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viernes, 26 de julio de 2019

OJOS DE LLUVIA...





La luz se fue asfixiando, los músicos recogían sus instrumentos. El sol, en su parsimonia dejaba caer chispas brillantes sobre los presentes. Las gotas de lluvia desmaquillaban las risas de los rostros, sólo unos ojos grises acompañaban la tristeza del momento. 

Era alta y muy hermosa, sus amigos la llamaban Kate. En pocos días se había convertido en la alegría del Instituto. Su melena roja era sacudida por la fuerte brisa que azotaba su rostro. No se supo dónde llovía más fuerte, si en el jardín o en esos ojos tristes y nublados que se ahogaban en el silencio. Ya era una sombra que se desvanecía lentamente ante el vapor de la tierra. 

La vida había cobrado muy caro su derecho a amar. Ese día asistía a su propio funeral


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
26 de julio de 2019
@Erotismo10








lunes, 25 de marzo de 2019

ELLA ESTABA ENAMORADA...






Ella estaba enamorada. Fue una casualidad que le llegara el amor, pensaba ella pero tú y yo sabemos que la casualidad no existe, que las cosas que nos pasan son por causalidad, principalmente. Ella comenzó a suspirar desde ese momento, cosa que agradecieron, mucho, sus pulmones, su piel, sus órganos, sus ojos, todo lo que conformaba a ese pequeño ser.

En ese instante, recordó que sabía sonreír y se le transformaron sus labios. Sus ojos se dibujaron agraciadamente.  También apareció una pequeña luz, que jugueteaba con sus hermosas pupilas. Su rostro se había transformado en la esperanza de felicidad y amor.
No recordaba el último día en que vio al mundo, a pesar de los vaivenes de los acontecimientos, mecerse entre nubes y canciones. Todo había cambiado, el matiz de los colores era más llamativo, la luz en su ventana semejaban brazos que la invitaban a una caricia, a ese abrazo tan anhelado.

Ella estaba enamorada…

Un día se encontró en una tienda para ropa íntima y con algo de pena, porque pensaba que para ella, el comprarse algo bonito, había pasado su momento. Sin embargo, apretando sus miedos y complejos pidió que le enseñaran la lencería más atractiva que tuvieran. La empleada le mostró diferentes modelos. Por su mente pasaban episodios de su vida por venir donde se reflejaban las ansias de lucir hermosa y apetecible para su amado. Terminó comprando varias prendas, segura que las luciría como esas modelos que salían en las portadas de una revista, se negó a ver la realidad de su peso, del contorno de su cuerpo, que ya no era el bien dibujado cuerpo de una mujer más joven, en fin ella sólo pensaba en seducirlo a él.

Pasó el tiempo y las prendas permanecían en la gaveta de su closet. Muy de vez en cuando las sacaba y las lavaba por el polvo que hubiesen recibido, a pesar de estar bien resguardadas. Seguidamente las volvía a colocar en esa caja de metal que consiguió, donde permanecían envueltas con papel de seda y una pizca de perfume, del que ella usaba.

Otro año más y no había podido exhibir su adquisición más preciosa. Los ojos estaban perdiendo su brillo, su sonrisa estaba siendo opacada por una sombra de tristeza pero ella seguía con la esperanza.

Ella estaba enamorada…

Un día, su corazón no la quiso seguir acompañando y dio unos saltos esquizofrénicos haciendo que se desvaneciera en la cama. Sus ojos daban muestra de saber qué estaba pasando. Comprendió que era su último suspiro el que, con mucha misericordia le permitió dar su adiós definitivo y recordó esos ojos pícaros y risueños, que alguna vez la hicieron vivir el amor más crucial que jamás había tenido. Una sonrisa iluminó su rostro y su mirada volvió a brillar. Por un segundo su piel se tornó tersa y cual mujer enamorada volvió a soñar. -Cuando venga estaré lista para amarlo- y con el poco tiempo que le quedaba lanzó un beso al aire, con la esperanza  que éste le llegue a ese ser que tanto amo y que no pudo olvidar. Una lágrima rueda en silencio por su mejilla mientras su alma vuela hacia otros planos.

