miércoles, 24 de mayo de 2017

SIMPLEMENTE AMAR...



Amarte en silencio es amarme a plena luz del sol.

Amarte sin ataduras es sentirte por mi piel a todas horas.

Amarte mientras el bullicio del mundo rompe con su cursilería es no amar por amar.

Amar es mantener la paz en mis adentros.

Es sin decir porqué, el cómo y a quién.

Amar con la mente en lo infinito es entrar en tu piel. Es descubrir la magia del Yo soy.

Tu mirada desnuda mi alma en la búsqueda del santo pecado.

Qué puedo hacer si aprendí a tenerte sin que existieras.

Qué se puede esperar si estás en cada pestañeo y en cada suspiro de mi alma.

Cómo se puede amar sabiendo que soy mi primer amor.

Es algo que aprendí,  no amarte en mi mente, sino en mi esencia.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
24 de mayo de 2017

miércoles, 10 de mayo de 2017

DESCONSUELO SIN ESPERANZA…







¿Recuerdas que sientes cuando me besas?
Se prenden todas las estrellas en la aurora.
El sol despierta atentando con quemarnos más
Y tiembla la luna en arpegios de amor.

¿Has olvidado el paso de mis manos por tu cuerpo?
Cómo late tu corazón.
El temblor de tu piel cuando se resbalan ansiosas por entre tu vida.
Cómo emerge, cuál gemido salido de una boca sedienta el delirio de sentir.
Mientras, tu yo interior retoza por entre mis caderas.

Recuerdos que quedarán sumidos en la memoria de nuestras pieles.
Añoranzas que nunca volverán.
Desenfreno que encontraron su bozal en el temor de ser.
Ansias, que volverán a dormir, hasta que llegue alguien para despertarlas, nuevamente.

Espera amor, sólo espera que el sol se ponga una y otra vez, quién quita que aparezca quien quiera sentir.

Paciencia amor, paciencia…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
10 de mayo de 2017


sábado, 6 de mayo de 2017

CUANDO AL FIN ENTENDEMOS...







Quién puede obligar a una rosa que nos de su perfume.
Quién puede decirle al mar bravío que no ruja.
Quién puede decirle a la lluvia que no moje.
Quién puede evitar que el aire sople.
Quién puede detener el tiempo.


Sólo un alma adolorida cree que es posible. 
Sólo un ser adormecido se niega a entender.
Sólo un sordo entiende de silencios.
Sólo un ciego sabe de oscuridad.
Sólo un necio se empecina.


Cuando llega, al fin la luz, somos libres.
Cuando nos invade la verdad, somos libres
Cuando encontramos el silencio, somos libres
Cuando seguimos nuestro camino, somos libres.


Hay vida mía, cuánto duele la libertad.




Carmen Pacheco
@Erotismo10
6 de mayo de 2017


viernes, 5 de mayo de 2017

Y OCURRIÓ...







Ella estaba en la cocina preparando la cena de ese día. Había quedado sopa de dos almuerzos atrás  y calentaba en el horno unos panes, le gustaba comerlos calientes y tostados. Entretenida como estaba, no había oído el timbre del teléfono, que sonaba incesantemente.

Tomándolo dice:
- ¿Aló?
-¿Me abres?
Tenía tiempo que no oía esa voz
- ¿Qué quieres que abra, tu mente o tu corazón?
- No, la puerta del pasillo.
Se quedó paralizada, sin entender de qué le hablaba. Había pasado mucho tiempo, desde que él estuvo en su casa.

Llevaba una blusa fresca con dibujos apenas perceptibles y unos pantaloncitos cortos, que hacían relucir sus piernas color café. Los pies descalzos, frescos y pegados a la tierra. Así sentía que podía controlar las cosas por las que había pasado y no permitir que la volvieran agarrar desprevenida, que ilusa…  

El sólo imaginarlo cerca de ella, la puso a temblar. En un segundo pasó por su mente el tiempo lejos de él y por qué estuvieron tan distanciados. No sabía si salir corriendo o mandarlo a paseo.

