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domingo, 12 de enero de 2020

MUJER ANCESTRAL...







Una Mujer ancestral va y viene con la brisa

Acariciando sus sentidos y despertando mil sonrisas

Un acorde de guitarra llega hasta sus oídos

Alborotando esa Diosa que permanecía dormía.



Carmen Pacheco
12 de enero de 2020

sábado, 17 de agosto de 2019

ME ENCANTA SER DISTINTA...





Soy un ser raro, de esos que les gusta correr descalza bajo la lluvia. De las que les encanta el ruido que produce la energía que descarga un trueno. La que hace el amor bajo la lluvia y se alimenta de cada gota que penetra por sus poros.

Soy de las mujeres y creo que somos multitud, que agradecen un beso en la distancia pero siempre esperando el contacto piel con piel.

Soy de esos bichos raros que no les importa decir lo que sienten, aunque no sea correspondida porque lo que más importa es sentirse viva.

Formo parte de ese gremio de mujeres que van por el cosmos con su verdad y su pasión. Dicen que el que mucho se acondiciona a los demás deja de ser auténtica y eso no me interesa.

Soy quien soy por haber nacido de una mujer que vivió fuera de época. La que iba hacia adelante, contra viento y marea. Era de aquellas que mantenían magia en sus manos. Ese tipo de magia que hace que la vida sea vivible.

Un bicho raro, que un día lluvioso lo convierte en romántico, nostálgico. Que muere por una taza de chocolate caliente, un buen libro o película y un buen amante para que caliente aquello que el chocolate no alcanzó a calentar.

Soy y me encanta ser rara, extraña, enigmática, romántica, alegre, entusiasta y por sobre todas las cosas sentirme VIVA y dar vida al que se me acerca…

Carmen Pacheco
@Erotismo10
17 de agosto del 2019

lunes, 25 de marzo de 2019

ELLA ESTABA ENAMORADA...






Ella estaba enamorada. Fue una casualidad que le llegara el amor, pensaba ella pero tú y yo sabemos que la casualidad no existe, que las cosas que nos pasan son por causalidad, principalmente. Ella comenzó a suspirar desde ese momento, cosa que agradecieron, mucho, sus pulmones, su piel, sus órganos, sus ojos, todo lo que conformaba a ese pequeño ser.

En ese instante, recordó que sabía sonreír y se le transformaron sus labios. Sus ojos se dibujaron agraciadamente.  También apareció una pequeña luz, que jugueteaba con sus hermosas pupilas. Su rostro se había transformado en la esperanza de felicidad y amor.
No recordaba el último día en que vio al mundo, a pesar de los vaivenes de los acontecimientos, mecerse entre nubes y canciones. Todo había cambiado, el matiz de los colores era más llamativo, la luz en su ventana semejaban brazos que la invitaban a una caricia, a ese abrazo tan anhelado.

Ella estaba enamorada…

Un día se encontró en una tienda para ropa íntima y con algo de pena, porque pensaba que para ella, el comprarse algo bonito, había pasado su momento. Sin embargo, apretando sus miedos y complejos pidió que le enseñaran la lencería más atractiva que tuvieran. La empleada le mostró diferentes modelos. Por su mente pasaban episodios de su vida por venir donde se reflejaban las ansias de lucir hermosa y apetecible para su amado. Terminó comprando varias prendas, segura que las luciría como esas modelos que salían en las portadas de una revista, se negó a ver la realidad de su peso, del contorno de su cuerpo, que ya no era el bien dibujado cuerpo de una mujer más joven, en fin ella sólo pensaba en seducirlo a él.

Pasó el tiempo y las prendas permanecían en la gaveta de su closet. Muy de vez en cuando las sacaba y las lavaba por el polvo que hubiesen recibido, a pesar de estar bien resguardadas. Seguidamente las volvía a colocar en esa caja de metal que consiguió, donde permanecían envueltas con papel de seda y una pizca de perfume, del que ella usaba.

Otro año más y no había podido exhibir su adquisición más preciosa. Los ojos estaban perdiendo su brillo, su sonrisa estaba siendo opacada por una sombra de tristeza pero ella seguía con la esperanza.

