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lunes, 29 de julio de 2019

Y tú preguntas?


Quién dijo que yo fui la culpable
Seguro te escapaste por las rendijas de la ilusión
Nunca quise que ésto pasara
Fueron sólo eventos de la pasión.

Tu dijiste que sería hasta que aguantáramos
Pero ya esto no aguanta más
Pensaste que sólo era algo de carne
Y resultó ser más inmortal.

De quién fue la culpa, no se si fue tuya o fue mía
Sólo se que te quise
Sólo sé que te quiero
pero de una cosa estoy segura 
Por este amor yo no me muero...




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
29 de julio del 2019

lunes, 23 de abril de 2018

MEDITANDO...




Que delicia fue sentir recorrer tu perfume por mi cuerpo
Qué maravilla fue volver a ver esos ojos pícaros de niño travieso
Qué mágico fue ese pequeño instante
Qué bien me hizo el verte.

Hoy sentada en mí compartida soledad
Llega hasta mí, la dulzura de la paz,
El regocijo completo del que aún se maravilla
Hoy se abre la verdad de mi realidad
Hoy puedo decirte que ya no estás.

Ese compartir de almas,
Que aunque lejos se percibían,
Ya no existe
Tu yo, ya no revolotea por mis alrededores
Y no me da tristeza.

Lo que vivimos fue intenso
Lo que sentimos fue maravilloso
Llegamos para aprender algo del otro
Lo creo porque fue efímero.

Oh! Qué bueno es rescatar la estabilidad emocional
Que felicidad es esperar otros amaneceres
Tu aroma, que envolvió mis sentidos y mi alma
Posiblemente encontrará puestas de sol nuevas y menos complicadas.

Hoy con la tranquilidad que me da el ser libre
Me despido con un "gracias" porque fuiste maravilloso
Una melodía en el piano eleva mi ser a otros mundos
Y me digo "volaré de nuevo".


“Sólo el tiempo lo cura todo”





Carmen Pacheco
@Erotismo10
23 de abril de 2018

lunes, 16 de abril de 2018

FIERAS AL ACECHO…




Había pasado mucho tiempo desde que Graciela y Gustavo se despidieron con un para siempre o hasta nunca, eso no quedó muy claro.

Corrían los días de diciembre, las calles estaban repletas de compradores compulsivos. Las tiendas tenían un Papá Noel, de diferentes características en sus puertas. Nadie estaba pendiente del que pasaba al lado del otro. Se oían villancicos por todos lados. Las luces adornaban las fachadas de los negocios.

En ese ir y venir, alocado de las personas en la calle principal, el destino estaba por jugarles una mala pasada a un hombre y una mujer, que se habían amado mucho pero que sus vidas habían tomado rumbos distintos por la manera diferente ver la vida. Entraron a la misma tienda para comprar algo a sus parejas. Sus ojos se atropellaron como cuando dos trenes fuertes y poderosos en su esencia coalicionan una contra el otro llevando la misma capacidad explosiva en sus tuercas.

Las palabras quedaron ahogadas en el frío de dos bocas abiertas por la sorpresa.

La gente, que por allí caminaban, los empujaba en su frenético paso convulsivo por llegar temprano a sus hogares. Ellos se dejaban llevar y poco a poco estuvieron uno frente al otro. Él le acarició la mejilla y ella, entre cerró los ojos evocando un momento como ése hacía años atrás, en aquellos deliciosos encuentros furtivos.

Como dije no hubo palabras. Gustavo la tomó de la mano y se la llevó como el animal que captura una presa y corre a su guarida para devorarla poco a poco y a su antojo. Graciela se sentía como hoja al viento. Sus pies no percibían el piso, su alma volaba entre risas, música y claxon en la congestionada calle del centro del pueblo. Sólo se dejó llevar, olvidando que esa noche se estaría comprometiendo con Eleazar.

Gustavo recorría la distancia que lo separaba de su casa, a pasos agigantados. La brisa fría que golpeaba su rostro no aminoraba la fiebre, que en ese momento comenzaba a consumirlo.

Ya estaba cerca, cuando una sonrisa maquiavélica había pasado, dibujándose en sus labios.

Graciela se da cuenta que están llegando porque Gustavo aminora la marcha y siente que su vestido ya no lo levanta el viento. Con la respiración sofocada agradece que se haya detenido para poder apoderarse de una bocanada de aire. Su cabello estaba revuelto y en él se habían colado unos polizontes que iluminaban su oscura cabellera.

