martes, 24 de mayo de 2016

EL MITO DE LO COMPLICADA QUE SON LAS MUJERES...



El único ser, que existe sobre la tierra y que detalla minuciosamente, la posibilidad de tener una relación amorosa es la Mujer.

No me van a negar que es un ser exquisito, lleno de las más grandes delicias que macho alguno hubiese imaginado y digo “macho” porque, ese género femenino que vive en cualquier tipo de especie lleva dentro de sí la esencia inigualable de todas las hembras que habitan este planeta y si hubiese otro lugar, fuera de esta nave, donde vivimos, segura estoy, que también sentiría igual a las de nosotros.

Cómo evitarlo o cómo concebir esta vida sin ese toque delicadamente apasionado de la Mujer. Definitivamente no hubiesen podido sobre llevar la vida estos hombres, que dicen haber dado una de sus costillas para que existieran.  

La Mujer nace con una “dualidad” en su yo interior y no es mentira, sin olvidar su ¡Sexto Sentido! Ah! ¿Es que no lo sabían? Sí, es cierto. Ese ser que está a tu lado, a la cual no comprendes, no es una sola persona. Tranquilos no les estoy hablando de una “Linda Blair”, la que protagonizó el Exorcista.

¿Cómo te lo puedo explicar? En ella habitan dos mujeres y éstas a la vez son rivales, sobre todo cuando no logran entender que la satisfacción de una es el beneficio de la otra.

Este personaje, del cual les hablo, muchas veces está perdido dentro de sí porque hay días que te quiere y otros que daría cualquier cosa por verte colgado, de la rama más alta que encuentre. Así sucesivamente van pasando los días y es cuando dices, “A esta mujer no hay quién la entienda” das un portazo y sales de la casa más bravo que toro en plazoleta.

Solo puedes vivir feliz con una mujer, cuando logras conocer a las que habitan en ella. Feliz de aquel que lo consigue porque podrá disfrutar de la Mujer Salvaje y de la Mujer dócil pero muy intuitiva, que no te engañe. ¿Qué cómo lo haces? Los hombres también tienen su rasgo salvaje y es ése el que tiene que buscar la compañera para los juegos atrevidos, la que te secunda en invenciones locas. Esa mujer a la que tanto anhelan tener y siempre la ven en películas, revistas y pare de contar, sin darse cuenta, la tienen al alcance de un suspiro.

Siempre he dicho y mantengo, que no existe una mujer que sea frígida, solo que no tiene a su lado a un hombre que le haga sentir su lado animal, parte importante para el equilibrio de ella.

Sobre todo la pueden encontrar en esa pareja cotidiana. Es decir, la esposa, novia e incluso, la mujer que no vive contigo pero que muy de vez en cuando se reúnen para compartir momentos de placer. Muchas veces no logras que tu mujer se abra a tus necesidades porque, simplemente, no estás hablando con la mujer indicada y sales como “El que va por lana y sale trasquilado”. Te topaste con la mujer dócil, la que le gusta que la oigas, que le des masajes, la que espera la ayuda en cualquier área de la casa. Ésa a la que le encanta la seguridad que le das. Esa mujer no es la que quiere ir de correrías contigo. Es la otra, la que está esperando que la estremezcas. Que siempre le hagas recordar, el por qué te eligió como compañero. Ella quiere sentir esas ganas de estrujar su cuerpo al tuyo y oler ese perfume que emana de tu aliento. Es la que aullaba de placer, cuando tus manos se introducían en sus bragas, en esos momentos en que había gente cerca y el instante era peligroso y retorciéndose de placer ahogaba gritos de lujuria ante la indudable cercanía de sus padres. Esa es la mujer que extrañas o deseas.

¿Que las mujeres son complicadas? Sólo para el hombre que no entiende, que ellas son seres repletas de todo tipo de maravillas y su confort o comodidad los frena en una tarea tan ardua pero que al final será satisfactoria.

Sí y solo sí quieres vivir con dos mujeres a la vez,  entregándote a una, te confieso que encontrarás la magia que siempre buscan en sus fantasías románticas. Te advierto que para tener a una loba en tu cama recorriendo junto a ti la vida, cabalgando con melena al viento las mieles del amor y del deseo tendrás que entenderla y buscar, esa piedra preciosa que está medio escondida a la espera de su hallazgo. Es en ese momento que encontrarás la verdadera felicidad con tu pareja.

Para ti mujer, que siempre estás a la espera del hombre perfecto, te confieso que - ¡No Existe! - “Bájate de esa nube y ven aquí a la realidad”.

Lo perfecto es monótono. No tiene color y su perfume se debilita con el pasar del tiempo. Tú también tienes que reconocerte, como la Diosa de los secretos, en cuestiones del amor. Visualízate y busca a tus dos mujeres. Son, cada una, en su espacio, maravillosas y capaces de hacer que el mundo gire al revés.

La Mujer está llamada a indicar al amante lo que ella desea y es así cómo podrá hacerle entender al hombre que está dispuesta hacerlo feliz, si es que logra montarse, con amor y sabiduría, sobre la loba que lleva por dentro. Por supuesto, si él no entiende, luego de varias introducciones, definitivamente no es el indicado para hacerte feliz.

No somos de Venus y mucho menos de Marte, simplemente llevamos dentro de cada una, formas distintas de sentir y percibir las cosas. Rompamos con ese mito de que “Las mujeres son difíciles” y les auguro señores, que podrán, al fin, disfrutar de sus verdaderas mieles.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
24 de mayo de 2016






miércoles, 4 de mayo de 2016

EL PASADISO DEL BOSQUE...