Ella estaba enamorada…

Un día, su corazón no la quiso seguir acompañando y dio unos saltos esquizofrénicos haciendo que se desvaneciera en la cama. Sus ojos daban muestra de saber qué estaba pasando. Comprendió que era su último suspiro el que, con mucha misericordia le permitió dar su adiós definitivo y recordó esos ojos pícaros y risueños, que alguna vez la hicieron vivir el amor más crucial que jamás había tenido. Una sonrisa iluminó su rostro y su mirada volvió a brillar. Por un segundo su piel se tornó tersa y cual mujer enamorada volvió a soñar. -Cuando venga estaré lista para amarlo- y con el poco tiempo que le quedaba lanzó un beso al aire, con la esperanza  que éste le llegue a ese ser que tanto amo y que no pudo olvidar. Una lágrima rueda en silencio por su mejilla mientras su alma vuela hacia otros planos.

Porque… Ella estaba enamorada…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
25 de marzo de 2019

martes, 16 de octubre de 2018

GOTAS DE AMOR...






Amaneciendo en la laguna de tus ojos
Cual plato limpio y claro
reflejando este amor como la lluvia
En pequeñitas gotas del rocío.

Que no estás aquí, qué importa
Si nazco cada vez que te pienso
Si vibro cada vez que te recuerdo
Quién dijo que tenías que estar presente
Si eres el rayito de sol que siento
Cada vez que te respiro…




Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de octubre de 2018
  



domingo, 5 de agosto de 2018

I WENT A FOOL...




Today you were very close
Today was the opportunity of my life
Today your breath touch my eyelashes
Today your eyes promised to love me

The breeze brought back your scent
That is combined with the smell of flowers
However, they were not confused with each other
Because your essence smelled like a man in love.

Our eyes embraced in the coming and going of our bodies
Hands, like butterflies fluttered to the rhythm of poetry
We both had the same music inside
Accompanied by hours of silence.

I promised not to get excited
I promised to be very demure
I promised to keep our spaces
I promised you that you would not see me in love.

But it was impossible, I swear I proposed it
My eyes disobeyed that order
My mind tasted you like you were a pie
Until your soul hung to mine and we shared the hair of an angel.

I only promise to respect your decision
Keep my body several meters away
But please do not ask me not to make you mine
Every time our souls meet.

I was slow, I came to my house and I strongly reproached him
I should have taken you by your face and stamped this kiss that I'm dying to give you.
Oh! Woman and how brave, how could you lose that opportunity to feel that hummingbird flutter on your tongue.

Even if you not see me anymore, it was well worth it
Rub the tip of my tongue with your tongue
And feel that explosion of ecstasy all over my body
That I would not know more about you? What does it matter, if you are mine once more?

That last one that I like, I treasured it in my hands
To then store it inside my perfume
And so, every day, with every drop of it, it will make me feel your lips that taste like honey.






Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Eroticism10
August 5, 2018


lunes, 23 de julio de 2018

FUISTE ERES Y SERÁS…





Eres el agua que humedece mis pensamientos
Eres la luz que ilumina mi entendimiento
Eres esa persona que alimenta mi alma
Eres y siempre serás el que me hace palpitar.

Eres hoy como lo fuiste ayer
Eres la tibieza de tu pecho con mi desnudez
Eres el recuerdo de tus manos sobre mi derriere
Eres, siempre eres aquél que amé en silencio.

Fuiste amor y hoy eres esencia
Fuiste ternura y hoy cabalgas sobre mis ranuras
Fuiste verdad, mi verdad hecha locura
Fuiste y serás mi amante más querido.

Hoy, en mi hoy verdadero
Retumban tus besos sobre mi lengua
Tus brazos atrapando mi alma para que no se mueva
Mientras tu vientre emite sueños acaecidos.

No sé si esto es amor
No sé si esto es locura
Sólo sé que amaneces sobre mis caderas
Cabalgando cual brioso corcel.

Posiblemente cerrarán mis ojos mientras te recuerdo
Quién sabe si una lágrima rodará cuando eso pase
Sólo sé que en este momento tu alma aletea sobre la mía
Mientras una melodía aviva mis colores de amor.






Carmen Pacheco
@Erotismo10
23 de julio de 2018


jueves, 28 de junio de 2018

TÚ ME CAMELAS…




Tú me quieres conquistar
Me lo han dicho tus ojos
Tu boca vocea una mueca de timidez
Tus manos parecen volar al descuido.


No sé si soy yo o son estas ganas que tienes de amarme
Pero presiento que quieres estar en mi vida
Algo emites desde adentro que atraviesa mis fronteras
Mi coraza se apretuja cuando te me acercas.


Ya mi cuerpo se devana en ganas de sentir
Mi cabeza se retrae cuando te pienso
Soy un elixir en pleno de canto
Hoy quiero vivir.