Sonó el timbre de la casa y la regresó al momento de tener que escoger, si salir o no.

Ya caminaba hacia la puerta, cuando se dio cuenta que sus piernas temblaban, al punto de tener que agarrarse de las paredes para no caer.

Abrió y allí estaba él. Alto, con su sonrisa encantadora y esos ojos inquietos como los de un niño, cuando lo llevan a una juguetería.

Al acercarse a la reja para abrirle, se quedó parada frente a él por un instante y sus ojos volvieron a retraerse, como cuando se encontraban y permanecían por largo rato, uno ensimismado con el otro. Parecía que no hubiese pasado mucho tiempo. Era la misma mirada tierna y profunda que los había hecho sentir que estaban compenetrados en aquellos días de encuentros furtivos.

Bajando la vista por un momento introdujo la llave al cilindro, le abrió la puerta y quedaron parados allí, uno frente al otro por unos minutos más. Ninguno decía nada. Sólo se miraban sin pestañear.

El empujó la reja con mucha suavidad, mientras ella retrocedía para darle paso. Recuperándose volvió a cerrar la puerta y pasó delante de él sin querer acercársele mucho. Toda ella era un manojo de nervios. Él se dio cuenta porque también estaba nervioso y no atinaba a pronunciar palabra alguna.

Fernando pudo percibir ese aroma tan peculiar que tenía el hogar de Morena. Era como si transitara por entre las paredes un sabor dulce entre miel y bambú. Todo volvía a su mente. Regresaron esos recuerdos de amor incondicional, tan llenos de verdad y romanticismo.

Ella lo seguía con la mirada y era entre creer y no creer, podría ser un espejismo de mi mente, pensaba. Se habían dicho tantas cosas, prometido otras que a pesar de jamás haber dejado de amarlo, le parecía un sueño el que él estuviera, así, frente a ella, al alcance de un beso.

La vida, en su antojo de darle un vuelco a la existencia de las personas había causado la impresión de un efecto mariposa. Se sintieron como aquel día, en que bailaron esa canción que tanto le gustaba a Morena. Se abrazaron, sin decir ni una palabra, solo fue el palpitar de dos corazones que morían por volver a sentirse, así, tan cerca. Fueron uno en esa danza, respirando el aire del otro y poco a poco sus manos comenzaron a reconocerse, al mismo tiempo que sus bocas buscaron ese elixir mágico, que jamás hallaron en otras. Sus salivas llegaron a calmar esa sed de intimidad y entre beso y beso se miraban buscando nuevamente ese aliento que los envolvió tiempo atrás y por el que tanto suspiraron mientras estuvieron lejos.

Daba la impresión de haberse visto sólo hacía unos días. Su amor brotó  de una forma tan natural, que revivieron con más ardor, esos momentos de entrega. 

La despertó una luz que se escurría por entre las cortinas iluminando la habitación y pensó, otro sueño más, hasta cuándo seguiré añorando a este hombre y al voltearse se dio cuenta que todo había sido real y que él seguía allí completamente relajado, en la quietud del que se siente feliz. Lentamente se fue enrollando por su cuerpo buscando el calor que la enloqueció esa noche de amor. Y fue así que dos almas, que se habían reconocido y alejado por circunstancias comprensibles volvían a unirse para seguir otro trayecto más de vida. ¿Hasta cuándo? No importaba, el sentir sus pies fríos entre sus sábanas era suficiente para seguir descubriendo ese ser que por alguna razón llegó a su vida.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
5 de mayo de 2017


sábado, 29 de abril de 2017

SI USTED LA VIERA...





   
¡Hay amigos!... si ustedes la vieran. Es de una belleza extraña. Aun siendo hermosa a la vista, lo que más me excita es su tibieza interna.

