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lunes, 29 de julio de 2019

Y tú preguntas?


Quién dijo que yo fui la culpable
Seguro te escapaste por las rendijas de la ilusión
Nunca quise que ésto pasara
Fueron sólo eventos de la pasión.

Tu dijiste que sería hasta que aguantáramos
Pero ya esto no aguanta más
Pensaste que sólo era algo de carne
Y resultó ser más inmortal.

De quién fue la culpa, no se si fue tuya o fue mía
Sólo se que te quise
Sólo sé que te quiero
pero de una cosa estoy segura 
Por este amor yo no me muero...




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
29 de julio del 2019

viernes, 26 de julio de 2019

OJOS DE LLUVIA...





La luz se fue asfixiando, los músicos recogían sus instrumentos. El sol, en su parsimonia dejaba caer chispas brillantes sobre los presentes. Las gotas de lluvia desmaquillaban las risas de los rostros, sólo unos ojos grises acompañaban la tristeza del momento. 

Era alta y muy hermosa, sus amigos la llamaban Kate. En pocos días se había convertido en la alegría del Instituto. Su melena roja era sacudida por la fuerte brisa que azotaba su rostro. No se supo dónde llovía más fuerte, si en el jardín o en esos ojos tristes y nublados que se ahogaban en el silencio. Ya era una sombra que se desvanecía lentamente ante el vapor de la tierra. 

La vida había cobrado muy caro su derecho a amar. Ese día asistía a su propio funeral


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
26 de julio de 2019
@Erotismo10








domingo, 4 de noviembre de 2018

SERÁ EL MOMENTO DE DECIR ADIÓS...





Hoy no quiero esta melancolía
Hoy te siento con no saber qué hacer
No pretendo ser la que te ubique
No quiero dejar de decirte amor

Solo que es tal lo que por ti abrigo
Que me duele, en silencio, el alma desvelada
Sin querer, un manantial cristalino
Se desborda de las cuencas de mis ojos
Como cuando ha llovido en la cabecera de un río.

Y de mi interior sale una pena que no puedo describir
Quizás es la impotencia de no poder alcanzar lo que amo
Puede ser también el saber que camino por senderos sin salida
Y que el laberinto de mis sentimientos ahoga el camino para resurgir

También siento que debes estar solo con tus pensamientos y decisiones
Para que sepas, de una vez por todas, qué es lo que quieres en verdad
Será que llegué a tu vida para reforzar el sendero que crees debes seguir
O para mostrarte que por allí no está tu felicidad

En tus ojos navegan mis ilusiones y esperanzas
En tu boca, en tu boca duerme el fuego que enciendes cuando me besas
Ayer hablaste del no apego, hoy te siento revolotear por mi alma
Tratando de posarte en alguna rama de mis sentimientos
Ayer dijiste que se debe obviar los sentimientos mundanos
Hoy abrazas mi yo interno haciéndote más presente que nunca

Es necesario que te encuentres en la Verdad de tu vida
Qué pide, no tu cuerpo sino tu alma
Por qué le niegas a todo tu ser la alegría de sentir y de vivir
Sólo tú podrás solucionar ese vaivén de sentimientos

Que no es conmigo, qué se le va hacer
Sólo quiero que estés claro en lo que sientes
El amor no pone condiciones ni espera nada a cambio
Yo te amo y no sé cómo sacarte de mis adentros
Si me dices que tu camino es ése y que estás seguro de ello
Será suficiente para mí y trataré de verte como un simple amigo.

Solo recuerda que este corazón palpita por el tuyo
Y que para bien o para mal, el que te alejes o no
Ese colibrí revoloteará siempre a tu alrededor
Recordándote que en algún lugar del mundo
Alguien te amo.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
4 de noviembre de 2018









domingo, 5 de agosto de 2018

QUÉ TONTA FUI…



Hoy estuviste muy cerca
Hoy fue la oportunidad de mi vida
Hoy tu aliento rozó mis pestañas
Hoy tus ojos prometieron amarme

La brisa trajo de regreso tu aroma
El cual conjugaba con el olor de las flores
Sin embargo no se confundían uno con el otro
Porque tú esencia olía a hombre enamorado.

