miércoles, 26 de octubre de 2016

QUIERO NACER ENTRE TUS BRAZOS...






Sabes lo que es estar enamorado
Entiendes lo que es sentir amor
Has sentido un vestigio de cariño
Te han besado hasta llegar el amanecer


Recuerdas, cuántas veces te abrazaron y
Sentiste el calor de esos brazos.


Cuántas veces pensaste que eran falsos
O fuiste ingenua y te dejaste envolver por la necesidad
De una caricia a tiempo.


Hoy renacen las ganas de sentir unos labios tiernos
Hoy el alma se siente alborotada y febril
Hoy mis manos han sentido tu cuerpo
Hoy he vuelto a sonreír.


Que si esto que siento es amor, lo ignoro
Que si lo que me une a ti es necesidad, quién sabe
Que tu boca enloquece mis sentidos, muy cierto
Que mi cuerpo vibra más allá de lo jamás sentido, estoy segura.


Es posible, muy posible que el bichito del deseo me visite y te seduzca para mi placer.


Es posible que te imagine deambulando, descalzo por mi alma.


Es posible que me hagas desfallecer.


Es posible que te quiera sentir y hacerte mío
Es posible que ya estés en mi cama rendido de tanto amar.


Recuerda, que este colibrí, que hoy roza tu boca
Mucho antes lo han besado.


Añoro que deshagas lo experimentado pero cuídate de no eliminar lo aprendido será maravilloso enseñarte lo vivido.


 Y de esa manera nacer entre tus brazos y picotear el almíbar de tu alma para que se convierta en la savia de mi existencia.




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
 26 de octubre de 2016


sábado, 22 de octubre de 2016

DANDO VUELTAS EN LA CAMA...





Cristina daba vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño. Había un pensamiento que le rondaba la mente y a pesar, de meditar y hablar con Dios, no podía sacarse de la mente a Federico.

Ella sabía que era casado y que sólo podría existir una buena amistad, entre ellos pero al voltearse hacia el otro lado de la cama volvía aparecer aquella luz que vio en sus ojos, la primera vez que lo conoció.

-Pero bueno señor, te estoy pidiendo que me ayudes a sacármelo de la mente y que pueda verlo, solamente como un buen amigo y vuelve aparecer su sonrisa de niño travieso en mis recuerdos.

Al fin se quedó dormida, mientras la noche transcurría plácidamente.

Se encuentra con Federico y arrimándose un poco para saludarlo con un beso, éste se voltea en el momento en que ella acerca su cara y se encuentran sus bocas al tiempo que sale ese beso casto y efusivo.

Cristina se voltea avergonzada, mientras su rostro se torna color grana. Federico le toma el mentón, suavemente y volteándole el rostro busca de nuevo sus labios para besarlos con más vehemencia. Se dan cuenta que ambos ansiaban esa caricia y se entregan por unos minutos a sentir y saborear sus bocas.

En la mente de Cristina aparece el por qué no debe besarlo y lo retira suavemente.

-Discúlpame Cristina, si te he ofendido pero tenía muchas ganas de besarte. He soñado con esto, desde el día que te conocí.

-Ella con el corazón a punto de salírsele y levantando sus ojos hacia él, le confiesa que ella también deseaba besarlo pero que había algo que la detenía y era que él estaba casado.

Federico,  con la astucia que había obtenido, con el paso de los años, la atrajo hacia él y sintiendo su cuerpo pegado al suyo volvió a besarla. Era imposible desatarse de este lazo que se estaba formando en ese momento. Cómo evitar besarle, si su boca era tan ávida en ese Arte. Cómo no sentir la respuesta de su cuerpo, cuando ya era uno solo. Fue imposible no rodar por la grama, mientras su boca recorría su cuello y sus manos llegaban hasta lo más profundo de su intimidad.

En ese momento no paso gente, nadie los vio. Sólo eran dos personas que se permitieron demostrar, lo que cada uno sentía por el otro.

Federico se transformó en un lobo hambriento y en un dos por tres se la llevaba en la boca hacia su madriguera para devorarla, beso a beso por completo. No apareció el cazador para salvarla de semejante ataque. De sus fauces se escurría un líquido brillante que la envolvía completamente. No hubo gritos, tampoco pelea alguna, se dejó arrastrar como el que se sabe herida de muerte.

