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lunes, 12 de marzo de 2018

UN CUERPO ARDE…




Vuelve el calor y tu cuerpo se afiebra
Gotas de sudor resbalan por tu cintura
Y lentamente se depositan en tu sexo
Las caderas bailan al ritmo de esas ansias.

Sólo hay un ventilador
Él mueve el poco aire que entra por la ventana
Las cortinas apenas se agitan
Necesitas sentir su cuerpo.

Mari Carmen tiene visita
Su música entra por las rendijas de la puerta
Se la oye reír y cantar
Esta noche ella será la idolatrada.

No puedes evitarlo hierves de pasión
Quieres  calmar esta sed
Sólo existe una manera
No hay otra cosa que hacer.

Una ducha de agua fría liberará el calor
El vapor no se hace esperar
Y cual hoya de presión
Desata estas ansias que tienes de sentir.








Carmen Pacheco
@Erotismo10
12 de marzo de 2018



miércoles, 7 de junio de 2017

LA PIEL BAJO MIS UÑAS...





En el boulevard se estaba celebrando una especie de fiesta. La gente iba disfrazada de personajes del siglo XVIII. Todo era algarabía y antifaces. Algo que jamás me gustó es ir por allí con el rostro tapado. Había quedado en encontrarme con Luisa María, amiga de la infancia, la que siempre tiene conversaciones muy aleccionadoras.

Cuando llego al Restaurant donde nos encontraríamos observé un remolino de hombres alrededor de mi amiga. Al verme ésta, hace un gesto que dice “Qué puedo hacer” mientras coquetamente escribe algo en un pedazo de papel de uno de los que la rodeaban. Cuando llegué, los despidió con mucha cortesía dejando en sus mentes, la idea que esa noche estarían cenando juntos.

Nos abrazamos y riendo le digo – No cambias María Luisa, la misma coqueta de cuando niñas. - Qué te puedo decir- dice arreglándose el escote, dejando a la vista unos pechos que parecen palomas prestas a volar.

Que alegría que hayas podido viajar esta temporada a Madrid. – Me dice. Como ves han llegado muchos turistas para la entrega de premios de esta noche.

Haciéndole una seña al mesonero, le contesto – No me lo hubiese perdido por nada del mundo amiga. Quiero verte recibir el tuyo y nos echamos a reír. Tráigame una buena taza de café con chocolate y una torta como la que tiene mi amiga.
Cuéntame cómo te ha ido con tus apariciones en el teatro. Desde que escribiste aquel libro de “La piel bajo mis uñas” y de eso hacen unos meses, no había podido encontrarte para conversar.

Todo ha ido a pedir de boca. Me estoy presentando seis veces a la semana y los fines de semana dos, le comento. No quiero cansarme tanto y prefiero dejar unas cuantas horas para mí.

El tema que tendré la semana entrante es sobre la sexualidad tántrica y la conexión al corazón. ¿Qué te parece el título que le puse?

Interesante esa combinación de sensaciones en un teatro  –Contesta.

¿Crees que el sexo puede tomarse como una adición?

Claro que sí, sobre todo si hablamos de un sexo meramente cerebral.

No entiendo, le replico.
La sexualidad puede ser muy adictiva cuando no está conectada al corazón y generar patrones emocionales dolorosos. No hay acto sexual que no despierte emociones y es por eso que debemos entrenarnos para poder disfrutarlo sin, cómo es que tú les llamas - “Apego”- le contesto. Exactamente, cuando aprendemos a llevar una sexualidad consiente con ese órgano llamado corazón, parece una controversia pero es posible que  no nos apeguemos a nadie y gozamos los encuentros más que los que sufren por amor.

Hago un gesto de necesitar algo más que lacre ese frasco de perfume que destapó.

Te explico. Cuando llegas a entender que esa persona con quien estás, no la tienes que dominar o tratar de amarrarla a ti es más placentero el sexo con él o con ella. Si mi placer depende de otra persona es allí cuando aparecen las pataletas del niño interior  “Por qué tú no estás cuando yo quiero”. “Por qué tu no me das cuando yo quiero” pero cuando está conectado al corazón dentro de ti misma ya no es tan adictivo. Cuando se conecta al corazón es menos intenso, no quiere decir que sea menos verdad. Al contrario es cuando el verdadero amor renace y se manifiesta con toda su gloria. De la forma que te comento encuentras más espacio y se crea más confianza. Te das cuenta que el otro no es un objeto para ser usado por ti, ni tú por él y estás más conectada a ti misma, por lo tanto no estás tan necesitado del otro. Deja de existir eso que dicen “Sin ti no soy nada” Al contrario es cuando están más compenetrados en el sentir. Eso es uno de los caminos entre el sexo y el corazón.