El ruido de la puerta la hizo volver a la realidad. No cabía ninguna duda, había sido raptada por un loco. Gustavo abre la enorme puerta y la invita a entrar. Graciela nota, al pasar junto a él, que sus ojos brillaban en demasía, cual estrella en pleno nacimiento.

Jamás sintió miedo de él. Su cuerpo había recordado lo que era sentirlo cerca y se estremecía completamente.

Gustavo se desliza, rápidamente por el lugar, encendiendo pocas luces para darle un ambiente de intimidad al momento.

Se desaparece por un instante, cosa que aprovecha Graciela para recorrer el lugar donde estaba. Lo encontró acogedor porque en él había objetos que ella hubiese puesto en su casa. Otros le recordaban momentos vividos. De repente sonó una música suave de Jazz, mientras Gustavo se acercaba con dos vasos de vino seco.

El silencio entre ellos cortaba como bisturí de Cirujano. Tomaron un trago y sus ojos se sumergieron en ese líquido claro y profundo que eran sus miradas.

Gustavo estaba poseído por la locura de un lobo en pleno ataque de deseo por la hembra que tenía al frente. Habían pasado muchos años desde la última vez que la tuvo así, tan cerca.

Recorrió su estrecha cintura con sus brazos y la atrajo hacia él con la sola intención que sintiera cuál elevado estaban sus deseos por ella. Casi la asfixia, hasta que la soltó muy despacio, como quién no quiere dejar ir una flor en primavera. Quedaron por un rato en ese intercambio de sensaciones. Ella ya empezaba a florecer en sus adentros, como preparándose para el advenimiento de un ser de otra galaxia.

Tomaron del mismo vaso. Él, como quien alimenta a un ave, entre besos largos y profundos le introducía en su boca chorros de vino seco, endulzando con su saliva lo fuerte del licor.

La música se colaba por sus sentidos y los invitaba a danzar lentamente.

Comenzaron a deslizarse aquellos besos no entregados, jamás olvidados y que estuvieron encapsulados por décadas en sus almas. Llovían, cual cascada en pleno chubasco mojando todo lo que encontraban a su paso.
Sus bocas ya no eran suficientes. Sus manos ansiaban sus pechos como el niño que busca saciar el hambre de su leche. Los estrujó e intentó sacar el jugo, que era ese líquido blanquecino que lo alimentaría cual crío. Ya no pensaba, sólo su instinto animal era lo que lo dirigía. Graciela era un manejo de gemidos y suspiros, ya estaba entregada completamente a sentir las ansias de Gustavo.

Gustavo, en su delirio se escabulló hacia abajo y levantándole la falda pudo ver esa fruta que tantas veces sació sus ansias y cual fiera que avista su presa, le fue encima y la atrapó con sus dientes haciendo sonidos guturales  parecidos a los de un lobo en pleno ataque.  Graciela dio un grito de dolor pero no fue suficiente para  que la soltara.

“El animal no suelta su presa tan fácilmente por nada del mundo”. Su respiración era profunda y agitada. Sus sentidos se agudizaron aún más al percibir el aroma íntimo de Graciela. Por instinto apretó un poco más esos pulposos labios, que lo mantenían salivando de placer.

Su presa temblaba, al principio trató de soltarse pero entendió que al hacerlo, el dolor se acrecentaba y era sujetada con más fuerza. Por lo que entendió que debía tranquilizarse.

Su aroma de mujer, se mezclaba entre el miedo y el deseo. La situación la mantenía muy excitada y su cuerpo empezaba a segregar ese líquido de placer que humedecía todas sus partes.  Apretaba los dientes, mientras una lágrima se le escapaba. Aligeró el trago que aún persistía en el vaso y se entregó a esa extraña sensación de dolor y placer.

Para ese momento Gustavo estaba borracho de deseo, al saberse triunfador en su cacería. Su presa no intentaría escapar. Ya había entendido que él era el que mandaba y eso lo ponía aún más excitado.

Es por eso que sintiéndose el dueño de la situación, relajó su mandíbula y entre abriendo su boca, dejó salir su lengua, que cual serpiente iría a explorar el terreno, del cual se había apoderado. Pasó rosando los labios aprisionados y sintiéndolos carnosos, apetecibles, enloquecedores, los saboreó por un rato, al momento siguió profundizando su camino al interior de esa cueva.