Tiene la magia del que le muestra a un niño un sortilegio atrayente. La poesía de la amante que duerme entre capullos. Aquella que con su mirada enciende las imperturbabilidades de un célibe. Puede estar callada, mientras transita por tu mundo pero la posibilidad de encontrarse con su sensualidad, en cada respiración que emite, es más seguro, que un amanecer repleto de sombras naranja en el horizonte.

No importa la distancia ni el silencio, ella me llevó a correrías jamás percibidas, donde su naturaleza, dulzura y picardía me enamoraron. Es posible que me encuentres, de vez en cuando omitido, como si no estuviera en este mundo. Es cuando viajo por mis adentros sorbiendo una taza de café entre sus pestañas y caderas, a la vez que me deleito de su aroma, mientras evoco su pubis.

Nuestros encuentros reales se han cristianizado como mi modo de vida. El acompasado vaivén de su aliento, me permite el disfrutar de su hálito, que al momento de besarla la existencia y la lujuria se hacen presentes en todo mí ser. Su cabello se enreda entre mis dedos cual crines relucientes. Los tomo con la mano y la empujo hacia atrás, en ese delirante deseo de dominarla. Pero no se deja y quien termina dominado y poseído soy yo. Volteándose me clava esos enormes ojos, que desarman toda intención de hacerla mía y me convierto en un ser sumiso ante su piel desnuda y sus pezones erectos.


Muy de vez en cuando me deja tomar las riendas. Es tan divino dejarse querer por esta mujer que no me importa que sea ella la que lleve la voz cantante en nuestras concurrencias.

Sus piernas fuertes y flexibles me atrapan por las caderas inmovilizando mi cuerpo. Sus ojos nunca se cierran, jamás deja pasar por alto mis expresiones de placidez mientras ella es la que otorga las caricias. Disfruta ver cómo me deshago de ansias, cuando sus manos recorren toda mi dermis. Los poros se abren esperando el suave roce de sus dedos. Alardea de saberse conquistadora, mientras pasa por mis partes eróticas esperando el gemido que sigue a su caricia. Éste momento se prolonga hasta que tengo que decirle, muy quedo, “me harás terminar muy rápido” sólo así detiene su delicioso jugueteo y vuelvo a tomar aire para distraer a mis hormonas, que en ese momento se quieren salir cual chorro alucinante.

En una distracción de ella, la asalto por la espalda e inmovilizándola tránsito por sus pechos grandes y generosos, éstos mantienen sus pezones cual espiga al viento, duros y excitantes. En ellos me regodeo por un rato, mientras mi ser la sondea suavemente por entre sus abultadas montañas, que mantienen firme mis ansias de más. Le beso sus divinas orejas de niña. Mi lengua dibuja el contorno logrando sus quejidos y espasmos que hacen arder con más fuerza mis ganas de sentirla.

Contarles no es lo mismo que sentirlo, seguro estoy que se me escapan algunas cosas. Aunque ustedes crean que lo que les relato pareciera salido de la historia del erotismo, en los tiempos en que empezaba hablarse de esas ganas de sentir, que desde que el hombre existe ha estado escondido. Hablo de esas sensaciones a los que no se atrevían algunos a comentar y mucho menos la mujer podía decirle a su compañero lo que le gustaría sentir y cómo sentir. Pero amigos, la realidad es más excitante, más hermosa.

Es por eso que les musito, si ustedes la vieran,  entenderían mi sentir. Compartirían conmigo la verdad del ser humano. Las mieles que se pueden coincidir con esa deidad. Esa mirada  tan profunda, como sólo ella estila hacer, que desarma en un segundo al más centrado que exista.

En silencio mientras me retiro, la veo dormir plácidamente y su respirar sosegado en la sábana de mi pensamiento hace que cierre la puerta de mis deseos, hasta otro amanecer encendido, donde vuelva a sentir cómo su miel se introduce a través de su lengua por las papilas de mi boca.