Primero hay que aceptar que se está solo o sola. Existen los que te preguntan “Cómo y todavía sigues soltero” o cómo haces para vivir sola. No saben que en la soledad hay un espacio exquisito de intimidad con uno mismo y solamente desde ese espacio puedes abrir la puerta a otra persona para dejarlo entrar. Cuando has aprendido a convivir contigo es más fácil hacerlo con otra persona.

Me has dado material para desarrollar en el próximo Foro. La gente estará feliz de aprender cómo disfrutar del sexo sin tener que aferrarse a nadie y sí gozar cada instante en la libertad que nos da el no apegarse de ninguna forma valorando el momento que se vive y más nada.

El tiempo corrió como muchacho tras un heladero. Quedamos en encontrarnos esa noche, luego de la entrega de los premios y así seguir compartiendo su merecido reconocimiento y algo más de cosas del amor.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
07 de junio de 2017


miércoles, 25 de enero de 2017

EL AMOR A MI EDAD...







El mundo se ha acostumbrado a encasillar el tiempo.
Los años que van pasando.
Nos dejan experiencias de lo vivido.
Soy de las que con pinza atrapan y eterniza. 
Aquellos que me permitieron gritar lo sentido.

Cuando joven no tenía experiencia en el amor.
A mediana edad pensaba que me las sabía todas.
Hoy en la madurez de mis uvas.
Siento que estos son los mejores años de mi vida.

Mi cuerpo era enervante. Carnes duras, piel sedosa.
Mis senos mantenían su altivez ante la vida.
Mi agilidad era la de una gata sobre el tejado.
Mi boca se creía experta a la hora del beso.

Qué ingenua.

 Hoy me doy cuenta, que la experiencia acumulada.
Le da paso a la tonicidad para mostrar lo aprendido.
Permitiendo el gozo del amor y sus encuentros.

El tiempo me dejó tantas marcas.
Pienso que son las suficientes para enseñarte.
Que no hay madurez si no la compartes.






Carmen Pacheco
@Erotismo10
24 de enero de 2017

domingo, 16 de octubre de 2016

CON MI ALMA EN CALMA...







Con el alma en calma,
Con las piezas del corazón recogidos,
Mando un suspiro al viento
Y espero que traiga de regreso
La esperanza de un te quiero.


Con la paz en mi alma,
Ciento que muy pronto alguien la acariciará,
Y soltándola, sin temor alguno,
La sueño volviendo, con la velocidad de mis deseos.


Con la calma y la paz en mi alma,
Te mando un beso, envuelto en música y sonrisas.
Con mi cuerpo, cual lira musical,
Dejo que la brisa de mis anhelos,
Toquen una melodía, de sincero amor por ti.


Te presiento y te siento,
Te palpo con mi mente y muchas veces vuelves a mi boca,
Como aquel colibrí que succiona el néctar de la flor,
En delirante frenesí.


Si llegases, cuando yo allá partido,
No te pongas triste amor,
Vanaglóriate de haber tenido esta alma en vilo,
Que esperó un roce tuyo acariciando mi ardiente piel.


Apacible vuelo hacia tu esencia,
Estoy segura que ya has pasado muy cerca de mí,
Porque te he sentido, en ese escalofrío que erizó mi piel.
En esa mirada, que fue muy de prisa,
Sólo tengo que aguardar, como hacen los Petirrojos,
La llegada de la primavera.


Por eso, desde este lugar, te digo que sé que existes,
Y es por eso que mi alma está en paz y sosegada,
Aunque no haya tocado tus labios, ni sentido el dulzor de tu saliva. Estoy segura que rondas mi vida.

Paciencia, me digo, el momento está más cerca que nunca.


Nadie podrá sacarme de este hermoso trance que existe,
Entre tu alma y la mía.