Porque… Ella estaba enamorada…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
25 de marzo de 2019

jueves, 21 de febrero de 2019

DESDE MIS ADENTROS...




   
A veces me despierto pensando, no me haces falta, sonrío y me felicito por ese logro. Pero volteo y muy dentro de mí sale una vocecita que me dice “mentirosa, mueres por oler su perfume”

Enderezo el corazón acomodándolo por entre mis senos y levantando el mentón vuelvo a repetir “Hoy no te recuerdo”. Otra vez la vocecita aparece pero ahora con una estruendosa carcajada.

Me volteo y le digo, pero -qué es lo que esperas Manipulando mis decisiones del día-. ¿No ves que estoy dándole fuerza a este corazón que casi desvaría?

Esta vez se desliza por entre mis ojos y hace que vea mi reflejo en el espejo, mientras dice. Dímelo así, viéndonos a los ojos. ¿Es cierto que ya no lo recuerdas? Y bajando la mirada con vergüenza, le digo – tienes razón, aún sigue escondido por entre el caudal de mis venas. Es sólo que agarró otra vía y se ha sumergido por otros lugares de mi cuerpo y no lo percibo.

Silencioso navegas por mi torrente sanguíneo, con un sigilo tal que ni mis mejores radares te pueden detectar. Ahora vas por mi estómago, es lo que llamamos el mariposear del amor. Corriente abajo te agarras a mis trompas y te mantienes erguido y maravillado del poder que tiene ese lugar tan querido. Eres como uno de mis óvulos, que aunque haga el recorrido que le corresponde está seguro que nunca llegará ser fecundado. Pero qué importa mientras sigas navegando por entre mis profundidades y me colmes de vida y esperanza.

No sé si será esta suerte de ilusión que ahora vivo o mis años me llevan a reconocer cuando en verdad es amor lo que siento. Lo que importa es sentirte traspasar mis adentros, como si siempre hubieses formado parte de mis moléculas y células. 

Tú navegas en mí, con el permiso que te da mi Yo, con la seguridad de que eres el navegante más deseado que mar alguno haya  disfrutado. Al pasar por mis pulmones siento que el aire se renueva y mis bocanadas son profundas y excitantes. De un brinco saltas a mis labios y es cuando más necesidad tengo de un beso porque duermes sobre ellos y despiertas el recuerdo de aquel último que me diste y que jamás olvido.

Mi corazón da brincos de emoción porque sabe que muy pronto estarás abrazándolo con amor.

Y vuelves a empezar tu recorrido en mi humanidad y vuelvo a sentirte aún más y puedo gritarle al mundo que...

Te siento, cómo te siento.



Carmen Pacheco
21 febrero de 2019


miércoles, 26 de diciembre de 2018

SE ABRE EL TELÓN...






Ella:                   Dulce y nerviosa
Él:                     Atrevido y ansioso

Ella:                   Teme por lo que le suceda
Él:                     Alardea de su experiencia

Ella:                   Deja caer su ropa lentamente
Él                       La observa como lobo hambriento

Ella:                  Sus pezones erizados brotan como espinas
Él:                     Se agarra a la silla para no asaltarla

Ella:                  Deja caer su brasier como al descuido
Él:                     Lo toma contra su cara e inhala su aroma

Ella:                  Desabrocha su falda, mirándolo de reojo
Él:                     Aplaca la bestia con su mano

Ella:                  Desliza su falda mostrando su liguero negro
Él:                     Se asombra de tan hermoso trasero

Ella:                  Suelta uno a uno los ganchos de sus medias
Él:                     Con sus ojos la acaricia con deseo

Ella:                  Desprende sus medias provocativamente
Él:                     Se desquicia, tiene hambre de ella

Ella:                 Sólo le quedan sus braguitas que rozan su sexo
Él:                    Le salta encima y se las quita a besos

Ella:                 Excitada gime de placer
Él:                    La penetra con furia y la hace estremecer




Al final… ambos, en el suelo, entre espasmos y llanto se retuercen de placer.