La respuesta a ese estímulo fue enloquecedor. Graciela sintió que su cuerpo hervía y comenzaba a derretirse por dentro. El temblor de su cuerpo fue más hilarante, esto lo acompañó con un grito de placer, que se oyó por todo el vecindario. Pareció el aullido de una loba en celo.

La lengua continuaba su zigzagueo, mientras estimulaba al clítoris. Fue la locura completa. Sentir la suavidad y humedad en él. Gustavo quería permanecer más tiempo disfrutando de su rigidez y el juego que mantenía mientras lo empujaba de lado a lado.

El camino no había terminado, se adentró a las profundidades que se le ofrecía, sintiendo sus paredes suaves y fuertes.

Ya en ese instante Graciela no pudo aguantar más la explosión de deseos por tan exquisitas caricias y dio riendas sueltas al estallido orgásmico.

Gustavo percibía el remolino de energía que despedía Graciela y subiendo una mano le atrapó los senos erguidos y fuertes, que estaban bañados en sudor profuso.

Tenía la intención de permanecer más tiempo aprisionado su vulva, cuando un manantial caliente llegó hasta su boca.  Su sabor agridulce hizo que él llegara al clímax y soltara su presa, dejándola en plena libertad. Su boca repleta de la miel de ese cuerpo, que se unían a gotas de sangre que salía de los lugares donde, con sus dientes aprisionó más fuerte a Graciela, terminaron por enloquecerlo más.

Los dos cayeron juntos al suelo, mientras convulsionan de placer.

Unas horas bastaron para reponerse. Él le preparó una cena nutritiva y la dejó reposar unas horas.

No fue necesario buscarla. Levantó la mirada de la revista que veía y pudo verla parada en la puerta, con esa divina desnudez que la arropaba, invitándolo a que la siguiera hacia la alcoba.

En ese momento la hizo suya varias veces entrando a sus entrañas con el mayor placer que jamás habían tenido. Lo que no les resultó años atrás, hoy los une de otra forma pero con más fuerza.

Regularmente se encuentran y se aman hasta que el sol aparece. No hay palaras, no hay preguntas, sólo saben que se disfrutan.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de abril de 2018


sábado, 24 de marzo de 2018

DIME QUIÉN ERES...




Quién eres, que mantienes mi boca anhelante
Quién eres, que permaneces tatuado en mis sentidos
Quién eres, que sin pedir permiso persistes en mis sueños
Quién eres, para acariciar mi alma sin sentido. 

Quién eres, para dormir a mi lado rozando mis pliegues
Quién eres, que tienes a raya otras posibilidades
Quién eres, que en silencio me amas
Quién eres, que en la distancia te espero.


Quién eres, que entraste en mi mundo volteándolo patas arriba
Quién eres, para pasearte desnudo por toda  mi vida
Quién eres, que sin pedirlo posas tus alas sobre mi lengua
Dándome la mísera esperanza de un te quiero

Dime ¿Quién eres?






Carmen Pacheco
23 de marzo de 2018



domingo, 11 de marzo de 2018

CUANDO MI GUITARRA LLORÓ...




Llego hasta mi eterna compañera y agarrándola por la cintura empiezo a sacarle acordes que me hacen recordarte en lo más íntimo de mi ser.

Mi imaginación vuela sobre las cuerdas de mi guitarra y tu risa forma parte de mis recuerdos.

No entiendo el porqué de los acontecimientos. No sé si fui yo en mi eterna insensatez o fuiste tú en tu extremada paciencia para conmigo.

Hoy sabiéndote tan lejos quiero que sepas que entre nosotros no hay distancia y mucho menos olvido.

En cada trazo que le doy a mi sonora amiga, recuerdo la forma sencilla en que te entregaste a mí. En mi delirio puedo ver cómo dejas caer tu bata por el suelo y con esa forma gatuna que tenías de deslizarte descalza por todos los rincones de nuestra casa fue el frenesí más grande que había vivido. Eras un sueño hecho realidad

Doy otra nota más alta y es cuando te veo entrar a nuestra alcoba y mi mano enloquecida produce un arpegio rápido y delirante. En mi locura te vi recostar la cabeza sobre la almohada, mientras tus dedos se deslizaban por tus senos, provocándome hasta la locura.

Ya mi compañera retumba de ansias cuando me ve entrar a ese lecho para asaltar tu virginidad como un loco febril, que con los ojos empañados de alegría empieza a devorar cada parte de ese amado cuerpo.