No importa si no llegas a tiempo, sé que existes y con eso tengo bastante…




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
16 de octubre de 2016



martes, 11 de octubre de 2016

UNA NOCHE, EN QUE MI CUERPO TEMBLÓ...






En una noche pude sentir.


En esa noche pasó lo que tenía tiempo no ocurría.


En una noche recorrí salones de bailes, donde la gente se aglomeraba para vernos danzar.



En una noche converse de cosas triviales pero importantes en el momento.



Aprendí que la vida está al alcance de un dedo, de un insignificante click y una sonrisa exquisita del que me hablaba.



Esa noche se empezó con un poema “Desiderata” de Max Ehrman.


Iniciamos con la guinda del pastel y mira que es lo último que se coloca.



Seguimos con valses noruegos o rusos, ya no me acuerdo porque no podía permitirme perder el paso, de tan excelente acompañante. Era un salón grande y hermoso. Los invitados vestían fastuosos atuendos, sólo que no llevaban ropa.



Lo que más sobresalía en ellos era su amplia sonrisa y una luz que emergía desde sus cabezas, cual tuvo que ascendía más allá del techo.



En una noche me encontré con un atento caballero que me invitó a bailar, sin importarle que yo llevara una pulsera tejida en macramé dorado, como única prenda de vestir. Sus manos cálidas fueron tímidas al principio. Siempre, muy cortés, pedía permiso para tocarme un poco más.



En una noche, el tango fue el primer encuentro sensual con alguien que nunca dejó de apretar mi alma para evitar que me sentara.



Luego jugueteamos con la salsa y nuestros cuerpos recordaron aquellos días, en que nadie nos podía detener, en la decisión de amanecer al ritmo de los setenta u ochenta.



Un merengue no podía pasar desapercibido. Su mano atesoró mis caderas e intentó asirlas hacia él pero era la primera vez que bailábamos y no podía permitirle semejante familiaridad, así que retrocedió un poco.


El desastre fue cuando apareció Gilberto Santa rosa, con ese “Tequila y Ron” Ya mis brazos rodeaban su cuello y nuestros cuerpos danzaban al unísono.



Fue cachete con cachete y alma con alma. Fue la noche inolvidable de dos solitarios que unieron sus sueños por unos minutos llegando a sentir que la vida volvía a transitar por sus cuerpos.



En una noche, a pesar de la distancia hubo más sensaciones, que cuando estamos con alguien en cuerpo presente.



Ya era tarde y teníamos que madrugar, así que cada quien se fue a su cama, con un “Te quiero y Nunca me olvides” Apagamos nuestros sueños y regresamos a la realidad, con una maravillosa y dulce sensación de haber sido felices por un corto pero placentero tiempo.




Carmen Pacheco

lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com

@Erotismo10

11 de octubre de 2016
  

viernes, 19 de agosto de 2016

VIVIENDO UNA FANTASÍA...




“Nunca permitas que otra persona te haga sentir mal, Que jamás empequeñezca tu forma de ser, de vivir, de pensar, de cómo ves la vida, porque en ese momento, estarás perdiendo el control de tu vida”

Esas palabras retumbaban en la mente de Josefina. Hace quince años, su madre, al verla llorando por un amor fallido, se las dijo y a pesar de estar repletas de tanta sabiduría, no las tomó en cuenta.


Hoy, en su pequeña habitación, luego de haber llorado lo que pensó no haría por nadie, llegaba a su mente esa figura frágil repitiendo las mismas palabras de otrora. Sus ojos atascaron ese manantial de agua salada, que de ellos salía. Su cabeza se irguió y analizó cada coma, cada punto, cada rima de esas palabras y pasándose las manos por los ojos, decidió que serían las últimas lágrimas que derramaría por alguien que no entendía su ser, cuando se atrevía a poner, en entre dicho su estabilidad, en cuanto a su forma de sentir.


Esa noche, luego de sacudirse ese mal sentimiento. Se dio un espumoso baño acompañado por una copa de vino y una suave música. De esa forma pudo recordar la persona que, verdaderamente era ella. Quiso por un instante, hacer que otro ser se sintiera en las nubes y pensó que definitivamente esa no era la forma de amarse y respetarse. Primero estaba su esencia y su yo como persona. 