Carmen Pacheco
@Erotismo10
26 de diciembre del 2018




miércoles, 21 de noviembre de 2018

HOY TENGO ALBOROTADA EL ALMA...





Alguien me dijo:
“Me gustas como eres”
Y yo le contesté, a mí también, sobre todo cuando despiertan mi lengua, que alborotada dice todo lo que represo en el alma y se convierte en puente del ser, sentir y vivir de mi esperanza.

Hoy tengo alborotada la lengua
Hoy tengo ganas de decir, a los cuatro vientos, esto que me arrulla el corazón
Hoy ando alborotada…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
21 de noviembre de 2018

viernes, 31 de agosto de 2018

¿OYES ESA MELODÍA?



¿Oyes esa melodía?

Es el reflejo de lo que tu alma le hace sentir a la mía.
Es como un paseo por entre las profundidades del Universo.
Es el rozar de las alas de un colibrí, que revolotea sobre mi lengua cuando te acercas a mí.
Es estar elevada por sobre el mundo y sus miserias.
Es permanecer en silencio, mientras una sinfonía deleita mi existir.
Qué importancia tiene si no estás aquí en cuerpo presente
Si en cada arpegio de ese violín, vas despojando mis caretas.
Lo único que deseo es volver a besarte como anoche
Ese beso húmedo y apretado que me diste en sueños
Fue tan verdadero, que desperté tocándome la mejilla
No importa que no estés.
Vives en mí todo el día.
En la brisa que me acaricia.
En el sol que me calienta.
En la lluvia que moja mis deseos.
Y en la paz que me da el saberte vivo.

¿Oyes esa melodía?
Son nuestras almas que se abrazan en pleno amanecer.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
31 de agosto de 2018



miércoles, 29 de agosto de 2018

ERES MI APEGO...





Mujer de caderas redondas
Mujer de piernas torneadas
Cómo no tenerte apego
Si cuando las abres me pierdo.

Mujer de vientre de fuego
Mujer de labios jugosos
Cómo no voy a quererte
Si muero por ese abrazo íntimo.

Mujer de mágica cintura
Mujer que te mueves cual zarandillo
Cómo no voy a querer asirte a mi cuerpo
Si me elevas el alma cuando te siento

Mujer de senos generosos
Con los que diste de mamar hace algún tiempo
Cómo no voy a disfrutarlos
Si solo beber de ellos, siento que me renuevo.

Mujer de boca grandiosa
Mujer de dientes de perla
Mujer que muerde cuando está excitada
Cómo no voy a comérmelos si con ellos me llevas a la gloria

Mujer de ojos marrones
Mujer de pestañas coquetas
Mujer que desnudas al mirar
Cómo no voy a besarlos si en ellos me reflejo.

Oh mujer de mis apegos
Oh mujer de mis amores
Cómo no voy a desearte
Si eres la vida misma aunada a mis errores…




Carmen Pacheco
@Erotismo10

29 de agosto de 2018

lunes, 16 de abril de 2018

FIERAS AL ACECHO…




Había pasado mucho tiempo desde que Graciela y Gustavo se despidieron con un para siempre o hasta nunca, eso no quedó muy claro.

Corrían los días de diciembre, las calles estaban repletas de compradores compulsivos. Las tiendas tenían un Papá Noel, de diferentes características en sus puertas. Nadie estaba pendiente del que pasaba al lado del otro. Se oían villancicos por todos lados. Las luces adornaban las fachadas de los negocios.

En ese ir y venir, alocado de las personas en la calle principal, el destino estaba por jugarles una mala pasada a un hombre y una mujer, que se habían amado mucho pero que sus vidas habían tomado rumbos distintos por la manera diferente ver la vida. Entraron a la misma tienda para comprar algo a sus parejas. Sus ojos se atropellaron como cuando dos trenes fuertes y poderosos en su esencia coalicionan una contra el otro llevando la misma capacidad explosiva en sus tuercas.