No me tientes, no insistas
Porque yo estoy dispuesta a todo pero tú aún recapacitas
Tú me camelas y toda yo lo siente
Deja ya de jugar, que ya mi miel se derrite ante tu vista.


Tú me camelas y no lo sabes…





Carmen Pacheco
@Erotismo10
28 de junio de 2018

lunes, 16 de abril de 2018

FIERAS AL ACECHO…




Había pasado mucho tiempo desde que Graciela y Gustavo se despidieron con un para siempre o hasta nunca, eso no quedó muy claro.

Corrían los días de diciembre, las calles estaban repletas de compradores compulsivos. Las tiendas tenían un Papá Noel, de diferentes características en sus puertas. Nadie estaba pendiente del que pasaba al lado del otro. Se oían villancicos por todos lados. Las luces adornaban las fachadas de los negocios.

En ese ir y venir, alocado de las personas en la calle principal, el destino estaba por jugarles una mala pasada a un hombre y una mujer, que se habían amado mucho pero que sus vidas habían tomado rumbos distintos por la manera diferente ver la vida. Entraron a la misma tienda para comprar algo a sus parejas. Sus ojos se atropellaron como cuando dos trenes fuertes y poderosos en su esencia coalicionan una contra el otro llevando la misma capacidad explosiva en sus tuercas.

Las palabras quedaron ahogadas en el frío de dos bocas abiertas por la sorpresa.

La gente, que por allí caminaban, los empujaba en su frenético paso convulsivo por llegar temprano a sus hogares. Ellos se dejaban llevar y poco a poco estuvieron uno frente al otro. Él le acarició la mejilla y ella, entre cerró los ojos evocando un momento como ése hacía años atrás, en aquellos deliciosos encuentros furtivos.

Como dije no hubo palabras. Gustavo la tomó de la mano y se la llevó como el animal que captura una presa y corre a su guarida para devorarla poco a poco y a su antojo. Graciela se sentía como hoja al viento. Sus pies no percibían el piso, su alma volaba entre risas, música y claxon en la congestionada calle del centro del pueblo. Sólo se dejó llevar, olvidando que esa noche se estaría comprometiendo con Eleazar.

Gustavo recorría la distancia que lo separaba de su casa, a pasos agigantados. La brisa fría que golpeaba su rostro no aminoraba la fiebre, que en ese momento comenzaba a consumirlo.

Ya estaba cerca, cuando una sonrisa maquiavélica había pasado, dibujándose en sus labios.

Graciela se da cuenta que están llegando porque Gustavo aminora la marcha y siente que su vestido ya no lo levanta el viento. Con la respiración sofocada agradece que se haya detenido para poder apoderarse de una bocanada de aire. Su cabello estaba revuelto y en él se habían colado unos polizontes que iluminaban su oscura cabellera.

El ruido de la puerta la hizo volver a la realidad. No cabía ninguna duda, había sido raptada por un loco. Gustavo abre la enorme puerta y la invita a entrar. Graciela nota, al pasar junto a él, que sus ojos brillaban en demasía, cual estrella en pleno nacimiento.

Jamás sintió miedo de él. Su cuerpo había recordado lo que era sentirlo cerca y se estremecía completamente.

Gustavo se desliza, rápidamente por el lugar, encendiendo pocas luces para darle un ambiente de intimidad al momento.

Se desaparece por un instante, cosa que aprovecha Graciela para recorrer el lugar donde estaba. Lo encontró acogedor porque en él había objetos que ella hubiese puesto en su casa. Otros le recordaban momentos vividos. De repente sonó una música suave de Jazz, mientras Gustavo se acercaba con dos vasos de vino seco.

El silencio entre ellos cortaba como bisturí de Cirujano. Tomaron un trago y sus ojos se sumergieron en ese líquido claro y profundo que eran sus miradas.

Gustavo estaba poseído por la locura de un lobo en pleno ataque de deseo por la hembra que tenía al frente. Habían pasado muchos años desde la última vez que la tuvo así, tan cerca.

Recorrió su estrecha cintura con sus brazos y la atrajo hacia él con la sola intención que sintiera cuál elevado estaban sus deseos por ella. Casi la asfixia, hasta que la soltó muy despacio, como quién no quiere dejar ir una flor en primavera. Quedaron por un rato en ese intercambio de sensaciones. Ella ya empezaba a florecer en sus adentros, como preparándose para el advenimiento de un ser de otra galaxia.