Pasado un rato se levantó de su baño de espumas. Sintió como unas de ellas se deslizaban por todo su cuerpo, mientras caminaba desnuda buscando una toalla. Al pasar frente a la ventana disfrutó las caricias que la brisa le otorgaba a su piel, con ese roce cual lengua punzante. Haciendo que las espigas de sus senos se erizaran y produciendo una sensación de placer muy profunda a la vez. Sus manos los acariciaron notando su rigidez e inmediatamente, la otra buscó su sexo, que ya empezaban a vibrar por la eterna esperanza. 


Tomó la toalla, se la terció alrededor de los hombros y fue directo a su closet para escoger un vestido bonito y unos elegantes zapatos. Hoy drenaría tantas sensaciones acumuladas dentro de ella. Su cabello húmedo, le daba un aspecto de fiera, que incitaba a meter las manos por esos rizos alegres y encantadores mientras que de su piel canela húmeda emana un delicioso perfume tan suyo, que levantaría un muerto  ansioso de pasión.


Llamó a un amigo y le pidió la llevara al café, donde se reunía el grupo. Justiniano, era el nombre del amigo, le pareció maravilloso ir junto a Josefina al encuentro de los amigos. Así la gente murmuraría que ella estaba prendada de él. Inmediatamente se arregló y se lanzó a la calle, con ese incansable vehículo que tenía para todas las juergas que se le antojaba.


Cuando llegó donde Josefina, se dio cuenta que ella estaba en el porche esperándolo. Cuando la luz del farol la iluminó, Justiniano tuvo que apretar la boca y las manos de la impresión. Nunca la había visto tan hermosa y provocativa. No sabía que tenía esa noche pero estaba para hacerla sentir el verdadero amor
- pensó el muchacho -


Le abrió la puerta del carro, muy caballerosamente. Aprovechando para aspirar el suave perfume de azahares que emanaba de sus cabellos aún húmedos.


Estás preciosa –le dijo el amigo-
Josefina viéndolo de medio lado, le dio las gracias y le dijo que se apresurara. Ansiaba por llegar al lugar.


Las luces de la calle invitaban a los clubes nocturnos, todo era movimiento y música. Cuando llegaron, él la acompañó a la mesa. Lo menos que se esperaban era ver a Josefina por esos lados y menos ese día, que sabían estaría con el que ella había denominado “Mi Tormento”.


El grupo gritó y aplaudió su llegada. Inmediatamente mandaron a que colocaran otra silla y la bebida que siempre acostumbraba a tomar con el grupo.


Tenía tiempo retirada de su gente y tuvo que ponerse al corriente de todo lo que les había pasado. Unos se casaron, otros se graduaron y venía un niño en camino. Eran muchos acontecimientos que se había perdido por estar pendiente de otra cosa.


De pronto apareció Hernán, ellos habían tenido un romance muy serio algunos meses atrás por lo que todos pensaron que se casarían. Las miradas cayeron sobre Josefina y se quedaron callados esperando la reacción de ella.


Él se le acercó y le pidió que bailaran juntos. Los amigos cuchicheaban viéndolos irse hacia la pista de baile. Hasta hicieron apuestas, unos decían que volverían y otros que no, que ya eso había terminado.


Ya en la pista, Hernán la sujetó a él  y envolviéndola con su agresivo perfume de hombre comenzaron a bailar suavemente. Josefina estaba encantada de sentir ese abrazo fuerte, que siempre le daba Hernán y decidió dejarse llevar. Al no encontrar resistencia de parte de ella, la atrajo más hacia su pecho y los brazos de ella se elevaron para rodear su cuello y de esa forma quedaron entrelazados toda la noche. No se separaron a tomar o hablar con los amigos. Eran solo ellos.


Antes que terminara la reunión, ya la pareja se había escabullido por la cocina del café y se fueron a conversar a la orilla del mar. Muchos recuerdos, muchas preguntas, muchos porqué y era el momento de aclarar algunas cosas.


Aunque esa noche Josefina no quería hablar, necesitaba sentir y en un descuido de Hernán, se quitó la ropa y quedó vestida con esa suave piel canela, tan uniformemente perfecta. 


Arriba una hermosa y redonda luna llena, la abrazaba de luz, cual foco en una obra de arte, donde su piel era la estrella principal del acto y jugando con las tonalidades hizo que brillara cada centímetro de ella a semejanza de la Diosa de ébano. Sin decir palabra, se enrumbó hacia la espuma que se formaba en la orilla, por cada envión que hacía el mar contra la arena.