Nuestros ojos se abrazaron
Las manos, cual mariposas aletearon al ritmo de la poesía
Ambos llevábamos la misma música por dentro
Acompañados de horas de silencio.

Prometí no emocionarme
Prometí ser recatada
Prometí mantener nuestros espacios
Prometí que no me verías enamorada.

Pero fue imposible, juro que me lo propuse
Mis ojos desobedecieron esa orden
Mi mente te saboreó como si fueras una tarta exquisita
Hasta que tu alma se colgó a la mía y compartimos los cabellos de un ángel.

Sólo prometo respetar tu decisión
Mantener mi cuerpo varios metros de distancia
Pero por favor no me pidas que no te haga mío
Cada vez que nuestras almas se encuentran.

Fui lenta, llegué a mi casa y me lo recriminé
Debí haberte tomado por el rostro y estampado este beso que muero por darte.
Oh! Mujer y que valiente, cómo pudiste perder esa oportunidad de sentir ese colibrí aletear sobre tu lengua.

Aunque no me vieras más, bien valía la pena
Rozar con la punta de mi lengua la tuya alborotada
Y sentir esa explosión de éxtasis por todo mi cuerpo
¿Que no sabría más de ti? eso qué importa, si eras mío una vez más.

Ese último beso que me diste, lo atesoré entre mis manos
Para luego guardarlo dentro del frasco de mi perfume
Y  así, todos los días, con cada gota de él,  sentir tus labios que saben a miel.







Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
5 de agosto del 2018



jueves, 7 de junio de 2018

CUAL PAVO REAL ME SEDUCE...





Por la plaza se pasea con aire de Pavo Real
Me sonríe y se menea mostrándome su andar
Sólo yo sé de qué se trata
Sólo él sabe que me mata.

Su plumaje es brillante como el oro al amanecer
Pero su pico afilado no deja de entorpecer
Sus patas se mueven a un delicioso compás
Todo él me incita a querer bailar más.

Eso fue en otros tiempos, alcanzé a gritarle
Y él se hace como el que no oye
Así se va acercando más y más a mí respirar
Retrocedo, tengo miedo, no lo puedo aguantar.

Una leve brisa le sacude las plumas
Y de su cuerpo emana ese olor que caricia que reclama
Mis pulmones se impregnan de él
Mis manos corren a atajar mi corazón.

Quién lo diría, mi alma aleteando por un Pavo Real….






Carmen Pacheco
@Erotismo10
08 de junio de 2018


lunes, 16 de abril de 2018

FIERAS AL ACECHO…




Había pasado mucho tiempo desde que Graciela y Gustavo se despidieron con un para siempre o hasta nunca, eso no quedó muy claro.

Corrían los días de diciembre, las calles estaban repletas de compradores compulsivos. Las tiendas tenían un Papá Noel, de diferentes características en sus puertas. Nadie estaba pendiente del que pasaba al lado del otro. Se oían villancicos por todos lados. Las luces adornaban las fachadas de los negocios.

En ese ir y venir, alocado de las personas en la calle principal, el destino estaba por jugarles una mala pasada a un hombre y una mujer, que se habían amado mucho pero que sus vidas habían tomado rumbos distintos por la manera diferente ver la vida. Entraron a la misma tienda para comprar algo a sus parejas. Sus ojos se atropellaron como cuando dos trenes fuertes y poderosos en su esencia coalicionan una contra el otro llevando la misma capacidad explosiva en sus tuercas.

Las palabras quedaron ahogadas en el frío de dos bocas abiertas por la sorpresa.

La gente, que por allí caminaban, los empujaba en su frenético paso convulsivo por llegar temprano a sus hogares. Ellos se dejaban llevar y poco a poco estuvieron uno frente al otro. Él le acarició la mejilla y ella, entre cerró los ojos evocando un momento como ése hacía años atrás, en aquellos deliciosos encuentros furtivos.

Como dije no hubo palabras. Gustavo la tomó de la mano y se la llevó como el animal que captura una presa y corre a su guarida para devorarla poco a poco y a su antojo. Graciela se sentía como hoja al viento. Sus pies no percibían el piso, su alma volaba entre risas, música y claxon en la congestionada calle del centro del pueblo. Sólo se dejó llevar, olvidando que esa noche se estaría comprometiendo con Eleazar.