Las palabras quedaron ahogadas en el frío de dos bocas abiertas por la sorpresa.

La gente, que por allí caminaban, los empujaba en su frenético paso convulsivo por llegar temprano a sus hogares. Ellos se dejaban llevar y poco a poco estuvieron uno frente al otro. Él le acarició la mejilla y ella, entre cerró los ojos evocando un momento como ése hacía años atrás, en aquellos deliciosos encuentros furtivos.

Como dije no hubo palabras. Gustavo la tomó de la mano y se la llevó como el animal que captura una presa y corre a su guarida para devorarla poco a poco y a su antojo. Graciela se sentía como hoja al viento. Sus pies no percibían el piso, su alma volaba entre risas, música y claxon en la congestionada calle del centro del pueblo. Sólo se dejó llevar, olvidando que esa noche se estaría comprometiendo con Eleazar.

Gustavo recorría la distancia que lo separaba de su casa, a pasos agigantados. La brisa fría que golpeaba su rostro no aminoraba la fiebre, que en ese momento comenzaba a consumirlo.

Ya estaba cerca, cuando una sonrisa maquiavélica había pasado, dibujándose en sus labios.

Graciela se da cuenta que están llegando porque Gustavo aminora la marcha y siente que su vestido ya no lo levanta el viento. Con la respiración sofocada agradece que se haya detenido para poder apoderarse de una bocanada de aire. Su cabello estaba revuelto y en él se habían colado unos polizontes que iluminaban su oscura cabellera.

El ruido de la puerta la hizo volver a la realidad. No cabía ninguna duda, había sido raptada por un loco. Gustavo abre la enorme puerta y la invita a entrar. Graciela nota, al pasar junto a él, que sus ojos brillaban en demasía, cual estrella en pleno nacimiento.

Jamás sintió miedo de él. Su cuerpo había recordado lo que era sentirlo cerca y se estremecía completamente.

Gustavo se desliza, rápidamente por el lugar, encendiendo pocas luces para darle un ambiente de intimidad al momento.

Se desaparece por un instante, cosa que aprovecha Graciela para recorrer el lugar donde estaba. Lo encontró acogedor porque en él había objetos que ella hubiese puesto en su casa. Otros le recordaban momentos vividos. De repente sonó una música suave de Jazz, mientras Gustavo se acercaba con dos vasos de vino seco.

El silencio entre ellos cortaba como bisturí de Cirujano. Tomaron un trago y sus ojos se sumergieron en ese líquido claro y profundo que eran sus miradas.

Gustavo estaba poseído por la locura de un lobo en pleno ataque de deseo por la hembra que tenía al frente. Habían pasado muchos años desde la última vez que la tuvo así, tan cerca.

Recorrió su estrecha cintura con sus brazos y la atrajo hacia él con la sola intención que sintiera cuál elevado estaban sus deseos por ella. Casi la asfixia, hasta que la soltó muy despacio, como quién no quiere dejar ir una flor en primavera. Quedaron por un rato en ese intercambio de sensaciones. Ella ya empezaba a florecer en sus adentros, como preparándose para el advenimiento de un ser de otra galaxia.

Tomaron del mismo vaso. Él, como quien alimenta a un ave, entre besos largos y profundos le introducía en su boca chorros de vino seco, endulzando con su saliva lo fuerte del licor.

La música se colaba por sus sentidos y los invitaba a danzar lentamente.

Comenzaron a deslizarse aquellos besos no entregados, jamás olvidados y que estuvieron encapsulados por décadas en sus almas. Llovían, cual cascada en pleno chubasco mojando todo lo que encontraban a su paso.
Sus bocas ya no eran suficientes. Sus manos ansiaban sus pechos como el niño que busca saciar el hambre de su leche. Los estrujó e intentó sacar el jugo, que era ese líquido blanquecino que lo alimentaría cual crío. Ya no pensaba, sólo su instinto animal era lo que lo dirigía. Graciela era un manejo de gemidos y suspiros, ya estaba entregada completamente a sentir las ansias de Gustavo.