Las notas pasan a ser más graves porque de lejos veo cómo me adentro a tu juventud inocente y disfruto de tus primaverales jugos.

Cada trazo que sale de mi guitarra es un gemido de placer que brota desde tu garganta cual trinar de aves. No puedo dejar de tocar, no quiero dejar de oírte porque es la vida misma la que estoy tomando de tu fuente.

Perdona pero los ojos se me han nublado y tengo que secarlos.

Sigo fustigando las cuerdas y logro oír un acompañamiento suave de violines, cuando en un momento abres paso dando, dándome así el permiso para penetrar ese territorio inexplorado. Llegué hasta la gloria. Fui objeto del mayor regalo que un hombre puede recibir. Temblaste entre mis brazos y tu respiración era tan agitada que pensé en darte tiempo o reposo pero no me lo permitiste. Sentías la fuerza de un hombre dentro de ti y eso te hizo briosa y audaz.

Un hilo rojo se dejó escurrir por entre tus muslos mientras me salía de tus comarcas, que ahora eran mías.

Ya cansado y con lágrimas rodando por mis mejillas, le di los últimos acordes a mi guitarra mientras recordaba que definitivamente había sido yo el culpable de que hoy no estés en mi lecho.

Si por casualidad llegase a tus oídos esta canción que ahora escribo estoy seguro que no tendrás dudas de saber el nombre del autor ya que en ella verás reflejada mi torpeza de perderte.

Esa fue la última canción con que la guitarra me acompañó porque al terminar, sus cuerdas explotaron de dolor. Ahora a ella tampoco la podré abrazar por su cintura para hacerla suspirar con mis canciones.


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10



domingo, 29 de octubre de 2017

APRESURANDO EL TIEMPO…



Vuela tiempo vuela
Llévate mis cuitas bien lejos
Serpentea cual dragón henchido
Lanzando luces de vida al aire

Vuela tiempo vuela
No repares en mi dolor
Que me han dicho que tú lo curas todo
Y es por eso que no le pongo atención.

Vuela tiempo vuela
Que en tu lomo llevas mi aliento
Aferrado a tus crines
Mientras me llega su pensamiento

Vuela tiempo vuela
Que sólo la esperanza persiste
Para olvidar aquel amor
Que no sabe que existes

Vuela tiempo vuela
Y muéstrame tus sorpresas
Dime que volveré amar
¿No ves que estoy triste?

Vuela tiempo vuela
Que en tu volar retorne mi alegría
Es el tesoro de mi alma
Es mi ilusión y algarabía.

¡Vuela tiempo…Por favor vuela!




Carmen Pacheco
@Erotismo10
29 de octubre del 2017



lunes, 23 de octubre de 2017

You were a vision of love...





It was a sunny afternoon. They had forecast winds and cloudy skies. The sun ignored the predictions and kept the atmosphere warm and bright.

I was walking along the boulevard of San Marino, when I saw a woman who moving at her pace. Her skirt, soft like a butterfly's wing, clung to her hips, revealing rounded buttocks, which, at the strong wobble of her hips, performed a dance like drums in the jungle. It was a delight the sight that was offered at the time but I had to cross to another corner to go to the meeting place with friends. Suddenly, a strong breeze hit the folds of her skirt and it began to flutter madly, like a flag flying. You had some boxes in your hands and you did not know what to do at the moment. The scene had become a magical and sexual experience. I could see your delicate panties that matched your blouse. They were of a black lace, very delicate, that framed exquisitely the roundness of your jewel.

You were still undecided, if you dropped the boxes or grabbed your skirt. You turned around on the spot and in that way I noticed your legs turned and delicate skin, which I thought of as an Amazon. Strong and outlined. He was certain they would take a beating from this spirited steed.

At last you decided to release the boxes and with the face red for the pain of knowing you observed to you covered your legs. In that moment I loved you.

I thought-what a pity, I would have liked to keep watching you fight the wind-when suddenly a breath of hot air was let slip between your legs and immediately, with the face decomposed delirium, gave way to the feeling that this air left you . It was as if a mouth had risen to your mountain ranges and made your whole being gleaned with pleasure. Since your hands touched those exquisite breasts like pigeons that wish to fly and without remembering where you were, you delighted in the soft and warm sensation that gave you that flash of breeze. I had been perplexed by the scene before me. He could not believe what he was sharing at the time. My hunger for man rose like a rooster in full dawn. I wanted to hug you and kiss those fleshy lips, which were in the middle of the street giving the first one that caught them. Woman i wanted to make you mine. But it all happened as fast as it started and you grabbed your boxes and kept walking as if nothing had happened. While I, behind you, I was dying to have you. You never knew my anguish, my sorrow. Only if you read these words, will you identify with them.