Gustavo recorría la distancia que lo separaba de su casa, a pasos agigantados. La brisa fría que golpeaba su rostro no aminoraba la fiebre, que en ese momento comenzaba a consumirlo.

Ya estaba cerca, cuando una sonrisa maquiavélica había pasado, dibujándose en sus labios.

Graciela se da cuenta que están llegando porque Gustavo aminora la marcha y siente que su vestido ya no lo levanta el viento. Con la respiración sofocada agradece que se haya detenido para poder apoderarse de una bocanada de aire. Su cabello estaba revuelto y en él se habían colado unos polizontes que iluminaban su oscura cabellera.

El ruido de la puerta la hizo volver a la realidad. No cabía ninguna duda, había sido raptada por un loco. Gustavo abre la enorme puerta y la invita a entrar. Graciela nota, al pasar junto a él, que sus ojos brillaban en demasía, cual estrella en pleno nacimiento.

Jamás sintió miedo de él. Su cuerpo había recordado lo que era sentirlo cerca y se estremecía completamente.

Gustavo se desliza, rápidamente por el lugar, encendiendo pocas luces para darle un ambiente de intimidad al momento.

Se desaparece por un instante, cosa que aprovecha Graciela para recorrer el lugar donde estaba. Lo encontró acogedor porque en él había objetos que ella hubiese puesto en su casa. Otros le recordaban momentos vividos. De repente sonó una música suave de Jazz, mientras Gustavo se acercaba con dos vasos de vino seco.

El silencio entre ellos cortaba como bisturí de Cirujano. Tomaron un trago y sus ojos se sumergieron en ese líquido claro y profundo que eran sus miradas.

Gustavo estaba poseído por la locura de un lobo en pleno ataque de deseo por la hembra que tenía al frente. Habían pasado muchos años desde la última vez que la tuvo así, tan cerca.

Recorrió su estrecha cintura con sus brazos y la atrajo hacia él con la sola intención que sintiera cuál elevado estaban sus deseos por ella. Casi la asfixia, hasta que la soltó muy despacio, como quién no quiere dejar ir una flor en primavera. Quedaron por un rato en ese intercambio de sensaciones. Ella ya empezaba a florecer en sus adentros, como preparándose para el advenimiento de un ser de otra galaxia.

Tomaron del mismo vaso. Él, como quien alimenta a un ave, entre besos largos y profundos le introducía en su boca chorros de vino seco, endulzando con su saliva lo fuerte del licor.

La música se colaba por sus sentidos y los invitaba a danzar lentamente.

Comenzaron a deslizarse aquellos besos no entregados, jamás olvidados y que estuvieron encapsulados por décadas en sus almas. Llovían, cual cascada en pleno chubasco mojando todo lo que encontraban a su paso.
Sus bocas ya no eran suficientes. Sus manos ansiaban sus pechos como el niño que busca saciar el hambre de su leche. Los estrujó e intentó sacar el jugo, que era ese líquido blanquecino que lo alimentaría cual crío. Ya no pensaba, sólo su instinto animal era lo que lo dirigía. Graciela era un manejo de gemidos y suspiros, ya estaba entregada completamente a sentir las ansias de Gustavo.

Gustavo, en su delirio se escabulló hacia abajo y levantándole la falda pudo ver esa fruta que tantas veces sació sus ansias y cual fiera que avista su presa, le fue encima y la atrapó con sus dientes haciendo sonidos guturales  parecidos a los de un lobo en pleno ataque.  Graciela dio un grito de dolor pero no fue suficiente para  que la soltara.

“El animal no suelta su presa tan fácilmente por nada del mundo”. Su respiración era profunda y agitada. Sus sentidos se agudizaron aún más al percibir el aroma íntimo de Graciela. Por instinto apretó un poco más esos pulposos labios, que lo mantenían salivando de placer.

Su presa temblaba, al principio trató de soltarse pero entendió que al hacerlo, el dolor se acrecentaba y era sujetada con más fuerza. Por lo que entendió que debía tranquilizarse.