Gustavo, en su delirio se escabulló hacia abajo y levantándole la falda pudo ver esa fruta que tantas veces sació sus ansias y cual fiera que avista su presa, le fue encima y la atrapó con sus dientes haciendo sonidos guturales  parecidos a los de un lobo en pleno ataque.  Graciela dio un grito de dolor pero no fue suficiente para  que la soltara.

“El animal no suelta su presa tan fácilmente por nada del mundo”. Su respiración era profunda y agitada. Sus sentidos se agudizaron aún más al percibir el aroma íntimo de Graciela. Por instinto apretó un poco más esos pulposos labios, que lo mantenían salivando de placer.

Su presa temblaba, al principio trató de soltarse pero entendió que al hacerlo, el dolor se acrecentaba y era sujetada con más fuerza. Por lo que entendió que debía tranquilizarse.

Su aroma de mujer, se mezclaba entre el miedo y el deseo. La situación la mantenía muy excitada y su cuerpo empezaba a segregar ese líquido de placer que humedecía todas sus partes.  Apretaba los dientes, mientras una lágrima se le escapaba. Aligeró el trago que aún persistía en el vaso y se entregó a esa extraña sensación de dolor y placer.

Para ese momento Gustavo estaba borracho de deseo, al saberse triunfador en su cacería. Su presa no intentaría escapar. Ya había entendido que él era el que mandaba y eso lo ponía aún más excitado.

Es por eso que sintiéndose el dueño de la situación, relajó su mandíbula y entre abriendo su boca, dejó salir su lengua, que cual serpiente iría a explorar el terreno, del cual se había apoderado. Pasó rosando los labios aprisionados y sintiéndolos carnosos, apetecibles, enloquecedores, los saboreó por un rato, al momento siguió profundizando su camino al interior de esa cueva.

La respuesta a ese estímulo fue enloquecedor. Graciela sintió que su cuerpo hervía y comenzaba a derretirse por dentro. El temblor de su cuerpo fue más hilarante, esto lo acompañó con un grito de placer, que se oyó por todo el vecindario. Pareció el aullido de una loba en celo.

La lengua continuaba su zigzagueo, mientras estimulaba al clítoris. Fue la locura completa. Sentir la suavidad y humedad en él. Gustavo quería permanecer más tiempo disfrutando de su rigidez y el juego que mantenía mientras lo empujaba de lado a lado.

El camino no había terminado, se adentró a las profundidades que se le ofrecía, sintiendo sus paredes suaves y fuertes.

Ya en ese instante Graciela no pudo aguantar más la explosión de deseos por tan exquisitas caricias y dio riendas sueltas al estallido orgásmico.

Gustavo percibía el remolino de energía que despedía Graciela y subiendo una mano le atrapó los senos erguidos y fuertes, que estaban bañados en sudor profuso.

Tenía la intención de permanecer más tiempo aprisionado su vulva, cuando un manantial caliente llegó hasta su boca.  Su sabor agridulce hizo que él llegara al clímax y soltara su presa, dejándola en plena libertad. Su boca repleta de la miel de ese cuerpo, que se unían a gotas de sangre que salía de los lugares donde, con sus dientes aprisionó más fuerte a Graciela, terminaron por enloquecerlo más.

Los dos cayeron juntos al suelo, mientras convulsionan de placer.

Unas horas bastaron para reponerse. Él le preparó una cena nutritiva y la dejó reposar unas horas.

No fue necesario buscarla. Levantó la mirada de la revista que veía y pudo verla parada en la puerta, con esa divina desnudez que la arropaba, invitándolo a que la siguiera hacia la alcoba.

En ese momento la hizo suya varias veces entrando a sus entrañas con el mayor placer que jamás habían tenido. Lo que no les resultó años atrás, hoy los une de otra forma pero con más fuerza.

Regularmente se encuentran y se aman hasta que el sol aparece. No hay palaras, no hay preguntas, sólo saben que se disfrutan.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de abril de 2018


sábado, 3 de marzo de 2018

EN CAÍDA LIBRE...