Él la siguió y en un segundo ya estaba cerca de ella. Sus manos la tomaron por su frágil cintura. Un beso y una sensación de cuerpo hizo que en ese sitio hirviera el agua. Ella pasó sus largas piernas por la cadera de él y entrelazados, al ritmo del mar sus ansias fueron apagadas y quedaron viendo hacia la luna luego de darse por entero.


Los senos de Josefina emergían sobre el agua y la luz de la luna los pintaba como joyas que flotan a la deriva en el mar. Fue suficiente esa vista para que su compañero volviera a sentir ganas de tenerla y enceguecido de deseo la volvió hacer suya, de la forma que solo él sabía.


Al otro día Josefina recibía infinidad de mensajes y llamadas. Ella estaba en lo suyo y desde ese momento, no permitió que nada, ni nadie la sacara de su verdadero yo.


En esta vida todo pasa y nada queda. Así que hay que disfrutar lo que pasa y seguir disfrutando del camino, que es lo más importante. ¿El llegar? Siempre estará allí, por qué preocuparse entonces. Disfruta de la travesía.


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
19 de agosto de 2016





domingo, 31 de julio de 2016

CUANDO EL CLOSET GRITA…



Ramiro era un joven bien agraciado. Desde pequeño siempre llamó la atención, por sus hermosos bucles dorados en su pequeña cabecita. El sol hacía que parecieran rayos de luz que guindaban e iluminaban el rostro del niño. Todos lo agasajaban y abrazaban.

Su padre se había alejado de la casa, cuando tenía ocho años. Dicen que era muy mujeriego y siempre tenía un amante en cada esquina. Llegó a tener una a dos casas de donde vivía con su familia. Una noche, la madre de Ramiro, se dio cuenta que ya no podía seguir mintiéndose y estaba segura que él jamás cambiaría, así que le preparó sus cosas y colocándolas en una maleta, se las dio y le abrió la puerta. Todo fue en silencio, nadie gritó y mucho menos suplicó. Sólo se oyó, cuando la puerta se cerró por el estruendoso ruido que hizo.

De esa forma el niño creció entre su madre, tías, hermanas y abuela. Todas querían lo mejor para él. Lo ayudaron a estudiar y logró graduarse con honores.

Nunca llevó una novia para que la conocieran. Siempre estaba rodeado de amigos y amigas pero sólo eso eran “amigos” De vez en cuando la familia se preguntaba la razón de que el muchacho no hubiese traído alguna chica. Era tan bueno en sus estudios y lo veían siempre rodeado de gente, que no le dieron la mayor importancia “En algún momento aparecerá la indicada” – Se decían-

Ramiro por su parte había pasado sus años de estudios tratando de hacerles creer que todo estaba bien. Nunca se quejó y mucho menos comentó lo que le había pasado, cuando estaba en los primeros años de su secundaria. Decidió dejarlo en el pasado y jamás hablar al respecto.

Pasó con muy buenas notas a la Universidad. Era una nueva vida para él. Alejado de su familia, creyó que podría vivir más tranquilo, ser él. Jamás pensó que la vida le tendría una sorpresa jamás esperada.

Los estudiantes se arremolinaban en un corredor del plantel frente a una cartelera, donde estaban los horarios de todos los años y los nombres de cada Profesor que impartirían las materias del año en curso. Cuando pudo llegar frente a dicha cartelera, sus ojos se abrieron al ver el nombre de quién le daría Matemática. Empezó a sudar frío y su cuerpo tembló tan fuerte que, sin darse cuenta cayó al suelo inconsciente.

Con un dolor muy fuerte de cabeza y llevándose las manos a ella fue abriendo los ojos muy despacio.
- Al fin despierta señor Ramiro- fue lo que oyó del otro lado de la habitación. Era el médico de la Universidad, que acercándose le preguntó cómo se sentía. Ramiro, aún sin saber por qué estaba allí, lo único que atinó a preguntarle fue - ¿Qué hago aquí Doctor?-

- Parece que tuviste un shock emocional porque te desmayaste y al caer, te golpeaste la cabeza muy fuerte, por eso el dolor. ¿Te había pasado eso, en otro momento? –Preguntó-

Ramiro se levanta, aún mareado y le contesta que no, jamás se había desmayado.