Su aroma de mujer, se mezclaba entre el miedo y el deseo. La situación la mantenía muy excitada y su cuerpo empezaba a segregar ese líquido de placer que humedecía todas sus partes.  Apretaba los dientes, mientras una lágrima se le escapaba. Aligeró el trago que aún persistía en el vaso y se entregó a esa extraña sensación de dolor y placer.

Para ese momento Gustavo estaba borracho de deseo, al saberse triunfador en su cacería. Su presa no intentaría escapar. Ya había entendido que él era el que mandaba y eso lo ponía aún más excitado.

Es por eso que sintiéndose el dueño de la situación, relajó su mandíbula y entre abriendo su boca, dejó salir su lengua, que cual serpiente iría a explorar el terreno, del cual se había apoderado. Pasó rosando los labios aprisionados y sintiéndolos carnosos, apetecibles, enloquecedores, los saboreó por un rato, al momento siguió profundizando su camino al interior de esa cueva.

La respuesta a ese estímulo fue enloquecedor. Graciela sintió que su cuerpo hervía y comenzaba a derretirse por dentro. El temblor de su cuerpo fue más hilarante, esto lo acompañó con un grito de placer, que se oyó por todo el vecindario. Pareció el aullido de una loba en celo.

La lengua continuaba su zigzagueo, mientras estimulaba al clítoris. Fue la locura completa. Sentir la suavidad y humedad en él. Gustavo quería permanecer más tiempo disfrutando de su rigidez y el juego que mantenía mientras lo empujaba de lado a lado.

El camino no había terminado, se adentró a las profundidades que se le ofrecía, sintiendo sus paredes suaves y fuertes.

Ya en ese instante Graciela no pudo aguantar más la explosión de deseos por tan exquisitas caricias y dio riendas sueltas al estallido orgásmico.

Gustavo percibía el remolino de energía que despedía Graciela y subiendo una mano le atrapó los senos erguidos y fuertes, que estaban bañados en sudor profuso.

Tenía la intención de permanecer más tiempo aprisionado su vulva, cuando un manantial caliente llegó hasta su boca.  Su sabor agridulce hizo que él llegara al clímax y soltara su presa, dejándola en plena libertad. Su boca repleta de la miel de ese cuerpo, que se unían a gotas de sangre que salía de los lugares donde, con sus dientes aprisionó más fuerte a Graciela, terminaron por enloquecerlo más.

Los dos cayeron juntos al suelo, mientras convulsionan de placer.

Unas horas bastaron para reponerse. Él le preparó una cena nutritiva y la dejó reposar unas horas.

No fue necesario buscarla. Levantó la mirada de la revista que veía y pudo verla parada en la puerta, con esa divina desnudez que la arropaba, invitándolo a que la siguiera hacia la alcoba.

En ese momento la hizo suya varias veces entrando a sus entrañas con el mayor placer que jamás habían tenido. Lo que no les resultó años atrás, hoy los une de otra forma pero con más fuerza.

Regularmente se encuentran y se aman hasta que el sol aparece. No hay palaras, no hay preguntas, sólo saben que se disfrutan.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de abril de 2018


sábado, 24 de marzo de 2018

WHO ARE YOU…



Who are you, who keep my mouth longing?
Who are you, that you remain tattooed in my senses?
Who are you, that without asking permission you persist in my dreams?
Who are you, to caress my soul without meaning?


Who are you, to sleep beside me caressing my folds?
Who are you; you have other possibilities at risk
Who are you, who silently love me?
Who are you, that in the distance I wait for you?

Who are you, that you entered my world turning it upside down?
Who are you, to for walk naked for all my life?
Who are you, that without asking you put your wings on my tongue?
Giving me the miserable hope of a I love you

Tell me, who are you?




Carmen Pacheco
Lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
March 23, 2018

sábado, 3 de marzo de 2018

EN CAÍDA LIBRE...





Lo único que recuerdo son sus piernas entrelazadas en mi cadera, mientras caíamos vertiginosamente al mar. El viento trataba de desnudarla sacudiendo su blusa de seda y dejando a la vista esos hermosos senos que me habían traído loco desde que la vi en aquella famosa reunión.

