente para  que la soltara.

“El animal no suelta su presa tan fácilmente por nada del mundo”. Su respiración era profunda y agitada. Sus sentidos se agudizaron aún más al percibir el aroma íntimo de Graciela. Por instinto apretó un poco más esos pulposos labios, que lo mantenían salivando de placer.

Su presa temblaba, al principio trató de soltarse pero entendió que al hacerlo, el dolor se acrecentaba y era sujetada con más fuerza. Por lo que entendió que debía tranquilizarse.

Su aroma de mujer, se mezclaba entre el miedo y el deseo. La situación la mantenía muy excitada y su cuerpo empezaba a segregar ese líquido de placer que humedecía todas sus partes.  Apretaba los dientes, mientras una lágrima se le escapaba. Aligeró el trago que aún persistía en el vaso y se entregó a esa extraña sensación de dolor y placer.

Para ese momento Gustavo estaba borracho de deseo, al saberse triunfador en su cacería. Su presa no intentaría escapar. Ya había entendido que él era el que mandaba y eso lo ponía aún más excitado.

Es por eso que sintiéndose el dueño de la situación, relajó su mandíbula y entre abriendo su boca, dejó salir su lengua, que cual serpiente iría a explorar el terreno, del cual se había apoderado. Pasó rosando los labios aprisionados y sintiéndolos carnosos, apetecibles, enloquecedores, los saboreó por un rato, al momento siguió profundizando su camino al interior de esa cueva.

La respuesta a ese estímulo fue enloquecedor. Graciela sintió que su cuerpo hervía y comenzaba a derretirse por dentro. El temblor de su cuerpo fue más hilarante, esto lo acompañó con un grito de placer, que se oyó por todo el vecindario. Pareció el aullido de una loba en celo.

La lengua continuaba su zigzagueo, mientras estimulaba al clítoris. Fue la locura completa. Sentir la suavidad y humedad en él. Gustavo quería permanecer más tiempo disfrutando de su rigidez y el juego que mantenía mientras lo empujaba de lado a lado.

El camino no había terminado, se adentró a las profundidades que se le ofrecía, sintiendo sus paredes suaves y fuertes.

Ya en ese instante Graciela no pudo aguantar más la explosión de deseos por tan exquisitas caricias y dio riendas sueltas al estallido orgásmico.

Gustavo percibía el remolino de energía que despedía Graciela y subiendo una mano le atrapó los senos erguidos y fuertes, que estaban bañados en sudor profuso.

Tenía la intención de permanecer más tiempo aprisionado su vulva, cuando un manantial caliente llegó hasta su boca.  Su sabor agridulce hizo que él llegara al clímax y soltara su presa, dejándola en plena libertad. Su boca repleta de la miel de ese cuerpo, que se unían a gotas de sangre que salía de los lugares donde, con sus dientes aprisionó más fuerte a Graciela, terminaron por enloquecerlo más.

Los dos cayeron juntos al suelo, mientras convulsionan de placer.

Unas horas bastaron para reponerse. Él le preparó una cena nutritiva y la dejó reposar unas horas.

No fue necesario buscarla. Levantó la mirada de la revista que veía y pudo verla parada en la puerta, con esa divina desnudez que la arropaba, invitándolo a que la siguiera hacia la alcoba.

En ese momento la hizo suya varias veces entrando a sus entrañas con el mayor placer que jamás habían tenido. Lo que no les resultó años atrás, hoy los une de otra forma pero con más fuerza.

Regularmente se encuentran y se aman hasta que el sol aparece. No hay palaras, no hay preguntas, sólo saben que se disfrutan.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de abril de 2018


martes, 10 de abril de 2018

EL TRANSITAR DE UNA SUAVE MELODÍA...





Que te parece mi vida, la luna se ha puesto grande
Mis versos repletos de verbos piden por salir
La brisa trae la suave melodía de un piano
Y yo me provoca conversar.

Hoy te siento más mío que nunca
Y tú no sabrás el por qué te he soltado
Hoy entendí que no hay nuestro
Hoy empiezo amanecer.

Tenía tiempo esperando entender
Cómo distanciarte y olvidarte
No es fácil pero lo lograré
Hoy te suelto y te alejas
Hoy te quedaste y te amé.

Las cosas que pasan en la vida.
Tanto buscar por entre las hojas
La manera más sencilla de no llorar
Y hoy, como el suspiro de un ángel me despedí.

Nuevos rumbos se entrecruzan en mi camino
Otras manos pretenden acariciar mi pensar
Le daré paso a ese que me incita
Para ver cómo te vas.

Pero tranquilo, que al fin conseguiré amar
De la forma que quisimos y no se pudo dar
De ese modo que no obliga ni ata
De esa manera me voy a entregar.


Nuevas palabras y nuevo sentir es lo que presiento
A la vida hay que darle paso y saludar lo que se va
Para recibir lo que llega, con nuevos bríos de amar
Dios te guarde mi amado, presiento que te voy a olvidar.







Carmen Pacheco
@Erotismo10
10 de abril de 2018