Tomaron del mismo vaso. Él, como quien alimenta a un ave, entre besos largos y profundos le introducía en su boca chorros de vino seco, endulzando con su saliva lo fuerte del licor.

La música se colaba por sus sentidos y los invitaba a danzar lentamente.

Comenzaron a deslizarse aquellos besos no entregados, jamás olvidados y que estuvieron encapsulados por décadas en sus almas. Llovían, cual cascada en pleno chubasco mojando todo lo que encontraban a su paso.
Sus bocas ya no eran suficientes. Sus manos ansiaban sus pechos como el niño que busca saciar el hambre de su leche. Los estrujó e intentó sacar el jugo, que era ese líquido blanquecino que lo alimentaría cual crío. Ya no pensaba, sólo su instinto animal era lo que lo dirigía. Graciela era un manejo de gemidos y suspiros, ya estaba entregada completamente a sentir las ansias de Gustavo.

Gustavo, en su delirio se escabulló hacia abajo y levantándole la falda pudo ver esa fruta que tantas veces sació sus ansias y cual fiera que avista su presa, le fue encima y la atrapó con sus dientes haciendo sonidos guturales  parecidos a los de un lobo en pleno ataque.  Graciela dio un grito de dolor pero no fue suficiente para  que la soltara.

“El animal no suelta su presa tan fácilmente por nada del mundo”. Su respiración era profunda y agitada. Sus sentidos se agudizaron aún más al percibir el aroma íntimo de Graciela. Por instinto apretó un poco más esos pulposos labios, que lo mantenían salivando de placer.

Su presa temblaba, al principio trató de soltarse pero entendió que al hacerlo, el dolor se acrecentaba y era sujetada con más fuerza. Por lo que entendió que debía tranquilizarse.

Su aroma de mujer, se mezclaba entre el miedo y el deseo. La situación la mantenía muy excitada y su cuerpo empezaba a segregar ese líquido de placer que humedecía todas sus partes.  Apretaba los dientes, mientras una lágrima se le escapaba. Aligeró el trago que aún persistía en el vaso y se entregó a esa extraña sensación de dolor y placer.

Para ese momento Gustavo estaba borracho de deseo, al saberse triunfador en su cacería. Su presa no intentaría escapar. Ya había entendido que él era el que mandaba y eso lo ponía aún más excitado.

Es por eso que sintiéndose el dueño de la situación, relajó su mandíbula y entre abriendo su boca, dejó salir su lengua, que cual serpiente iría a explorar el terreno, del cual se había apoderado. Pasó rosando los labios aprisionados y sintiéndolos carnosos, apetecibles, enloquecedores, los saboreó por un rato, al momento siguió profundizando su camino al interior de esa cueva.

La respuesta a ese estímulo fue enloquecedor. Graciela sintió que su cuerpo hervía y comenzaba a derretirse por dentro. El temblor de su cuerpo fue más hilarante, esto lo acompañó con un grito de placer, que se oyó por todo el vecindario. Pareció el aullido de una loba en celo.

La lengua continuaba su zigzagueo, mientras estimulaba al clítoris. Fue la locura completa. Sentir la suavidad y humedad en él. Gustavo quería permanecer más tiempo disfrutando de su rigidez y el juego que mantenía mientras lo empujaba de lado a lado.

El camino no había terminado, se adentró a las profundidades que se le ofrecía, sintiendo sus paredes suaves y fuertes.

Ya en ese instante Graciela no pudo aguantar más la explosión de deseos por tan exquisitas caricias y dio riendas sueltas al estallido orgásmico.

Gustavo percibía el remolino de energía que despedía Graciela y subiendo una mano le atrapó los senos erguidos y fuertes, que estaban bañados en sudor profuso.

Tenía la intención de permanecer más tiempo aprisionado su vulva, cuando un manantial caliente llegó hasta su boca.  Su sabor agridulce hizo que él llegara al clímax y soltara su presa, dejándola en plena libertad. Su boca repleta de la miel de ese cuerpo, que se unían a gotas de sangre que salía de los lugares donde, con sus dientes aprisionó más fuerte a Graciela, terminaron por enloquecerlo más.

Los dos cayeron juntos al suelo, mientras convulsionan de placer.

Unas horas bastaron para reponerse. Él le preparó una cena nutritiva y la dejó reposar unas horas.

No fue necesario buscarla. Levantó la mirada de la revista que veía y pudo verla parada en la puerta, con esa divina desnudez que la arropaba, invitándolo a que la siguiera hacia la alcoba.