Se aferraba a mis pantalones, como si en eso le fuera la vida y a decir verdad, le iba la vida. Lloraba sin consuelo porque estaba muy asustada. Yo sólo la veía ceñida a mi cuerpo y pensé: Este sería un magnífico momento para  poseerla. Está indefensa y no quiere separarse de mí, al contrario, se pega tanto que me encantaría sentir sus caricias donde justo tiene su boca en este momento. Dirán que estoy loco pero es que  esa mujer me traía chiflado y en lo único en que pensaba era en poseerla y hacerla, completamente mía pero para que ustedes vean, estábamos tan cerca y tan lejos a la vez.

Una Semana Atrás con unos amigos….
Jorge ¿qué te parece si nos vamos esta noche al club y conocemos mujeres, de esas que andan buscando compañía?

Jorge era yo. Les contesté que esa noche tenía que reunirme con unos amigos de mi padre en la casa, esas reuniones aburridas, donde sólo se habla de negocios y de cómo sacar del camino al que nos hace la competencia, porque mi padre no es muy limpio, en lo que se llama negocios.

Ya la velada estaba en su apogeo cuando llegué a mi casa. Como se acaban de dar cuenta, aún vivo con mis padres pero eso será por corto tiempo, no se preocupen.

Entré por la puerta trasera, para no encontrarme con la visita, tomando un atajo para subir a la habitación y así darme un buen baño y vestirme para la ocasión. Desde lejos se oían las risas y el choque de copas, que me hacía pensar que todo iba viento en popa.

Al rato bajé para reunirme con los invitados. Siempre fui un perfecto Anfitrión, modestia aparte. Lo llevaba en la sangre. Mis padres acostumbraban hacer fiestas lujosas y pude aprender de ellos un lema “Que si atendías bien a tu invitado, lograbas de él lo que quisieras”

-Jorge- Me saludó mi madre. Al fin has llegado. Todos aquí han estado preguntando por ti. Fui y le di un beso en la mejilla y comencé a saludar a nuestros invitados. Un mesonero se acercaba del lado izquierdo con una copa de champan y aproveché para hacer un brindis de bienvenida.

No había probado bocado en todo el día y me valí del momento para deslizarme hacia la mesa de los entremeses. Allí estaba una chica algo extraña y digo extraña porque no parecía ser el tipo de mujer que visita nuestra casa. Robándome un croissant me fui acercando a ella y al tenerla frente a mí, noté que era muy hermosa. Traté de hacer un encuentro muy casual pero no me salió bien la jugada. Ella ya me había visto llegar y antes de que le dijera algo se presentó, mientras extendía su mano frente a mí.

-Hola, mi nombre es Jésica Carrusco. ¡Hermosa reunión!

Me dejó desarmado en el momento pero reaccioné lo más rápido que pude.

-Hola soy Jorge. Gracias, siempre tratamos que nuestros invitados se sientan muy bien, dejando ver mi mejor sonrisa.

Hubo un instante donde alguien destapó una botella y sonó por toda la habitación y ella volteó para ver lo que pasaba. Allí aproveché para escanearla de pies a cabeza. Llevaba un vestido ceñido a su cadera de color turquesa dejando ver solamente sus tobillos, que me dieron la idea que hacía deporte. Cuando volteó y quedamos de frente, lo que cubría de sus caderas hacia abajo, lo dejaba bastante descubierto, de la cintura hacia arriba.

Yo parecía un perro babeando, con lengua afuera y todo. La parte de arriba del traje tenía un leve escote que mostraba a esas niñas traviesas, que parecían estar bien alimentaditas. Su espalda estaba cubierta por una piel morena, sólo una cadena delgada y con un pequeño dije en la punta, que servía como un peso, acariciando así hasta lo más bajo del escote. Lamentablemente la joven se dio cuenta de mi estupidez y con ojos pícaros me deleitó con una sonrisa.

Salí del trance en que había caído y sintiéndome el más tonto de la fiesta, tartamudeé tratando de llevar la conversación hacia algún tema interesante. Sin embargo no pude escapar de la carcajada que me dedicó Jésica al ver mi atoro en la situación.