 - Entonces debiste recibir una fuerte impresión –acotó el Médico- ¿Qué viste en esa cartelera que te puso tan mal?

En ese momento recordó y entendió su desmayo. No tengo la menor idea Doctor –contestó. ¿Puedo retirarme?

- Me gustaría hacerte alguna placa porque el golpe que recibiste fue muy fuerte en la cabeza y así descartaríamos cualquier cosa que tengas o te haya ocasionado la caída. Por lo pronto tómate estas pastillas para el dolor- Las agarró y sin darle mayores explicaciones se despidió, dándole las gracias y salió rápido del consultorio.

En ese momento los pasillos de la Universidad estaban solos, ya todos estaban en clase. Se acercó, nuevamente, a la cartelera para confirmar lo que había visto y sí, allí estaba “Profesor de Matemáticas: Ildemaro González” Se agarró a la pared para no volver a caer y respirando, lo más profundo que pudo, dio media vuelta y se fue rápido hacia su habitación.

Sentía como si le hubiesen dado un golpe en la boca del estómago. No podía respirar. Sentía una opresión fuerte en el pecho. Quería gritar y gritar pero no era lo que debía hacer. Nadie debía de enterarse de lo que había pasado, hace tantos años atrás.

Acostado, le viene a la mente lo ocurrido cuando cursaba su primer año de secundaria. Con qué ilusión había empezado su bachillerato. Uniforme nuevo, libros bien forrados y unas inmensas ganas de pasar todas sus materias para así adelantarse a todos y salir más pronto hacia lo que era su ilusión, la Ingeniería.

Todos sus profesores se presentaron e indicaron lo que ellos esperaban de sus alumnos. Lo que podían y no podían hacer. Unos eran más estrictos que otros pero a Ramiro eso no le importaba, él daría el ciento por ciento en todas sus clases y le haría caso a todo lo que sus maestros dijeran.

Empezó su año escolar y fue haciéndose notar en todas las materias. Siempre era el que sacaba las mejores notas y su comportamiento era del alumno más tranquilo y educado del curso. Su profesor de Matemática, se asombraba al ver la forma de cómo aprendía tan rápido y la lógica que le aplicaba a los problemas matemáticos.

Un día le dijo que lo haría su asistente en clases, dado que sabía más que los otros estudiantes, él podría ayudarlo a poner al tanto a sus compañeros, en la materia pero que eso quedaba entre ellos para que los otros alumnos no se resintieran con él y lo trataran mal. No le importaba lo que dijeran sus compañeros era feliz al ver que lo tomaban en cuenta con semejante responsabilidad, por lo que aceptó no decirle a nadie sobre su ascenso.

Cierto día, cuando ya se retiraba hacia su casa, su profesor de Matemática, le pidió que se quedara un momento porque necesitaba explicarle algo para que se lo hiciera llegar a la clase. Cuando todos se habían ido, el profesor lo hizo entrar a su oficina. Le indicó que se sentara y que agarrara un caramelo de los que estaban sobre su escritorio. Ramiro tomó uno y quitándole el papel se llevó a la boca el caramelo. Era dulce, aunque tenía un sabor algo extraño pero pensó que sería uno de esos dulces caros, que él no había comido.

Sus recuerdos se atropellan y viene a su mente el rostro agitado de su profesor y de sus manos inmovilizándolo. No tenía fuerzas, no sabía cómo escapar del ataque brutal, del que era objeto. Tampoco entendía, cómo llegó a esa situación, no recordaba nada. Su rostro se llenó de lágrimas era imposible escapar de ese monstruo. Por lo que tuvo que quedarse tranquilo para no sentir más dolor. Cuando se sintió libre corrió hacia un rincón de la habitación y mientras buscaba sus pantalones, el malo le prohibía comentar lo que allí había pasado, bajo amenaza de sacarlo de la escuela, le hizo jurar que jamás se lo diría a nadie, total, le dijo es tu palabra contra la de un eminente Profesor. Ramiro no daba crédito a lo que oía, era muy joven pero entendía que había sido abusado por el hombre a quién más admiraba. Además de las advertencias hechas, jamás pudo decirle a nadie que se había equivocado colocando toda su admiración en un hombre malo, en un monstruo.

