martes, 29 de diciembre de 2015

DIEZ SECRETOS DE NAVIDAD…







Séptima Confesión

MILAGROS Y LOS BESOS SORBIDOS...


No les había comentado pero entre el grupo teníamos a un guitarrista, Luis. Él Jamás alardeaba de su don y siempre pasaba desapercibido en las reuniones, solo si estaba, como hoy, entre amigos era que sacaba a su “Diosa” cómo él acostumbraba a llamarla. Era una guitarra clásica española muy hermosa.

Dispuesto a complacer a sus amigos, la sacó de su estuche y mientras iba tocando cada una de sus cuerdas, le hablaba a su instrumento, -“Tenía tiempo que no estabas en mis brazos mi Diosa amada. Tu cintura apoyada junto a mi pecho y el resto reposando sobre mi pierna, es cuando te siento más excitante que nunca. Logras que salgan melodías divinas de tu preciosa boca y me subyugas a tus antojos-” Al instante empezaron a salir notas nostálgicas y melodiosas que lograron tranquilizar al grupo. 

Haciéndole un guiño a Milagros, le dice -Anda mi negra linda, acompáñame con esa canción que tanto me gusta cómo la cantas, aquella que dice “Para que no olvides recordarme”-. La voz de la amiga, viajaba por el aire y segura estoy que llegaba hasta más allá de dos cuadras. Era una voz fuerte y ronca, como esos sonidos que invitan a sentir sensaciones que nos dice que el mundo es perfecto.

Esa mezcla de música, ron y recuerdos eran los momentos, que solo una vez ocurren. Eran instantes de complicidad y había que aprovecharlos, hasta el último sorbo.

Luego de terminar la canción, Fredy se colocó al frente y recordándoles que el tiempo se les iba procedería a mover la lata, donde estaban los nombres para aligerar las tres confesiones restantes. Todos pusieron atención -¡Y el ganador es Milagros! – Y todos gritaron, - Anda Milagrito dinos tu secreto más guardado-

Recordemos que del otro lado seguían los vecinos espiando la reunión y que sin pensarlo hicieron la de ellos, como si estuvieran disfrutando de unas películas subidas de tono. 

Margarita, ya sabía cómo empezaba la ceremonia en el “Confesionario” y con unos tragos, entre pecho y espalda, se envalentonó y comenzó su relato.

- Mi confesión no es de tanto tiempo atrás. Podría decir que eso sucedió hace unos once meses y les aseguro que sólo ustedes lo sabrán, porque ni a mi esposo me había atrevido a contárselo. Siempre lo he visto como algo pecaminoso y es por eso que he estado muy distraída en estos últimos días. En verdad les digo que no sé por qué lo hice-.

Los amigos ya estaban intrigados. Conocían a Milagros y nunca pensarían que ella fuera capaz de hacer algo fuera de lo normal. El solo hecho de tener esta reunión en su casa fue rarísimo. Su familia la estaban pasando esa noche en casa de su suegra, cosa que nos pareció extraño pero son cosas de parejas y en eso uno no se mete y fue por eso que nos vinimos todos acompañarla.

Continúa Milagros – Hace unos meses atrás, estaba en los arreglos de una fiesta que le daríamos al jefe del Departamento donde trabajaba. ¿Recuerdan, que para esos días no podía reunirme con ninguno de ustedes por estar muy ocupada? Yo estaba junto al grupo de cuatro personas, que habíamos decidido arreglar el salón con bambalinas y globos. Estábamos atrasados en los arreglos y hubo un momento en que una de las chicas tuvo que subirse a una escalera para revisar un panel del techo. Queríamos que al  pararse el Jefe en ese lugar, le cayera un poco de papelillos y nosotros soplaríamos las serpentinas.

El que le estaba sosteniendo la escalera a la chica, lo llamaron y tuve que quedarme en su lugar. No me acuerdo el nombre de ella pero no olvidaré lo que sucedió en los siguientes minutos.