Lo único que recuerdo son sus piernas entrelazadas en mi cadera, mientras caíamos vertiginosamente al mar. El viento trataba de desnudarla sacudiendo su blusa de seda y dejando a la vista esos hermosos senos que me habían traído loco desde que la vi en aquella famosa reunión.

Se aferraba a mis pantalones, como si en eso le fuera la vida y a decir verdad, le iba la vida. Lloraba sin consuelo porque estaba muy asustada. Yo sólo la veía ceñida a mi cuerpo y pensé: Este sería un magnífico momento para  poseerla. Está indefensa y no quiere separarse de mí, al contrario, se pega tanto que me encantaría sentir sus caricias donde justo tiene su boca en este momento. Dirán que estoy loco pero es que  esa mujer me traía chiflado y en lo único en que pensaba era en poseerla y hacerla, completamente mía pero para que ustedes vean, estábamos tan cerca y tan lejos a la vez.

Una Semana Atrás con unos amigos….
Jorge ¿qué te parece si nos vamos esta noche al club y conocemos mujeres, de esas que andan buscando compañía?

Jorge era yo. Les contesté que esa noche tenía que reunirme con unos amigos de mi padre en la casa, esas reuniones aburridas, donde sólo se habla de negocios y de cómo sacar del camino al que nos hace la competencia, porque mi padre no es muy limpio, en lo que se llama negocios.

Ya la velada estaba en su apogeo cuando llegué a mi casa. Como se acaban de dar cuenta, aún vivo con mis padres pero eso será por corto tiempo, no se preocupen.

Entré por la puerta trasera, para no encontrarme con la visita, tomando un atajo para subir a la habitación y así darme un buen baño y vestirme para la ocasión. Desde lejos se oían las risas y el choque de copas, que me hacía pensar que todo iba viento en popa.

Al rato bajé para reunirme con los invitados. Siempre fui un perfecto Anfitrión, modestia aparte. Lo llevaba en la sangre. Mis padres acostumbraban hacer fiestas lujosas y pude aprender de ellos un lema “Que si atendías bien a tu invitado, lograbas de él lo que quisieras”

-Jorge- Me saludó mi madre. Al fin has llegado. Todos aquí han estado preguntando por ti. Fui y le di un beso en la mejilla y comencé a saludar a nuestros invitados. Un mesonero se acercaba del lado izquierdo con una copa de champan y aproveché para hacer un brindis de bienvenida.

No había probado bocado en todo el día y me valí del momento para deslizarme hacia la mesa de los entremeses. Allí estaba una chica algo extraña y digo extraña porque no parecía ser el tipo de mujer que visita nuestra casa. Robándome un croissant me fui acercando a ella y al tenerla frente a mí, noté que era muy hermosa. Traté de hacer un encuentro muy casual pero no me salió bien la jugada. Ella ya me había visto llegar y antes de que le dijera algo se presentó, mientras extendía su mano frente a mí.

-Hola, mi nombre es Jésica Carrusco. ¡Hermosa reunión!

Me dejó desarmado en el momento pero reaccioné lo más rápido que pude.

-Hola soy Jorge. Gracias, siempre tratamos que nuestros invitados se sientan muy bien, dejando ver mi mejor sonrisa.

Hubo un instante donde alguien destapó una botella y sonó por toda la habitación y ella volteó para ver lo que pasaba. Allí aproveché para escanearla de pies a cabeza. Llevaba un vestido ceñido a su cadera de color turquesa dejando ver solamente sus tobillos, que me dieron la idea que hacía deporte. Cuando volteó y quedamos de frente, lo que cubría de sus caderas hacia abajo, lo dejaba bastante descubierto, de la cintura hacia arriba.

Yo parecía un perro babeando, con lengua afuera y todo. La parte de arriba del traje tenía un leve escote que mostraba a esas niñas traviesas, que parecían estar bien alimentaditas. Su espalda estaba cubierta por una piel morena, sólo una cadena delgada y con un pequeño dije en la punta, que servía como un peso, acariciando así hasta lo más bajo del escote. Lamentablemente la joven se dio cuenta de mi estupidez y con ojos pícaros me deleitó con una sonrisa.