Ese día no me importaban los demás invitados y mucho menos los negocios. Esa mujer había quedado prendada en mis ojos y en toda la noche, no hice más que buscarla por todo el lugar. Intercambiando miradas cómplices y provocativas.

A altas horas de la noche, mi padre se dio cuenta que se estaba terminando la bebida y le interesaba mantener el ánimo de sus invitados para poder cerrar un negocio que traía entre manos.  Me hizo señas, mostrándome una botella y le entendí inmediatamente. Bajé al sótano, donde se había construido una pequeña bodega de vinos. Ya abajo noté que no estaba solo y al voltear, me conseguí con una Jésica provocadora, con un vino en una mano y dos copas en la otra. Por supuesto que se me olvidó de inmediato a lo que iba y acercándome donde se encontraba, le dije:

-Tenía tiempo que no probaba una botella de vino en la bodega de mi casa. Ella se movió cual gata, dejando ver el vaivén de sus caderas atrapadas en la tela del traje. No quise perderme ese instante y desistí de avanzar para que ella siguiera acercándose. Era un sueño. Sus pechos libres como aves nocturnas se movían, con la cadencia que da una ola, en la llegada del mar a la playa. Le quité la botella y serví el exquisito vino, entregándole la copa cerquita de su boca. No dejaba de verme en todo momento y sentí su mensaje que llegó rápido como una bofetada en plena madrugada.

La subí a una mesa, mientras la bañaba de enloquecidos besos y mis manos iban descubriendo lo que debajo de su vestido no había. Fue una locura el saberla ligera con su piel desnuda y caliente. Su boca dejaba, en la mía, un elixir de miel que jamás había probado. Era como una droga que te incita a querer más y más de su saliva. La monté en esa mesa, mientras se retorcía de placer y gemidos. Mis manos recorrieron toda su piel ardiente y pude abrigarla con mi cuerpo en cada centímetro de ella.

A lo lejos llegó el sonido de mi nombre, era mi padre que pedía su vino. Nos separamos lentamente, mientras nuestros ojos no dejaban de observarse. No pude dejar de disfrutar cómo se colocaba la tela que medio la cubría. Sus piernas volvieron a quedar bajo el vestido pero sus pechos parecían dos caballos galopando desenfrenadamente por la ardua excitación en que habían estado. Haciendo que mí ser se volviera a despertar, con más ganas de saborearla.

Dando media vuelta y olvidando las copas y la botella subió cual reina triunfadora, luego de haberle dado un jaque mate al Rey. Dentro de mí reí satisfecho de haber sido el Rey que perdió en ese encuentro. Aunque si lo ven bien aquí sólo hubo ganancia.

Días después la conseguí en el aeropuerto haciendo el mismo curso de paracaidismo que yo y volvió a acercase a mí sin dejar espacio de oxígeno para más nadie. Temblé cuando mi cuerpo la rozó.  No sabía cuánto la extrañaba hasta ese momento. Volvió la Dama a tomar las riendas del juego y este Rey estaba feliz de ser, el supuesto perdedor de otra faena más de sexo y amor.

En ese momento en que caíamos, definitivamente había decidido no separarme jamás de esa mujer que, hasta en situaciones extremas, quería bajarme el pantalón.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
03 de marzo de 2018





sábado, 13 de enero de 2018

SÉ MÍO POR HOY...




Qué tal si hoy te miro
Qué tal si hoy me besas
Que te parece si nos encontramos
Que te parece si nos abrazamos.

Hoy te anhelo
Hoy te extraño
Hoy te respiro
Hoy muero por un beso.

Mañana será otro día
Volveremos a fingir que no nos conocemos
Encontraremos mil excusas para no llamarnos
Volveremos a enmudecer esto que sentimos.

Pero hoy, hoy quiero hacerte el amor
Hoy quiero tenerte entre mis sábanas
Enredado entre mis piernas
Sintiendo tu respiración agitada.

Hoy quiero navegar sobre tu lengua
Elevar mi espíritu hasta lo más alto
Sentirte en mis adentros
Volverme loca porque te siento.

 Hoy quiero hacerte mío...





Carmen Pacheco
@Erotismo10
13 de enero de 2018