De allí en adelante se volvió taciturno, callado. Se encerró en sí mismo y no volvió a confiar en nadie.

Pensé, que después de tantos años, había superado ese episodio en mi vida, se dijo acostado en la cama de la Universidad. Con los ojos rojos e hinchados entendió que se había equivocado. Ese fantasma lo llevaba consigo, aunque jamás pronunciara su nombre y ahora hacía su aparición, de nuevo, en ella. No sabía cómo podría lidiar con algo que lo marcó tan poderosamente en su adolescencia. Aún ese niño estaba asustado. Lo que sí estaba claro era que tenía que volver a la Universidad.

No tendría clases de Matemáticas, hasta la otra semana. Era algo de tiempo para saber qué haría cuando lo tuviera frente  a él.

Cuando terminaba sus clases, corría hacia su habitación. Los momentos en que tenía que ir a la Biblioteca era un suplicio, se imaginaba que en cualquier momento entraría y se sentaría junto a él.

Los amigos de su infancia, que también lograron ser admitidos en esa Universidad, lo invitaban a fiestas y reuniones pero él siempre les daba una excusa para no ir.

Siempre le molestó no poder tener una novia, como sus amigos. Los veía tan felices compartiendo con ellas, que sentía envidia de no ser igual a ellos. Una de las pocas reuniones que asistía era al teatro o cuando se reunían a un conservatorio de algún libro en especial. Cierto día, que le tocaba leer un capítulo del libro de la semana, entró al recinto un integrante nuevo. No entendió por qué se había puesto nervioso al verlo. Volvió sus ojos a las letras y empezó a leer.

¡Lo que faltaba!, se dijo Ramiro, creo que me llama la atención Fredy. Si yo he estado esperando una mujer para ser feliz, ahora lo veo a él y ¡Experimento cosas que con ninguna chica he sentido! Eso hizo que se alejara un tanto del grupo y volvió a encerrarse en sus pensamientos y miedos.

Llegó el momento de enfrentar a la bestia. Ese día le tocaba Matemáticas, se colocaría en la parte de atrás para que ni lo notara pero cuando entró, todos los asientos traseros estaban llenos. Nadie quería estar en primera fila en Matemáticas. Sus piernas casi se doblan al entender que tendría que estar frente al hombre que le hizo tanto daño. Lo único bueno fue que a su lado se sentó Fredy, se saludaron y lejos de tranquilizarlo, se puso más nervioso.

Buenos días señores –dijo el Profesor- Todos contestaron con un “Buenos días Profeso”. Es bueno ver que hay bastante asistencia a mi clase espero que sigan así en la mitad del año –dijo- Yo no acostumbro a trabajar con libros, así que o están atentos a lo que digo y toman notas o pierden un día de clase, que es lo mismo, un día de sus vidas –acotó.

Hasta el momento ese hombre no se ha dado cuenta de mi existencia, - se dijo Ramiro-. Cuando de repente dice: Señor Ramiro, díganos qué ha entendido hasta el momento. Al sacar sus ojos de la libreta que leía, vio, cómo con una mirada burlona y una sonrisa sarcástica, lo anima a responder. No se esperaba semejante situación. Quería pasar desapercibido y ahora lo pone a que responda ante todo el alumnado.

¿Qué pasa Señor Ramiro, le comieron la lengua los ratones o no estaba poniendo atención a la clase? Era mucho para él, definitivamente. Se levantó y tomando sus libros se dirigió a la puerta de salida.
¡Este es uno de los que creo no llegarán a la mitad del año! –dijo mientras lo veía salir-

¿Qué podría hacer para que ese hombre no le dañara su vida? Estaba tentado a desaparecer de la Universidad para jamás volver a verlo. Por su mente pasaron miles de posibilidades pero todas eran descabelladas. Cuando por fin se dio cuenta, que llevaba años huyendo y estaba cansado de darle más protagonismo del que debiera a una situación que había pasado años atrás, que trastocó su tranquilidad, su vida completamente era cierto pero estaba en el límite donde, muchas veces no hay regreso.

