viernes, 11 de diciembre de 2015

DIEZ SECRETOS EN NAVIDAD...






Primera Confesión

CUANDO LAS PAREDES NO SOLO HABLAN...



En estos días, en que se aproximaban las fiestas decembrinas, algunos de los vecinos del lugar, acostumbraban a salir de viaje para pasarlo donde los padres u otro familiar. Existían los que huían como si alguien o algo los persiguiera. Lo único que querían era no estar en su casa para esas fechas.

Estábamos reunidos, un grupo de amigos, en una noche de frío tomándonos un roncito alrededor de una fogata que logramos encender en la parte trasera de la casa de Milagros. Queríamos recibir la Pascua de una forma distinta a las de siempre. Es por eso que la primera condición fue que asistiéramos lo más informal posible. Raúl, como siempre fue el más fresco de todos, se presentó con ropa de dormir, pantuflas y gorro para el frío. Así era él, siempre daba la nota diferente para hacernos reír.

La reunión comenzó a las 8 de la noche. En casa de Milagros sus padres se habían ido a celebrar las fiestas en un lugar nocturno, al estilo de los cincuenta. Teníamos la casa para nosotros solos. Estaríamos tranquilos como siempre, claro, eso si la mezcla de las bebidas no era alterada por Diego que se la daba de químico y en muchas reuniones terminábamos en el baño volteando el estómago.

Ya iban a dar las once y media, cuando luego de cenar un rico  plato navideño, nos sentamos a ver el danzar de las llamas que salían de la hoguera mientras que alguien se turnaba avivándola para así no perder el calorcito que de ella emanaba.

En nuestras reuniones de Pascua, los que participaban, tenían que hacer confesiones, de cualquier índole, sobre todo de cosas que nadie supiera. Siempre he pensado que un traguito y un buen calor, le suelta la lengua a cualquiera.

Éramos diez amigos en ese momento. Para evitar la pregunta ¿Quién comienza a relatar su confesión? decidimos, como los niños, colocar nuestros nombres dentro de una lata de galleta, de esas viejas que tiene tu mamá con hilos o con postales de algún familiar lejano, que alguna vez le mando.

Colocados los nombres en la lata la agitaron, de modo que los papelitos se revolvieran dentro de ella y una mano “pura”, cosa que estaba muy lejos que existiese entre ese grupo, sacaría la primera víctima. Le tocó a la amiga Soledad. La chica se puso colorada y muy nerviosa. Todos conocíamos lo relacionado con la vida de nuestra compañera, no suponíamos que tuviese algo que no hubiese dicho.

Al que le tocaba hablar, tenía que colocarse al frente de todos y confesar su secreto de la forma más creíblemente posible. Se podían hacer gestos cual obra de teatro para darle más jocosidad al momento.

Soledad era una chica muy modosita, de esas que andan silenciosas y con cara de quién no rompe un plato. Se levantó y se colocó en el sitio que había sido marcado con un  X. Todos la aupábamos a que se relajara y que recordara que estaba con sus mejores amigos, que lo que ella dijese allí, jamás saldría de esa rueda de confesión. Todos gritaban, tomaban y reían al mismo tiempo.

Soledad se acomodó el vestido, en un afán de encontrar valor para lo que confesaría y con la cabeza baja y los ojos entre cerrados, comenzó de esta manera…

- Hace algunos años, cuando tenía diecisiete, mis padres nos llevaron, a mi hermanito y a mí a un paseo vacacional, había pasado de grado y quisieron regalarnos unos días en un lugar hermoso lejos de casa, así yo olvidaría el estrés de los estudios y me dedicaría a lo que más me gusta, tomar fotos a mis anchas.