Ya en su escondrijo, la fue despojando, con los dientes, de todo lo que le impedía saborear ese aroma de hembra, mientras su hocico husmeaba por entre sus partes, ansioso de percibir el olor del deseo, eso lo excitaba demasiado.

Era imposible cualquier rescate. Nadie sabía sobre ese lugar. Estaba bien camuflado y alejado del vecindario.

Toda la noche la besó y la hizo suya. De vez en cuando le traía agua y frutas para que estuviera fuerte. 

El sol le manoseó los ojos y se despertó dándose cuenta que todo había sido un sueño y que nada había pasado, aunque su cuerpo le gritara, que si estuvo con él. No sabía si lamentarse o agradecerlo. Recordó que al otro día se encontrarían.

Luego de ese sueño, ¿Lo vería de la misma forma? Era una guerra en sus adentros, que no sabía si podría ganarla. 

El mañana, que aún no existe, lo dirá...



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
22 de octubre de 2016




domingo, 16 de octubre de 2016

CON MI ALMA EN CALMA...







Con el alma en calma,
Con las piezas del corazón recogidos,
Mando un suspiro al viento
Y espero que traiga de regreso
La esperanza de un te quiero.


Con la paz en mi alma,
Ciento que muy pronto alguien la acariciará,
Y soltándola, sin temor alguno,
La sueño volviendo, con la velocidad de mis deseos.


Con la calma y la paz en mi alma,
Te mando un beso, envuelto en música y sonrisas.
Con mi cuerpo, cual lira musical,
Dejo que la brisa de mis anhelos,
Toquen una melodía, de sincero amor por ti.


Te presiento y te siento,
Te palpo con mi mente y muchas veces vuelves a mi boca,
Como aquel colibrí que succiona el néctar de la flor,
En delirante frenesí.


Si llegases, cuando yo allá partido,
No te pongas triste amor,
Vanaglóriate de haber tenido esta alma en vilo,
Que esperó un roce tuyo acariciando mi ardiente piel.


Apacible vuelo hacia tu esencia,
Estoy segura que ya has pasado muy cerca de mí,
Porque te he sentido, en ese escalofrío que erizó mi piel.
En esa mirada, que fue muy de prisa,
Sólo tengo que aguardar, como hacen los Petirrojos,
La llegada de la primavera.


Por eso, desde este lugar, te digo que sé que existes,
Y es por eso que mi alma está en paz y sosegada,
Aunque no haya tocado tus labios, ni sentido el dulzor de tu saliva. Estoy segura que rondas mi vida.

Paciencia, me digo, el momento está más cerca que nunca.


Nadie podrá sacarme de este hermoso trance que existe,
Entre tu alma y la mía.


No importa si no llegas a tiempo, sé que existes y con eso tengo bastante…




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
16 de octubre de 2016



jueves, 13 de octubre de 2016

LA MUERTE TE ENCONTRÓ A SOLAS...





Ese doce de octubre, la muerte te encontró sola.
Venías desandando tus pasos, en un eterno desespero.

Subías, bajabas. Tu cuerpo era un solo temblor.


No sabíamos si era por nervios o por alguna enfermedad que ya se había alojado en ti.


Eras muy notoria entre los vecinos. No te importaba llamar por su nombre, lo que pensabas estaba mal hecho. Nunca aceptaste que te silenciaran.


Siempre fuiste recia y directa en tus cosas. En el poco tiempo de conocerte, supe que no eras mujer fácil de tratar. Fuiste como esos pajaritos, que no permitían que se le acercaran mucho, cuando no conocía, de dónde venía la mano.


Fueron años de unión, con el mismo hombre. ¿Cuántos? Ya no importa. Seguro aparecerá en alguna corona ante tu ataúd, donde dirá “Para la esposa más abnegada y la madre más solícita”


Ya la Dama Blanca acechaba tus pasos. Sólo esperó  el momento oportuno para, que en silencio y sin que nadie se diera cuenta, a pesar del movimiento que había, decidieras hacer efectiva la salida a todas tus calamidades.


Desde arriba te veías hermosa. Tu cabello castaño claro, con algunos hilos de oro, que quedaban de tus años de moza, estaban sueltos. Era muy raro conseguirte de esa forma, en cualquier parte. Siempre lo atabas hacia arriba, dándote un aire de mujer de más edad.