Carmen Pacheco
@Erotismo10
29 de abril de 2017


  

ENTRE TU BOCA Y LA MÍA...




Él, entre susurros me dijo…
¿Cómo haces para escribir, cómo lo haces?
Yo encima de su boca le contesté…
Y tú ¿Cómo haces para verme de esa forma y que no se muera de ansias una golondrina en mitad del océano?

Él, levantando mi blusa comenta…
¿Cómo haces para sentir el devenir de la vida, sin que se te quiebre una lágrima?
Yo con mis senos espigado por su manoseo, le respondo…
Y tú ¿Cómo haces para transmitirme esa energía tan luminaria y que no se enfade un cocuyo del Waraira Repano?

Y en ese dime y direte se nos iba la noche, hasta que le recité:

¡Si lo que quieres es besarme, acorta la distancia que te separa de mi boca y ven, que estos labios esperan sedientos cual abeja a la miel, la que tanto te provoca!



Carmen Pacheco
@Erotismo10

23 de abril de 2017

sábado, 22 de abril de 2017

¿ESTÁS SOLA REALMENTE?





El otro día me hizo una pregunta bastante personal, una compañera de estudios. Me dijo -“¿Cómo haces para vivir sola y que no haya alguien en tu vida?”- y eso me puso a pensativa, así, mientras movía la salsa que estaba haciendo me volteé y le dije:
Y quién te dijo que yo estaba sola amiga. Al contrario hoy estoy más acompañada que nunca.

Me vio como si no entendiera lo que acababa de decirle y le aclaré. Es que he estado compartiendo con una persona muy interesante.

-La chica arrimó su silla esperando el cuento completo.
Tomando una pose del que se las sabe todas más una hice como el que tiene todo en alguna parte del espacio y mirando hacia lo alto, le dije:
Yo también tenía esa sensación de soledad por la que hoy pasas y era por el simple hecho de no tener una persona a mi lado. Le daba más fuerza a esa presencia, que a cualquier cosa. Para mí era el significado de compañía y felicidad completa. Y para que veas, resultó que todas las personas u hombres, porque vamos hablar claro, tú me estás hablando de ese tipo de compañía, ¿verdad? ella bajando la mirada, se ruborizó afirmando muy quedamente.

Vamos mujer que ya no tienes quince años para que estés con esa mojigatería. Estamos hablando de la compañía de un hombre, sí o no, me enfrentó y dijo “Sí”
Entonces retomé la conversación diciendo: Claro que siempre hubo quien se quisiera acercar. Algunos lo lograron pero resultaron ser uno más del cascarón. Siempre nos dejan algo, claro dolores de cabeza y el reproche por haber caído en esa red tan falta de originalidad. Pero qué le vamos hacer la carne es débil y la necesidad es imperiosa, en fin. ¿De qué estábamos hablando? Ah si ya recuerdo, el por qué no me siento sola.

Comencé contándole alguno de los pasajes de mi vida, donde intervenía la presencia de un hombre. Y siempre sentí la soledad, le decía, aunque él estuviera en mi cama.

Así transcurrió buena parte de mi vida, la misma historia, siempre poniendo a otra persona en el mejor lugar de mi vida y de paso pensando que el que se hubiese ido o las cosas no resultaran había sido por culpa mía. Perennemente terminaba echándome la culpa de la ruptura y luego a rumiar mi soledad.

Cómo te dije estaba en la cocina preparando una salsa para una pasta, de esas que sabes me quedan ricas y mientras vigilaba el espesor, le dije que se arrimara, que las paredes eran muy delgadas y los vecinos disfrutarían también del relato.

La chica insistía. –Dime cómo haces para soportar la soledad.

No tuve más remedio que empezar diciéndole...

Amiga mía no es cosa del otro mundo. Resulta que ahora conocí a la mejor persona que jamás me hubiese imaginado que estaría ten cerca de mí y esa persona soy yo.