El lugar donde llegamos tenía un estilo campestre, muy cómodo y espacioso. Por fortuna cada quién podía escoger su habitación. Atrás de la casa pasaba un río caudaloso, su cantar nos llegaba cual arrullo tranquilizador. Se percibía la carrera incesante que hacía y el choque de las piedras en su recorrido por el cauce. Estaba bordeado de inmensos árboles frutales, que le daban una tonalidad algo oscura al lugar pero era muy fresca. La luz del sol podía deslizarse por entre las ramas de uno que otro árbol. El trinar de los pájaros, que hacían vida en ese lugar, era fuerte y melodioso. Sabía que no necesitaría música para entretenerme ya que también estaría buscando cómo capturarlos con mi cámara.

Mi hermano estaba feliz porque encontró una casa hecha en la copa de uno de los árboles y tenía escalera para llegar a ella. Serán las mejores vacaciones que tendré, dije para mí. Él estaría ocupado en lo suyo y me dejaría tranquila.

El primer día la pasamos arreglando las cosas que habíamos llevado y limpiamos el lugar. Mi padre fue al pueblo más cercano por provisiones por el tiempo que estaríamos allí.  

Al tercer día de mis vacaciones, una noche me fui a dormir temprano porque había recorriendo el lugar sacando fotos a cuanto bicho se moviera hasta el atardecer. Ya en la habitación, me di un buen baño y me puse mi pijama.

Todos estábamos esperando el secreto más grande y oscuro que Soledad tenía pero por el camino que iba, pareciera que nos relataría “Soledad en su soledad” Ya íbamos a decirle que se apresurara en lo que queríamos oír, cuando vimos cómo se transformó ante nuestros ojos. Pasó de ser la niña sumisa a una mujer de mundo. Su rostro se tornó pícaro, mientras se soltaba el cabello dejándolo al aire como quién recuerda algo agradable y prosiguió su relato.

- Me puse a ver las fotos que había hecho ese día y poco a poco me fue venciendo el sueño. Coloqué la cámara en su estuche y poniendo la cabeza sobre la almohada caí en un sopor profundo, que quedé entre dormida y despierta.

Desde que llegamos a esa casa, no había observado el papel que cubría todas las paredes de la alcoba. En ella aparecían figuras hermosas, tanto de hombres como de mujeres. Se veían retozando en riachuelos y entre bosques.

Del lado de la habitación salió una luz que fue haciéndose más y más grande pero yo estaba medio dormida y no tenía fuerzas para levantarme y averiguar de dónde salía. Cerré los ojos y en ese momento sentí que algo me tocaba los pies. Quise sacudirlos pero no podía zafarme de esa sensación. Ahí mismo sentí que algo acariciaba mis piernas. Quería gritar, llamar a mi madre pero no salía un solo sonido de mi garganta. La sensación subía y subía, mi piel estaba erizada y sentía frío. La cobija voló de mi cama de un solo jalón y fue cuando empecé a sentir que algo acariciaba mi cara y los cabellos.

Todos estábamos con los ojos bien abiertos oyendo semejante historia.

- Pude sentir cómo mi pijama se salía de mi cuerpo dejándome desnuda y temblando de miedo. Unas manos, no se decirles si eran de hombre o de mujer pero eran de algún humano, acariciaban mis senos, a tal punto que lograron excitarlos tanto, que dolía por la dureza que alcanzaron.

Mientras tanto las otras manos se habían posesionado de mi vientre y lo acariciaban suavemente, de tal forma que ya no puse más resistencia y decidí disfrutar lo que me estaba pasando, no podía pelear con aquello era más fuerte que yo.

Entre abriendo los ojos pude ver luces que iban y venían, cual cocuyos en mi habitación. Era tan agradable lo que me estremecía que los volví a cerrar para deleitarme con ese placer indescriptible, que jamás hubiese pensado existiera. Solo me entregué a los espasmos explosivos que se ocasionaban dentro de mí uno tras otro en ese momento.

Llegó un instante en que sentí que eran muchas manos las que tocaban mi cuerpo y un estado de excitación total me hacía retorcer entre las sábanas.