Salí del trance en que había caído y sintiéndome el más tonto de la fiesta, tartamudeé tratando de llevar la conversación hacia algún tema interesante. Sin embargo no pude escapar de la carcajada que me dedicó Jésica al ver mi atoro en la situación.

Ese día no me importaban los demás invitados y mucho menos los negocios. Esa mujer había quedado prendada en mis ojos y en toda la noche, no hice más que buscarla por todo el lugar. Intercambiando miradas cómplices y provocativas.

A altas horas de la noche, mi padre se dio cuenta que se estaba terminando la bebida y le interesaba mantener el ánimo de sus invitados para poder cerrar un negocio que traía entre manos.  Me hizo señas, mostrándome una botella y le entendí inmediatamente. Bajé al sótano, donde se había construido una pequeña bodega de vinos. Ya abajo noté que no estaba solo y al voltear, me conseguí con una Jésica provocadora, con un vino en una mano y dos copas en la otra. Por supuesto que se me olvidó de inmediato a lo que iba y acercándome donde se encontraba, le dije:

-Tenía tiempo que no probaba una botella de vino en la bodega de mi casa. Ella se movió cual gata, dejando ver el vaivén de sus caderas atrapadas en la tela del traje. No quise perderme ese instante y desistí de avanzar para que ella siguiera acercándose. Era un sueño. Sus pechos libres como aves nocturnas se movían, con la cadencia que da una ola, en la llegada del mar a la playa. Le quité la botella y serví el exquisito vino, entregándole la copa cerquita de su boca. No dejaba de verme en todo momento y sentí su mensaje que llegó rápido como una bofetada en plena madrugada.

La subí a una mesa, mientras la bañaba de enloquecidos besos y mis manos iban descubriendo lo que debajo de su vestido no había. Fue una locura el saberla ligera con su piel desnuda y caliente. Su boca dejaba, en la mía, un elixir de miel que jamás había probado. Era como una droga que te incita a querer más y más de su saliva. La monté en esa mesa, mientras se retorcía de placer y gemidos. Mis manos recorrieron toda su piel ardiente y pude abrigarla con mi cuerpo en cada centímetro de ella.

A lo lejos llegó el sonido de mi nombre, era mi padre que pedía su vino. Nos separamos lentamente, mientras nuestros ojos no dejaban de observarse. No pude dejar de disfrutar cómo se colocaba la tela que medio la cubría. Sus piernas volvieron a quedar bajo el vestido pero sus pechos parecían dos caballos galopando desenfrenadamente por la ardua excitación en que habían estado. Haciendo que mí ser se volviera a despertar, con más ganas de saborearla.

Dando media vuelta y olvidando las copas y la botella subió cual reina triunfadora, luego de haberle dado un jaque mate al Rey. Dentro de mí reí satisfecho de haber sido el Rey que perdió en ese encuentro. Aunque si lo ven bien aquí sólo hubo ganancia.

Días después la conseguí en el aeropuerto haciendo el mismo curso de paracaidismo que yo y volvió a acercase a mí sin dejar espacio de oxígeno para más nadie. Temblé cuando mi cuerpo la rozó.  No sabía cuánto la extrañaba hasta ese momento. Volvió la Dama a tomar las riendas del juego y este Rey estaba feliz de ser, el supuesto perdedor de otra faena más de sexo y amor.

En ese momento en que caíamos, definitivamente había decidido no separarme jamás de esa mujer que, hasta en situaciones extremas, quería bajarme el pantalón.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
03 de marzo de 2018





domingo, 10 de diciembre de 2017

CAMBIANDO DE PIEL...




Hoy Graciela amaneció con la piel áspera, no entendía el porqué de tanta dureza. Dónde ayer había existido suavidad y tonicidad, hoy había agresividad y fiereza.