En ese momento la hizo suya varias veces entrando a sus entrañas con el mayor placer que jamás habían tenido. Lo que no les resultó años atrás, hoy los une de otra forma pero con más fuerza.

Regularmente se encuentran y se aman hasta que el sol aparece. No hay palaras, no hay preguntas, sólo saben que se disfrutan.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
16 de abril de 2018


lunes, 12 de marzo de 2018

UN CUERPO ARDE…




Vuelve el calor y tu cuerpo se afiebra
Gotas de sudor resbalan por tu cintura
Y lentamente se depositan en tu sexo
Las caderas bailan al ritmo de esas ansias.

Sólo hay un ventilador
Él mueve el poco aire que entra por la ventana
Las cortinas apenas se agitan
Necesitas sentir su cuerpo.

Mari Carmen tiene visita
Su música entra por las rendijas de la puerta
Se la oye reír y cantar
Esta noche ella será la idolatrada.

No puedes evitarlo hierves de pasión
Quieres  calmar esta sed
Sólo existe una manera
No hay otra cosa que hacer.

Una ducha de agua fría liberará el calor
El vapor no se hace esperar
Y cual hoya de presión
Desata estas ansias que tienes de sentir.








Carmen Pacheco
@Erotismo10
12 de marzo de 2018



sábado, 3 de marzo de 2018

EN CAÍDA LIBRE...





Lo único que recuerdo son sus piernas entrelazadas en mi cadera, mientras caíamos vertiginosamente al mar. El viento trataba de desnudarla sacudiendo su blusa de seda y dejando a la vista esos hermosos senos que me habían traído loco desde que la vi en aquella famosa reunión.

Se aferraba a mis pantalones, como si en eso le fuera la vida y a decir verdad, le iba la vida. Lloraba sin consuelo porque estaba muy asustada. Yo sólo la veía ceñida a mi cuerpo y pensé: Este sería un magnífico momento para  poseerla. Está indefensa y no quiere separarse de mí, al contrario, se pega tanto que me encantaría sentir sus caricias donde justo tiene su boca en este momento. Dirán que estoy loco pero es que  esa mujer me traía chiflado y en lo único en que pensaba era en poseerla y hacerla, completamente mía pero para que ustedes vean, estábamos tan cerca y tan lejos a la vez.

Una Semana Atrás con unos amigos….
Jorge ¿qué te parece si nos vamos esta noche al club y conocemos mujeres, de esas que andan buscando compañía?

Jorge era yo. Les contesté que esa noche tenía que reunirme con unos amigos de mi padre en la casa, esas reuniones aburridas, donde sólo se habla de negocios y de cómo sacar del camino al que nos hace la competencia, porque mi padre no es muy limpio, en lo que se llama negocios.

Ya la velada estaba en su apogeo cuando llegué a mi casa. Como se acaban de dar cuenta, aún vivo con mis padres pero eso será por corto tiempo, no se preocupen.

Entré por la puerta trasera, para no encontrarme con la visita, tomando un atajo para subir a la habitación y así darme un buen baño y vestirme para la ocasión. Desde lejos se oían las risas y el choque de copas, que me hacía pensar que todo iba viento en popa.

Al rato bajé para reunirme con los invitados. Siempre fui un perfecto Anfitrión, modestia aparte. Lo llevaba en la sangre. Mis padres acostumbraban hacer fiestas lujosas y pude aprender de ellos un lema “Que si atendías bien a tu invitado, lograbas de él lo que quisieras”

-Jorge- Me saludó mi madre. Al fin has llegado. Todos aquí han estado preguntando por ti. Fui y le di un beso en la mejilla y comencé a saludar a nuestros invitados. Un mesonero se acercaba del lado izquierdo con una copa de champan y aproveché para hacer un brindis de bienvenida.

No había probado bocado en todo el día y me valí del momento para deslizarme hacia la mesa de los entremeses. Allí estaba una chica algo extraña y digo extraña porque no parecía ser el tipo de mujer que visita nuestra casa. Robándome un croissant me fui acercando a ella y al tenerla frente a mí, noté que era muy hermosa. Traté de hacer un encuentro muy casual pero no me salió bien la jugada. Ella ya me había visto llegar y antes de que le dijera algo se presentó, mientras extendía su mano frente a mí.

-Hola, mi nombre es Jésica Carrusco. ¡Hermosa reunión!

Me dejó desarmado en el momento pero reaccioné lo más rápido que pude.

-Hola soy Jorge. Gracias, siempre tratamos que nuestros invitados se sientan muy bien, dejando ver mi mejor sonrisa.