De repente, algo, que no sé cómo describirlo, sino como una lanza ardiente que atravesó  mi intimidad haciéndome llorar y gemir de placer hizo que mi cuerpo se estremeciera por un largo tiempo, las gotas de sudor habían empapado la cama.

Al rato, las luces habían desaparecido y al abrir los ojos, me encontré desnuda y un hilo de sangre que simulaba un pequeño mapa sobre la sábana, el cual decía que ya mi virginidad había sido robada por algo esa noche.

No supe cómo explicárselo a mis padres. Pensé que jamás me creerían y dirían que solo había sido un sueño, por lo que opté por no relatarles el episodio de esa noche.

Luego de ese evento, los días que faltaban para permanecer en esa casa, estuvieron llenas de sexo y placer. Todas las noches me despedía de mis padres para correr al encuentro de eso que me hacía sentir viva.

El silencio fue rotundo entre sus amigos, cuando de repente rompieron en aplausos y felicitaciones por tan maravilloso relato. Que imaginación más buena, le dijeron. Deberías escribir un libro, estamos seguros que te lo publican inmediatamente y le dieron el primer lugar, no por el secreto, sino por el mejor cuento fantasioso que hubiesen oído.

Soledad reía y elevando su vaso para brindar recordaba, que dentro de dos días volvería a visitar aquella casa que había comprado, donde todas sus noches estaban llenas de caricias y sensualidad. Cada vez era distinto, excitante y atrevido. Jamás se preguntó, qué pasaba en esa casa. Ese fue su secreto más íntimo en toda su vida.

Así termina la primera confesión, no te pierdas las siguientes nueve. Todas tienen una pizca de tí. 




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
11 de diciembre de 2015

viernes, 27 de noviembre de 2015

CUAL LOBA TE AÑORO


Pasa el tiempo y en la distancia te anhelo.

Tus besos, en mis recuerdos, aún queman ese pedazo de piel tan delicado, que al decir tu nombre, se humedece.

El sudor se confundía entre nuestras formas. Recuerdo tu mano inquieta, mientras de mí salía un quejido.

Pasa el tiempo y es tanto lo que te deseo, que no me conformaría con un beso, incluso sabiendo que de él me nutriría.

Lo único que calmaría esta sed es tu cuerpo, tu sonrisa sobre mi boca y tu lengua, que revoloteando cual pichón delirante de hambre, se estremezca entre nuestros alientos.

Cuánto más tendrá que aguardar este ser que te extraña, en constante temblor sin poder evitar el  desborde por sus poros de las ansias de hacerte sentir, como solo una loba hambrienta, en noche de luna llena puede hacerle.

Y pensar, que este es el momento propicio porque si te asomas y miras al cielo verás la Luna en todo su esplendor, redonda y seductora.




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
27 de noviembre 2015









viernes, 20 de noviembre de 2015

ENTRE SUEÑOS...



Entre sueños te he buscado.
Entre sueños te he amado.
Entre sueños me has hecho tuya
Entre sueños me has adorado.

Te he habituado a mi amor entre las flores
Lo hemos hecho, hasta en los ascensores
Mi piel se ha llenado de tu arena
Me has poseído cual sirena.

Solo tú sabes de aquella cicatriz de mi niñez
Solo tú has podido llegar hasta ese sitio oscuro
Solo tú lograste sacarle un suspiro
Solo tú lo hiciste tuyo.

Arrodillado ante mí,
 ciento tú esencia resbalar por mis senos.

Tu rostro tiene la expresión de una fiera
Mientras deslizas tus manos y manoseas mis pezones.
Estos se yerguen como lanzas
Dispuestos atravesar, lo que sea, lo mismo que los peones.

Dios… qué cálido se siente tu paso por mi piel.





Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
20 de noviembre del 2015



miércoles, 18 de noviembre de 2015

HOY LLORA UNA GOLONDRINA...





Por el borde de mis senos, se desliza un beso ardiente. Que sabiendo su caída, va sabiendo que te pierde.