Ahora sí que la chica se confundió. – ya va, ya va. Cómo está eso de que te encontraste y ahora eres feliz, suena como esos relatos religiosos. No entiendo.

Ten paciencia que ya te cuento. A mi edad ya yo he recorrido mucho sendero y he vivido muchas cosas. La soledad, siempre es mala consejera y para cualquier edad no es buena. Aprendí a estar conmigo por medio de la meditación, la valoración que antes no me daba y comprendí que soy la persona indicada para compartir mi vida pero tengo que aprender a convivir y reconocer a esa que anda junto a mí, desde que nací. Es la eterna búsqueda del “Pájaro azul” siempre perseguimos la felicidad fuera de nosotros y en otros u otras personas y eso no es lo más indicado. Cuando llegues a pasar un fin de semana contigo y lo disfrutes, en ese momento ya estás preparada para estar con otra persona. ¿Cómo llegué a esa conclusión? Siempre a nuestras vidas llega alguien que te deja una enseñanza, estés o no preparada. Dichosa o dichoso el que se da cuenta y la aprovecha. Ese es mi caso.

Eso no quiere decir que no pueda encontrar una persona que compagine de maravillas conmigo y disfrutar de momentos íntimos, con un grado de exquisitez tremendo y lo vivamos, ambos, hasta su última lágrima, para luego regresar al refugio interno y poner en práctica lo aprendido. Eso para mí es vivir en soledad pero vivir. Sin olvidar que somos nosotros los que estamos encargados de nuestra felicidad, no los demás. Ah que consigues la persona que quiera pasar una noche contigo sin pensar en irse, porque siente que ese es su lugar y también tú concibas verlo despertar a tu lado cada mañana y eso te hace muy feliz. Ah caramba eso es harina de otro costal. Sólo tú podrás saber si el sol en tus mañanas es más ardiente cuando el amanece entre tus sábanas. En ese momento sentirás que tienes un compañero para el tiempo que sea. Que igual debes dejarle la puerta abierta para que sepa que no hay amarre de ninguna especie entre ambos. Aprendí que cuando uno quiere a alguien debe dejarlo libre, es el deber ser.

Wao!!! Exclama, eso fue una clase magistral de amor hacia uno mismo. Creo que lo entendí y me gusta la manera en que lo expusiste. Con razón siempre te veo alegre y fue por eso que tenía que preguntarte, cómo haces para estar sola.

En eso una bandeja del restaurante cayó al suelo y voltee para ver la persona que había estado comentando su experiencia y pude ver cómo los ojos del hombre que la acompañaba seguían cada movimiento que ella hacía con sus manos, mientras sonreía, quizás de saber que ella estaba allí, con él porque, definitivamente, ella daba la impresión de sentirse muy a gusto con su presencia y hasta me pareció que valoraba ese detalle de compartir una anécdota de su vida.

Esta conversación se daba mientras esperaba a un amigo. Agradecí, muy dentro de mí, que se retrasara, porque así pude oír cuáles eran las razones para que esa mujer pudiera ser feliz, a pesar de estar sola.

Llamé al mesonero y le pedí una bebida refrescante, en ese momento llegó Ricardo, con ese aire de desenfado que me gustaba tanto y con sus eternas muecas que reflejaban todo lo que necesitaba expresar y en el afán de disculparse más gesticulaba. Tanto fue su esfuerzo, que lo que me dio fue risa. Me besó, mientras yo le pedía que no explicara el porqué de su tardanza, total, la noche había empezado con una muy buena charla, que dejó su granito de enseñanza y estaba segura que terminaría aún mejor de lo que esperábamos, ahora que había llegado.

Triste aquel que pasa por la vida sin identificar las muestras de amor que se nos asoman en el correr de nuestro tiempo. Las señales son a veces insólitas y no alcanzamos a descifrarlas pero siempre aparecen, sólo hay que estar presto a verlas y aprovecharlas.



Carmen Pacheco
@Erotismo10
21 de abril de 2017