Hubo un instante donde alguien destapó una botella y sonó por toda la habitación y ella volteó para ver lo que pasaba. Allí aproveché para escanearla de pies a cabeza. Llevaba un vestido ceñido a su cadera de color turquesa dejando ver solamente sus tobillos, que me dieron la idea que hacía deporte. Cuando volteó y quedamos de frente, lo que cubría de sus caderas hacia abajo, lo dejaba bastante descubierto, de la cintura hacia arriba.

Yo parecía un perro babeando, con lengua afuera y todo. La parte de arriba del traje tenía un leve escote que mostraba a esas niñas traviesas, que parecían estar bien alimentaditas. Su espalda estaba cubierta por una piel morena, sólo una cadena delgada y con un pequeño dije en la punta, que servía como un peso, acariciando así hasta lo más bajo del escote. Lamentablemente la joven se dio cuenta de mi estupidez y con ojos pícaros me deleitó con una sonrisa.

Salí del trance en que había caído y sintiéndome el más tonto de la fiesta, tartamudeé tratando de llevar la conversación hacia algún tema interesante. Sin embargo no pude escapar de la carcajada que me dedicó Jésica al ver mi atoro en la situación.

Ese día no me importaban los demás invitados y mucho menos los negocios. Esa mujer había quedado prendada en mis ojos y en toda la noche, no hice más que buscarla por todo el lugar. Intercambiando miradas cómplices y provocativas.

A altas horas de la noche, mi padre se dio cuenta que se estaba terminando la bebida y le interesaba mantener el ánimo de sus invitados para poder cerrar un negocio que traía entre manos.  Me hizo señas, mostrándome una botella y le entendí inmediatamente. Bajé al sótano, donde se había construido una pequeña bodega de vinos. Ya abajo noté que no estaba solo y al voltear, me conseguí con una Jésica provocadora, con un vino en una mano y dos copas en la otra. Por supuesto que se me olvidó de inmediato a lo que iba y acercándome donde se encontraba, le dije:

-Tenía tiempo que no probaba una botella de vino en la bodega de mi casa. Ella se movió cual gata, dejando ver el vaivén de sus caderas atrapadas en la tela del traje. No quise perderme ese instante y desistí de avanzar para que ella siguiera acercándose. Era un sueño. Sus pechos libres como aves nocturnas se movían, con la cadencia que da una ola, en la llegada del mar a la playa. Le quité la botella y serví el exquisito vino, entregándole la copa cerquita de su boca. No dejaba de verme en todo momento y sentí su mensaje que llegó rápido como una bofetada en plena madrugada.

La subí a una mesa, mientras la bañaba de enloquecidos besos y mis manos iban descubriendo lo que debajo de su vestido no había. Fue una locura el saberla ligera con su piel desnuda y caliente. Su boca dejaba, en la mía, un elixir de miel que jamás había probado. Era como una droga que te incita a querer más y más de su saliva. La monté en esa mesa, mientras se retorcía de placer y gemidos. Mis manos recorrieron toda su piel ardiente y pude abrigarla con mi cuerpo en cada centímetro de ella.

A lo lejos llegó el sonido de mi nombre, era mi padre que pedía su vino. Nos separamos lentamente, mientras nuestros ojos no dejaban de observarse. No pude dejar de disfrutar cómo se colocaba la tela que medio la cubría. Sus piernas volvieron a quedar bajo el vestido pero sus pechos parecían dos caballos galopando desenfrenadamente por la ardua excitación en que habían estado. Haciendo que mí ser se volviera a despertar, con más ganas de saborearla.

Dando media vuelta y olvidando las copas y la botella subió cual reina triunfadora, luego de haberle dado un jaque mate al Rey. Dentro de mí reí satisfecho de haber sido el Rey que perdió en ese encuentro. Aunque si lo ven bien aquí sólo hubo ganancia.

Días después la conseguí en el aeropuerto haciendo el mismo curso de paracaidismo que yo y volvió a acercase a mí sin dejar espacio de oxígeno para más nadie. Temblé cuando mi cuerpo la rozó.  No sabía cuánto la extrañaba hasta ese momento. Volvió la Dama a tomar las riendas del juego y este Rey estaba feliz de ser, el supuesto perdedor de otra faena más de sexo y amor.

En ese momento en que caíamos, definitivamente había decidido no separarme jamás de esa mujer que, hasta en situaciones extremas, quería bajarme el pantalón.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
03 de marzo de 2018