En mis noches me despierta un grito en la penumbra. Soy yo la que te llama es mi alma que se agita y es cuando oigo, a lo lejos… nunca, nunca

El tiempo se me hace trisas, cuando recuerdo esa boca, que enardecida buscó saciar su sed dentro de mi alma para luego quedarme con el suspiro bailando en mis rodillas y mis ansias bravías de mujer enamorada

Anhelé tanto amor, que sin darme cuenta, me negué a sentirlo y no aproveché esas ganas de tenerte, esas ansias de ser tuya.

Por qué no fuiste tú el que me enseñara amar. Aquél que depositase en mi alma y en mi cuerpo, por primera vez, su bebida celestial.

Por qué no puedo regresar el tiempo y ser tu alumna aventajada, la que aprende cómo se ama sin medida, sin esperar nada.

Hoy mi cuerpo afiebrado se retuerce de deseo y me reúso a ser la que lo apacigüe, la que calme a esa bestia que aúlla por un beso.

Hoy mis sábanas no tendrán nada que comentar a las vecinas.

Hoy, lamentablemente, llora una Golondrina.




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
18 de noviembre de 2015




jueves, 5 de noviembre de 2015

EL SOPLO DE VIDA...



Ella se había dado otra oportunidad de amar, sí, con el mismo hombre de hace algunos años atrás, contra lo que algunos llegasen a pensar. Hace algún tiempo las cosas se confundieron y su desconfianza y el orgullo de él los llevaron a un rompimiento definitivo pero en la vida nada es para siempre o para nunca. Es por eso que un día ella decidió intentar volver amar pero a la misma persona que no se le salía del corazón, de la mente, de su piel.

Una mañana despertó y lo primero que llegó a su cerebro fue la palabra “Atrévete” le cayó como un campanazo, que hizo vibrar toda su espina dorsal entendiendo esto, como un llamado de amor. Se levantó y fue a su computadora. No permitió que otro pensamiento se le atravesara en el camino. Ella solo cavilaba ¡ATRÉVETE! Abrió el Internet y buscando en lo más recóndito de su máquina la dirección de ese hombre, porque la verdad sea dicha, Elsa había querido desaparecerlo de cualquier parte que estuviera en su vida. Las fotos las eliminó. No quería dejar rastro posible por si algún día, como éste, lo pudiera encontrar. Más las cosas cuando tienen que ser, ni que lo quemes podrá desaparecerse. Dice un dicho muy viejo “Donde hubo fuego, cenizas quedan”.

Así que al averiguar su dirección, le escribió una carta, que no tenía nada de romántica pero si le dejaba ver, que ella quería saber de él. Ese mismo día recibió respuesta y a partir de allí siguieron conversando. Él también había estado pensando en ella y según supo luego, tampoco había perdido las esperanzas de volver a encontrarla.

Ya habían hablado bastante entre garabatos y símbolos sobre un fondo blanco y frío como la distancia. Lo que ya estaba claro era que ambos necesitaban escribir sobre sábanas para concretar las decisiones que habían tomado tras tanto tiempo de ausencia y de soledad. Fue cuando eligieron un fin de semana para reencontrarse.

Los días pasaban cual caracol sobre la arena. Las horas hacían una danza lenta y parsimoniosa. Las ganas de estar juntos eran muchas y los mensajes entre ellos hacían que se arremolinaran todos los apetitos que se encontraban resguardados por tanto tiempo.

Al fin llegó el día y Elsa salió a su encuentro. Volver a verse fue maravilloso. Todo lo que se habían dicho, les quedó corto para lo que sintieron al estar uno en los brazos del otro. La risa se hizo el rostro de ambos.