I ran to my house went to the bathroom  with your image in my mind. I gave free rein to my desires and for a moment y had you whole for me. Your skirt I made mine. From your breasts sprouted lilies and carnations. Greater was my feeling, when I gave vent to my fantasy and tried that honey that ran between your legs. It was a delight that I lived, until I realized that you will never know what your skirt and the wind did with this desire to make you mine.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@ Eroticism10

October 23, 2017

martes, 9 de agosto de 2016

UNA SILUETA BAJO MIS SÁBANAS...




Me encuentro en esos días de fogosidad literaria y recostada en mi cama, lo veo respirar plácidamente. – Su aliento se escapa por entre sus abiertos labios y es una especie de calidez pegajosa, que incita a saborearla. Es un aroma como aquellos dulces que le llamábamos “Melcocha” y que dejaban siempre la sensación de querer seguir estirándose, hasta alargarlos en toda su extensión, dejando al aire su dulce y aromática tersura.

Su pequeña barba  bordea esos labios, tan deseados. Le dan un aspecto de hombre de letras, de esos que subyugan con su profundidad de ideas y verborrea. Me excitan las mentes brillantes.


No puedo dejar de observarlo. Siento que, no solamente mi cama ha sido abordada, con piratas en plena alta mar. Mi alma se alegra de que ese ser de las mil facetas, haya logrado asaltar esa solitaria extensión, cuando mi tripulación había desestimado la perseverancia de tan arrojado ser.


Días atrás, en mi alcoba no se respiraba otro tipo de olor, que no fuese el de la persona que, día a día, lo ocupaba. Sólo, algunas veces podía percibir el aroma de los silencios y de la atractiva pero maléfica Soledad.


Puedo hacer una retrospectiva, muy reciente de dos semanas, por ejemplo y al unirla a la de este momento, cuando observo el movimiento acompasado de su respiración, me indica que no estoy sola. Puedo ver cómo se va transformando o mejor dicho, cómo se va rellenando, una parte de la sábana que cubre este desnudo y deseoso cuerpo. 


Ante mis ojos se manifiesta una forma de nacimiento a mi lado. No me da miedo, solo es incredulidad al ver cómo emerge por debajo de la sábana la forma de una persona. 


Si pudiéramos unir esos dos tiempos  podríamos hacer una buena secuencia desde la soledad hacia la locura más grande y sentir ese cuerpo caliente, que hoy ocupa el otro lado de la cama.


El anhelo ha sido abrigado. Sus manos rodean ese ser sintiendo su temperatura afiebrado y jadeante, con una multiplicidad de sensaciones y sentimientos. Su voz ronca, aunque anda con un poquito de gripe, me suena como el gato que siempre quise tener ronroneándose en mis oídos.


Su boca, al fin ha probado el néctar, que permanecía, en plena maceración y que, según su catador, está en el punto ideal para su degustación. El tiempo ha sido benévolo con mis esencias y las ha mantenido jugosas para mi sibarita especial.


Muy quedo me ha dicho, que mantengo mis curvas y la tenacidad en mi cuerpo. Qué están en el punto perfecto para sus apetencias y deseos. Mi ego de mujer se dispara, cual cohete al viento. No hay nada mejor, cuando un hombre enciende, de esa forma, las ganas de galopear sabana adentro, a una mujer. No existen límites para ensillarlo y demostrarle, lo lejos que se puede llegar, con ella. ¡Dios! mi mente se desnuda y aparece la trovadora, la amante, la puta, la amiga, la compinche, la loba hambrienta y sedienta de amor.


Mi alma se ha vestido, con ropa de campo. Mis pies permanecen descalzos manteniendo el contacto con la suavidad del monte y la humedad de la tierra. Con el olor a flores silvestres estoy lista para lanzarme a todo galope sobre ese caballo brioso y fuerte, que me llevará a seguir disfrutando de la belleza de la vida.


El sol ilumina mi rostro, mientras, una suave brisa, se cuela por los rizos de mis cabellos, que orgullosa agitan mi melena encanecida. ¡Toda yo soy vida, todo Él es mi vida!


Carmen Pacheco
@Erotismo10
9 de agosto del 2016