También estaba lo que había despertado Fredy en él. No era posible que le gustaran los hombres. Él se sentía muy macho, nunca, a pesar de haber sido criado entre mujeres, había inclinado su afecto por una persona de su mismo género. Pero este chico lo tenía intranquilo. Siempre aparecía en su mente. Mientras que estudiaba, su rostro se dibujaba entre las letras. Si oía música, todo lo relacionaba con él. Estaba a punto de volverse loco y se preguntaba “¿No era suficiente con lo del profesor para que también, ahora resultara que era Gay?”

Han pasado algunos días, luego de su encuentro con su pesadilla y había reflexionado mucho al respecto.

Ese fin de semana viajó para ver a su madre. Estando con ella, la sentó frente a él y le dijo que le contaría algo que jamás le ha dicho a nadie pero que había llegado el momento de hacerlo porque estaba por malograr, lo que le restaba de vida, ese secreto que guardaba.

La madre con una cara de asombro total, oía cada palabra que su hijo le relataba. Saltó del asombro a las lágrimas y de allí a la furia. – ¿Cómo es posible que no me hayas dicho lo ocurrido, yo habría salido en tu defensa y seguro le quitaba la cabeza sobre los hombros al desgraciado ese? – lloraban juntos y sus lágrimas llegaron a unirse en un pequeño pozo que se hizo, luego de un buen rato de desahogo. Ramiro sintió como si hubiese podido exorcizar ese maléfico día de su vida. Ya no cargaba con ese secreto sólo. Aparecieron fuerzas, donde, desde hace tiempo no estaban. Se las habían roto aquella mañana.

Al otro día, en un exquisito desayuno familiar, Ramiro le comentó a su madre que era Gay. Le explicó que lo supo porque, al fin se había dado cuenta que no le gustaban las chicas, sino como amigas y que en donde estudiaba había conocido a un muchacho que, desde el mismo momento que lo vio se enamoró de él. ¿Qué si él me corresponde? – Le dijo a su madre- No sé pero ese será una buena razón para ir a enfrentarme con quien quiso dañar mi vida. Lo que si estoy seguro, madre es que ya no tengo miedo y sé qué es lo que quiero. Fue buscando refugio y consiguió la fuerza para seguir adelante. Su familia lo quería por lo que era y no por lo que no era.

Ese día fue la primera vez que su madre lo veía tan alegre y decidido. Había pasado por la vida como una sombra y ahora, sabiendo que no está solo y que no fue responsable de aquel acto horroroso. Verlo retomar las riendas de su porvenir, con eso tenía  bastante. Su decisión de cómo vivirá es suya. Nadie debe tener el control de la felicidad de las personas. Cada quién es dueño de sus acciones y consecuencias y eso se respeta. Así se lo hizo saber a su hijo.

Esa mañana regresó a la Universidad y fue en busca de su amigo Fredy. Lo encontró en la Biblioteca, junto a sus otros amigos. No sabía qué le diría pero estaba seguro de lo que sentía. Lo menos que podía esperar era un puñetazo en la cara y perder la oportunidad de amar. Cuando lo encontró, sin mediar palabras le dio un gran beso. De esos besos que han sido escondidos, secuestrados, añorados por tantos años. En él le iba la vida y fue eso lo que le transmitió a Fredy. Hubo un momento de silencia y al separarse su mayor alegría fue, cuando su amigo lo abrazó dándole un tierno beso de bienvenida. Ambos quedaron sorprendidos de sus reacciones y se dieron cuenta, habían abierto el closet de par en par.

Los amigos que estaban alrededor de ellos, también quedaron sorprendidos pero aplaudieron la valentía de decirle al mundo ¡Este soy yo! Luego fueron a un café del centro y allí festejaron ese amor que nacía entre ellos dos.

Ya en la intimidad, Ramiro le cuenta lo que le había pasado en su niñez a Fredy y cómo le cambió la vida. Ambos decidieron enfrentar al Profesor, al monstruo de su adolescencia y buscar por todos los medios, que pagara por semejante atrocidad, ya que era seguro que muchos otros niños pasaron por lo mismo que él y podría estar pasando en ese momento. Personas como esas puede que bajen su perfil pero volverán a las andadas y muchos jóvenes seguirán en peligro.

Su vida cambió y hoy, aunque Fredy no sea el amor definitivo, siguen juntos luchando por un mundo de igualdad, en todos los sentidos.

¡Es necesario saber qué es lo que nos hace felices e ir en pos de eso!


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
31 de julio de 2016