Los amantes se entregaron a la pasión y al sexo, como ellos lo percibían. En ese momento volvieron a ser uno solo. No hacían falta las palabras, ya se conocían e iban al lugar donde más se perturbaban deliciosamente. Fue una mañana de pasión, donde no quedó zona libre de besos y manos. Se reconocían cada vez que hacían gemir a su amante porque entendían que estaban en el clímax más íntimo que solo ellos dos lograban alcanzar. Sus cuerpos se retorcían sobre esas sábanas blancas y si ese movimiento pudiese leerse cual clave morse, segura estoy que dirían palabras exquisitas, que solo los buenos amadores saben escribirlas.

Al otro día en la mañana compartieron con unos amigos de él. Fue un momento muy alegre y entretenido. Todos reían y felicitaban a la pareja. Elsa sintió que había llegado la oportunidad de pedirle algo a su amado y pidiendo la palabra, le hizo la siguiente pregunta ¿Quieres casarte conmigo? Él quedó sin palabras, los ojos acaramelados se abrieron cual ventanas que son empujadas por un furioso viento, que busca llevarse todo por delante. Los amigos gritaban al oír la petición de Elsa, no podían creer que habían sido testigos de una propuesta seria y llena de mucho amor. Cuando Él salió de su asombro, la tomó entre sus brazos y con un beso fuerte y profundo le dijo que sí, que quería estar con ella para siempre.

Por supuesto que la celebración se alargó y al llegar al hotel ambos estaban exhaustos. Luego de ducharse y comer algo, se fueron a la cama cayendo él en un sueño profundo y tranquilo. Elsa lo veía dormir a su lado y sentía que el amor, se le salía por los poros por ese hombre que le transmitía su calor corporal en ese momento.

Elsa enamorada, empezó a besarle los ojos, tan suave como el aleteo de una mariposa. Él dormido sonreía. Luego bajó a sus labios, que entre abiertos emanaba su aliento cálido hacia ella. Elsa colocó los suyos sobre su boca y le transmitió un soplo de su vida y fue en ese instante en que existió una comunicación entre sus almas. Fue el momento más sublime que ella había tenido con él, en todo lo que llevaba conociéndolo y entendió que eran el uno para el otro. Sus almas, esa noche, en silencio, se habían encontrado para no volverse a separar.

Si quieren saber más………. Síganme porque ahora ellos están en los preparativos de boda y muchas cosas maravillosas seguirán pasando. Son dos seres, que dejaron su ego personal a un lado para entender, que lo que importa es que “Uno más uno, no son dos. Es Uno”

¡Se les quiere, dulces sueños!

Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
5 de noviembre de 2015


martes, 20 de octubre de 2015

MIS DEDOS SOBRE TUS LÍNEAS...






Pedro había ido a visitar a su amigo, el artista, como acostumbraba llamarlo, cuando a él se refería. Franceh era su nombre artístico. Nunca quiso que lo llamaran por el que aparecía en su Acta de Nacimiento. Decía que le robaba el “Caché” a su imagen.

Habían pactado verse hace tres semanas y hoy era el día del encuentro. Franceh vivía en uno de los mejores suburbios del lugar. Su talento era ser un escultor, preferiblemente del cuerpo humano. Había tenido mucho éxito en sus exhibiciones, sus obras se vendían como pan caliente. Eso lo llevo a comprar una majestuosa casa, con paredes de cristal y pintada toda en blanco. Habían obras suyas por todos los rincones, una más seductora que otra.

En la piscina había colocado una sirena muy hermosa. La modelo que le sirvió de inspiración lo había dejado muy conmocionado. Fueron días con sus noches de delirio y trabajo. Siempre le hizo el amor en el agua, con la excusa de que así se podría concentrar en lo que haría y es por eso que la colocó, a la escultura, como si emergiera del agua. Franceh era muy detallista. Su Musa tenía un par de hermosos pechos que lo llevaron a plasmarlos, lo más parecido posible en su obra. Sin olvidar sus celestiales pezones, se los puso, un tanto más exagerados e hizo que el agua de la fuente pasara sobre ellos para así estimular la imaginación del que la viera. Su piel quedó como si estuviera algo erizada por el frío. Eran unos senos, que parecían estar a punto de salir volando del agua.  