Yo trataba de evitar que se cayera, ya que estaba bien alto. Le iba a decir algo cuando volteé hacia arriba y la joven estaba con una faldita corta, unas medias sujetadas con liguero. Les juro que en ese momento, se me metió el demonio por dentro porque verla en esa posición fue transformarme inmediatamente. Salía de mí un instinto animal muy fuerte y empecé a subir poco a poco por la escalera, cual pantera en busca de su presa. Todo lo que desde abajo veía, al irme acercando era más deseable y a todo color por supuesto muy excitante.

Los amigos habían quedado paralizados de la impresión, de cómo iban sucediéndose las cosas en el relato de Milagros.

Al estar más cerca, le agarré el tobillo y empecé acariciarle la pierna. Ella empezó a moverse y a tratar de soltarse pero en la posición que estaba, no era seguro para ella patalear mucho. Al mismo tiempo gritaba que la soltara. Yo escuchaba como si estuviera en otro salón, lejos muy lejos y sentía que no era conmigo.

Seguía subiendo y mis manos lograron atraparle sus caderas. Como quién sabe lo que hace. La sujeté con una mano y la otra la deslicé hacia su ropa íntima bajándoselas hasta sus muslos. Ella lloraba pero el animal que la tenía sostenida no la oía y mucho menos reaccionaba al llanto de ella.

Cuando llegué al siguiente escalón, ya mi rostro estaba pegado a la frescura de sus partes y suavemente la besé una y otra vez. Se había despertado unos deseos inmensos de saborearla, como jamás me pasó con mi esposo.

La otra Milagro, al fin se daba cuenta de lo que estaba pasando pero no podía detener a la fiera o demonio que se había hecho presente en ese momento. Jamás hubiese pensado en hacer algo como eso pero disfruté cada uno de sus enviones y mientras más jugueteaba con sus divinas partes más se venía. Ya no gritaba, ya no me pedía que la dejara tranquila. Solo gozaba de esa sensación jamás experimentado en su vida.

En un momento volví en mí y entendiendo que no podía quedarme allí bajé más rápido que cómo subió la pantera. Me refugié en una plaza a llorar y a pedir perdón por lo que había hecho. No entendía nada.

La joven nunca supo quién fue el, porque supuso que había sido uno de los hombres, que estuvo con ella esa mañana. Tampoco lo contó por la misma razón de no tener certeza de quién era.

Se lo dije a mi esposo, para no tener secretos en el matrimonio y es por eso que está donde su madre. Dice que teme vuelva a pasarme y tenemos una hija. Así que amigos es la razón más importante del porqué están ustedes aquí. Necesitaba saber que no soy algo raro, algo a lo que se le tenga miedo.

-Al decir esto, se desplomó como cuando se suelta algo que pesa mucho y al mismo tiempo su llanto le partía el corazón a todos. Sollozó un rato hasta recuperar la compostura. Era como un animal herido al que se le jorunga la herida más reciente dentro de él. Todos nos abrazamos a ella y le dimos nuestra solidaridad. Solo le recomendamos que viera a un especialista porque a lo mejor tenía algo escondido, con relación a sus gustos con respecto al género femenino.
No es algo para morirse, -le aseguró Raúl- Lo importante es estar definido y vivir la vida.

Del otro lado de la casa, los vecinos se habían retirado uno a uno al lograr tener un sexo más interesante, como nunca lo habían tenido con sus parejas, así que quedaba una sola de ellas y la dueña de la casa.

Milagros nos habla de algo que puede sucederle a cualquiera que no haya podido entender sus tendencias sexuales y éstas pueden salir, cual torbellino, en el momento menos indicado y muy explosivo.

Se feliz con lo que eres y acéptate, que lo demás no importa…

Con esta confesión nos faltan tres por compartir. Qué les parece si me acompañan y así le damos un Feliz año a los amigos que se están confesando…



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
29 de diciembre de 2015