Pero en ese fatídico momento, estabas plácida. Tu rostro jamás lo había visto con ese tipo de serenidad, que el que tenías allá abajo. Mostrándonos, que a la que veíamos subir y bajar, quién sabe cuántas veces al día, era una mujer desesperada y capaz de cometer lo que hiciste.


Viene a mi mente esa canción de Rubén Blades “El último día de Adán García”. Ya venías maquinando lo que harías y fue ese día que lo lograste, al percatarte que tenías una oportunidad, como nunca para terminar con todos tus problemas.


Muchas veces las personas prefieren que quede en su mente, la imagen de la persona sonriendo y disfrutando de la vida.


Para mí, tu cuerpo frágil con la cara hacia el sol es la única forma, en que he visto tu semblante descansando en paz.

 Estas palabras van para una mujer que decidió partir por ella misma. ¡Hoy la saludo y le deseo el descanso eterno!

P.D. Esta vez me ha tocado plasmar la triste realidad de la vida. ¿Qué podemos aprender de situaciones como éstas? Espero que muchas cosas.


Una es que no debemos permitir que se apodere de nuestra alma la desesperación, en cualquier situación negativa por la que estemos pasando. Todo tiene arreglo, menos la muerte.


Otra es, que la vida es corta y debemos aprovecharla para VIVIRLA, en todo su esplendor. Nunca es tarde. Lamento traerles este tema pero ¿Qué es la vida? sino está acompañada de la muerte. 


¡Todo lo que nace, tiene que morir!




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com 
13 de octubre de 2016



martes, 11 de octubre de 2016

UNA NOCHE, EN QUE MI CUERPO TEMBLÓ...






En una noche pude sentir.


En esa noche pasó lo que tenía tiempo no ocurría.


En una noche recorrí salones de bailes, donde la gente se aglomeraba para vernos danzar.



En una noche converse de cosas triviales pero importantes en el momento.



Aprendí que la vida está al alcance de un dedo, de un insignificante click y una sonrisa exquisita del que me hablaba.



Esa noche se empezó con un poema “Desiderata” de Max Ehrman.


Iniciamos con la guinda del pastel y mira que es lo último que se coloca.



Seguimos con valses noruegos o rusos, ya no me acuerdo porque no podía permitirme perder el paso, de tan excelente acompañante. Era un salón grande y hermoso. Los invitados vestían fastuosos atuendos, sólo que no llevaban ropa.



Lo que más sobresalía en ellos era su amplia sonrisa y una luz que emergía desde sus cabezas, cual tuvo que ascendía más allá del techo.



En una noche me encontré con un atento caballero que me invitó a bailar, sin importarle que yo llevara una pulsera tejida en macramé dorado, como única prenda de vestir. Sus manos cálidas fueron tímidas al principio. Siempre, muy cortés, pedía permiso para tocarme un poco más.



En una noche, el tango fue el primer encuentro sensual con alguien que nunca dejó de apretar mi alma para evitar que me sentara.



Luego jugueteamos con la salsa y nuestros cuerpos recordaron aquellos días, en que nadie nos podía detener, en la decisión de amanecer al ritmo de los setenta u ochenta.



Un merengue no podía pasar desapercibido. Su mano atesoró mis caderas e intentó asirlas hacia él pero era la primera vez que bailábamos y no podía permitirle semejante familiaridad, así que retrocedió un poco.


El desastre fue cuando apareció Gilberto Santa rosa, con ese “Tequila y Ron” Ya mis brazos rodeaban su cuello y nuestros cuerpos danzaban al unísono.



Fue cachete con cachete y alma con alma. Fue la noche inolvidable de dos solitarios que unieron sus sueños por unos minutos llegando a sentir que la vida volvía a transitar por sus cuerpos.



En una noche, a pesar de la distancia hubo más sensaciones, que cuando estamos con alguien en cuerpo presente.



Ya era tarde y teníamos que madrugar, así que cada quien se fue a su cama, con un “Te quiero y Nunca me olvides” Apagamos nuestros sueños y regresamos a la realidad, con una maravillosa y dulce sensación de haber sido felices por un corto pero placentero tiempo.




Carmen Pacheco

lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com

@Erotismo10

11 de octubre de 2016