Pedro había pasado unos meses triste por un corazón roto, el de él pero pensó que ya era la hora de olvidar y dedicarse a lo que le gustaba, que era la música. Fue por eso que quería conversar con su amigo para ver si en una de sus exhibiciones podía llevar a su banda y amenizar la velada.

Franceh lo hizo pasar y le pidió que lo esperara mientras se vestía. Entrar a la sala de esa casa, lo entretuvo todo el tiempo que tardardó su amigo. Siempre había una escultura nueva en algún rincón. En eso miró hacia la chimenea y se encontró con dos seres entrelazados en pleno acto sexual. El hombre sujetaba por la cabeza y las caderas a la chica, mientras ésta le acariciaba el rostro, a punto de encontrarse con la boca de él que estaba entre abierta. Se podía ver cómo salían sus lenguas buscando saciar las ganas de un beso prohibido y lujurioso. La penetraba con fuerza. Se podía notar en la tensión de sus músculos y el gesto de ansias en su rostro. La cabellera de la joven caía, cual cascada sobre la alfombra. El rostro de ella era de placer, como cuando en verdad han penetrado su alma por completo.

Poco a poco se fue acercando y recorriendo por varios ángulos la visión que tenía delante de él. Sus ojos no podían dejar de ver esos hermosos cuerpos en plena escena de amor. Todo él temblaba, sus ganas crecían y sus manos sudaban mientras posaba la yema de su dedo en los senos de la joven. Frotando suavemente su perfilado seno fue deslizando su mano por todo su cuerpo y fue un éxtasis completo al llegar al encuentro de esos dos géneros que en completa humedad se entregaban uno al otro. No pudo evitar llegar a un orgasmo de placer. Cerró sus ojos, mientras sentía el corrientazo que abría el torrente que recorría su pierna de una forma cálida y fuerte y dejó salir un suspiro de gusto al mismo tiempo. Dejándose caer sobre el sofá más cercano para poder disfrutar esa deliciosa sensación que lo invadía.

No pudo quedarse mucho tiempo en ese estado de trance. Sintió los pasos de su amigo, que se acercaban rápidamente y tuvo que aparentar normalidad. No fue fácil porque aún mantenía en alto el fuego que recorría cada poro de su cuerpo tras semejante experiencia. Mientras se estrechaban las manos, éste le preguntó – ¿Y qué te parecieron mis amantes?- -¿Verdad que incitan al sexo?-  Pedro no podía contestarle pero asentó con su cabeza. Cuando pudo le dijo que eran una visión Erótica hecha realidad. 

Franceh había hecho una obra de arte que la denominó “Los amantes” y la colocó frente a la chimenea, de manera que por cualquier ángulo que los veas, en ese instante, los encontrarás disfrutando de su amor. 



- Creo que logré lo que quería, ¿qué piensas? Pedro entendió que su amigo se había consagrado en la escultura, definitivamente. Se sentaron a tomar un trago, mientras éste le comentaba lo bueno que era haciendo cuerpos en frenético ardor y le relataba la experiencia que tuvo con sus “Amantes”





Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
20 de octubre de 2015


miércoles, 14 de octubre de 2015

QUÉ HERMOSA Y SENCILLA ES LA VIDA...



Al ver la vida que llevan estos seres, en ese pequeño espacio, me dan ganas de que alguien me ayude a entender, por qué los humanos nos complicamos tanto con ese soplo de energía que nos fue dado para disfrutar, gozar, reír, entender, perdonar, aceptar, atreverse, comulgar, bailar, soñar, en pocas palabras VIVIR.

Se nos va, ese pequeño pero muy importante soplo de vida en hacer cosas, completamente distintas a lo que queremos. Nos perdemos la oportunidad de descubrir que sí podemos arriesgarnos, aunque tengamos alguna discapacidad o seamos ya mayores, en edad pero no en espíritu.