Sin abrir los ojos, se estiró sobre la cama, para aflojar los músculos y sintió que estaba sobre cáscaras secas. Sentía picazón por las coyunturas por entre los dedos de las manos. Era como si hubiese comido palomitas de maíz y las migajas estuvieran en la cama.

Abrió los ojos y buscó en sus brazos. Observó que estaba en un proceso de cambio de piel. Parecía como si hubiese quedado expuesta a mucho tiempo bajo el sol.

Toda ella semejaba una mandarina con la cáscara cuando la están pelando. Sus orejas se veían secas y agrietadas, le dio miedo seguir observando.

Las piernas se las tocó y una lija, en ese momento era suave al tacto. Sus rodillas imitaban las de un niño que había estado arrastrándose en la tierra.

De la espalda caían hojuelas de piel sobre la cama.

Se puso frente al espejo para tener una mejor visión.

Sus senos perdían piel, como cuando se le cae la corteza a un árbol. También sus pezones estaban agrietados. No era una hermosa escena, podríamos decir que era Dantesca.

Graciela comenzaba a inquietarse y abriendo las piernas, el espejo le devolvió la imagen de una vulva árida y seca. Fue cuando dio un grito de angustia.

No había nadie en la casa. No podía mostrar a su compañera de apartamento lo que le estaba pasando
¿A quién decirle?

Sus redondeadas nalgas estaban en la misma situación, cuando caminaba veía cómo se le iban cayendo trozos de piel muerta.

Comenzó a llorar estaba desesperada. Imaginaba que se había contagiado de alguna horrorosa enfermedad.

Intentó controlarse para poder pensar, qué era lo que estaba pasando con su cuerpo.

Fue cuando recordó, que la noche anterior había tomado una fuerte decisión pero no entendía qué tenía que ver eso con lo que le estaba pasando.

Un poco más serena y sin atrever a tocarse recordó haber pedido sanar su alma y su cuerpo, dado que había terminado con una relación, que definitivamente no era para ella y no podía quitarse de la mente y de su alma ese sentimiento, que la había llenado por un tiempo de momentos hermosos y por eso era infeliz.

Esa noche anterior, había llorado, suplicado e implorado amanecer con un pensamiento y vida completamente distinta. –Pero ¿tendría algo que ver eso con lo de su cuerpo?

Y se dio cuenta que no recordaba el nombre de aquella persona, a la que tanto había amado. Ya no sentía el paso de su mano por su cuerpo. Sus oídos habían dejado de percibir su alma. Fue entonces que se levantó de la cama con una enorme sonrisa en su rostro y dio gracias por haber obrado tan rápidamente en su vida y su desesperación.

Mientras caminaba por su habitación, llena de gozo,  volvió a pasar frente al espejo y al descuido volteó para verse y lo que vio la paralizó. Su cuerpo entero ya no estaba como siempre. La tersura de su piel no era la misma de la noche anterior, había un brillo diferente. Escudriñó cada parte de su hermosa piel y toda ella era de una suavidad completa. Por supuesto que volvió abrir sus hermosas piernas y observó que sus labios estaban tan rosados y tersos como los de una adolescente.

Graciela había pedido sacar de su alma y de su cuerpo, el recuerdo de esa relación que le hacía tanto daño. Sólo que todo ese cambio se estaba generando en el momento en que despertó y pudo observar cómo mudaba de piel, tanto por dentro como por fuera. Le dio la impresión de haberse convertido en una serpiente la noche anterior. Dejó rastros de piel por el suelo, que indicaban una limpieza completa de ese sentimiento que la tenía presa. Ya era otra persona, su piel no albergaba recuerdos de esa pasión, todo había sido borrado en una transformación espeluznante.

Hoy Graciela luce una espléndida piel pero no les hablo de la dermis que llevamos los humanos. Es la piel del espíritu, del alma. Hoy ella volvió a darse el lujo de brillar con esa luz que, la hace más hermosa y atrayente a las cosas buenas. Hoy ríe, con la esperanza de ser feliz y de saberse una mujer renovada capaz de volver a sentir y dar amor a la persona apropiada para ella.




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
10 de diciembre de 2017