Nos olvidamos de abrazar, de besar, de acunar, de sonreírle al que pasa a tu lado, aunque te vean con mala cara. Dejamos de sorprendernos, aunque lo que tenemos delante de nosotros haya sido para deleitarnos la vida. Nos olvidamos que vivimos.

Dejamos de jugar, de hacer bromas sanas con nuestros amigos, si nos quedan, o con nuestra familia. No permitimos bromas de los demás y mucho menos a costillas nuestras.  Cuando deberíamos ser los primeros en reírnos de nosotros. Porque somos tan humanos y cometemos cada error, que no convendría levantar la mano para acusar o señalar a nadie, que no sea a nosotros mismos.

Comenzamos amar, con ese sentimiento que es transmitido por nuestros padres, en los besos, los mimos. Ese calor que nos transfieren con sus cuerpos, con sus ojos y con esas carcajadas que dan, cuando decimos algo ingenioso  para nuestra edad. Es allí cuando conocemos el amor. Luego, con el pasar del tiempo, nuestro cuerpo va transformándose y esas glándulas empiezan a dar dolor de cabeza ¿por qué? Simple… somos como la mariposa que se transforma. También sufrimos o realizamos, sonaría mejor, un cambio de niño o niña a hombre o mujer. Nos enamoramos con tal pasión que siempre decimos que jamás volveremos amar como la primera vez y en mi criterio, eso no es cierto. Cada vez que sientes algo por una persona, siempre es distinto. Tiene su fuerza y vida propia porque que nada es igual, constantemente estamos cambiando. Somos energía pura y la energía no permanece, se transforma.

Es por eso que no entiendo por qué llegamos a la situación de no aprovechar lo que se nos ofrece en este momento en que yo escribo y tú lees. La vida es tan frágil, tan corta, tan hermosa. Es como una niña o un niño que camina sobre una cuerda floja, sin pensar, solo sintiendo el placer de lo nuevo, de lo peligroso. Ese algo que incita a seguir caminando cuantas cuerdas se les ponga en el camino. Solo cuando vemos hacia abajo, es en ese momento que dejamos de vivir.

Particularmente me encanta el sonido que hace la lluvia, cuando cae sobre un techo de zinc, como antes cuando era pequeña. Ese sonido me invita a recorrer innumerables caminos de fantasías. Cuántas veces ha llovido y hemos oído el golpear del agua y por la prisa de esta forma de vida que llevamos, no la tomamos en cuenta y no entendemos que el momento se nos pasó para volver a soñar.

La gota que se posa sobre la hoja y que a través de ella podemos ver cómo aumenta su superficie, me sorprendió. Quería capturar el rojo de la flor, que bañada con la lluvia, me mostraba el ardor de los amores del alma. Sin percatarme de que había un ecosistema en esa hoja,  que hacían vida juntos y disfrutaban de ello. Esas son las maravillas que nos ofrece el Creador y nos la coloca frente a nuestros ojos y no nos damos cuenta, porque somos tercos y ciegos. Qué sería de nosotros, si tomáramos como ejemplo ese pequeñísimo mundo. Pienso que viviríamos más felices, más acorde con nuestra naturaleza.

Hoy me tocó el tema de la reflexión. No pienses que es para ti solamente, no. Yo estoy viendo la biga que tengo en mi ojo y quisiera cambiar tantas tonterías que uno hace en honor a un Yo estéril.

Hay que vivir y sonreír lo más que se pueda para cuando tengas que irte, te agarre con una expresión de felicidad en tu rostro y de ese modo, todos te recordarán de una forma más agradable.

No intentes comprender al mundo y mucho menos complacerlo, se te irá la vida en ello y no lo lograrás. Somos humanos y como tal, ni nosotros mismos nos comprendemos.

Ama y ríete de la vida, que lo demás vendrá en la siguiente carcajada.

Sé feliz…



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
14 de octubre de 2015