Josefina estaba de visita donde su antigua amiga de la secundaria. Tenían mucho tiempo que no se veían y le llegó la oportunidad, como mandada del cielo, para retirarse de tanto estrés  en su trabajo.

Los lugares campestres nunca formaron parte de su  idea de pasar la vida y mucho menos sus vacaciones. Ella se sentía muy citadina. Necesitaba el movimiento y el sonido que una ciudad puede dar. Solo que en esta oportunidad, el silencio y la quietud eran imperante en ese momento de su vida.

Graciela estaba encantada de tenerla en casa. En aquellos años de adolescentes habían logrado llegar a ser unas grandes amigas. Con más nadie compartían sus confidencias más íntimas. Siempre se las veía juntas en las fiestas y en los paseos de la escuela. En determinados momentos, cuando a una de ellas les gustaba un joven, siempre se reunían y lo analizaban de pie a cabeza y si no encajaba en lo que ellas llamaban “el hombre ideal” lo lanzaban a la cesta de papeles y lo pasaban por alto.

En varias ocasiones lograron encontrar al chico que se acercaba a lo que ellas pensaban era el ideal de hombre. Paseaban, les encantaba ir a bailar con ellos pero jamás los dejaron pasarse de la raya. Su lema era – “Mi Perla será para el hombre indicado” -

Mientras se ponían al tanto de sus vidas Josefina pudo ver por la ventana, cómo aparecía un camino lleno de árboles y maleza, que indicaba, por su corriente zigzagueante, que existía un sendero hacia una parte más profunda y llamativa. Su amiga, en ese momento le avisó que ya estaba lista la comida y  era tanto lo que tenían que contarse, que se le olvidó lo que había visto.

Pasaron unos días maravillosos. Graciela había invitado algunos de sus amigos y amigas para agasajar a Josefina. Por lo que, la llevaron a lugares atractivos de la ciudad. La vida nocturna en esos días estaba más agitada. Festejaban el triunfo del Equipo de Futbol de la casa y en todos los lugares, se encontraba a jóvenes y adultos disfrutando de esa especie de algarabía, que se había apoderado de la población.

Un domingo, tras una juerga de las buenas, Josefina había decidido no salir para restablecer fuerzas, aún le quedaban dos semanas y quería verlo todo, si era posible. Se levantó primero que su amiga y preparó un humeante y agradable café con una pizca de chocolate. Se lo sirvió en una gran taza y en silencio fue a la ventana para disfrutar del paisaje que podía apreciar desde esa altura. Volvió a ver el sendero que se hacía con los árboles y sintió, como si algo la estuviera invitando a transitar por ese túnel boscoso. Se calzó sus zapatillas y tal como estaba, con un short, una blusa de dormir, su café y sin pensarlo mucho bajó hacia el parque, que la conduciría al camino de árboles.

El ruido de las aves y sus aleteos cerca de ella, la mantenían en atención. Alcanzó a ver un pájaro azul, otro con pintas doradas y ocres y muchos otros que jamás había visto. Todos emitían un trinar que se le fue introduciendo por sus venas. Cual transfusión recorrió su cuerpo en un segundo. Por un momento pudo percibir que ya no sentía la tierra. Era como si volara y al mismo tiempo cayó en un sopor de embriaguez total. Su piel estaba fresca pero dentro de ella bullía un volcán, que ardía en deseos. Sintió, cómo la brisa se convertía en manos que la acariciaban. Ya ella no era dueña de sí. Su cuerpo estaba transitando por un sendero extraño y etéreo.

En su levitar con los ojos abiertos veía figuras sutiles que pasaban sobre ella y hasta logró percibir que algo la traspasaba con un calor delicioso que la hacía vibrar hasta los tuétanos.  Pronto llegó al centro del bosque, donde estaba una especie de esfera que irradiaba energía con colores brillantes. De ella salieron diversas luces que rodearon su cuerpo y cada una de ellas llenó de embeleso el lugar que habían tocado. Su organismo era un cúmulo de zonas eróticas. Desde la uña de los pies, hasta su  último cabello tuvo sensaciones, que en su larga vida jamás había percibido. Entregada a toda esa experiencia llegó a un estado de ansiedad y a la vez satisfacción, de todas las distintas formas de excitación, conocidas y no conocidas por algunos.

En su viaje por el aire llegó a un manantial de aguas tibias y cristalinas, donde fue sumergida con mucha delicadeza. Allí sintió cómo era cuidado su yo interior y al secarla, no podría decirse, que fueron manos las que frotaron su cuerpo pero si que algo energético dejó su cuerpo seco y bien hidratado. Luego vio cómo unas uvas eran puestas en sus labios y que al masticarlas le producían mucho placer. Eran dulces, con un toque amargo que, inmediatamente envolvió toda su boca dejándola con la expectativa de recibir otra.

Siguiendo su viaje fue trasportada hacia otro lugar más oscuro. La cantidad de árboles, que allí existían, no permitían el paso de luz alguna y hacían del lugar más húmedo y acogedor. La depositaron sobre pétalos de Orquídeas  y en ese momento sintió cómo un cuerpo traslúcido se acercaba a ella y empezaba  acariciarla palmo a palmo. No hubo rincón que no tocara o besara. Josefina estaba extasiada y quería que siguiera haciéndola sentir de esa forma y fue cuando con la sutileza jamás pensada pero bien sentida, concibió que la penetraran, de una forma suave, exquisita y muy apasionada. Su cuerpo se arqueó en un momento de placer haciendo flotar sus sentidos mientras lanzaba un grito de goce.

Cuando despertó estaba en la entrada del camino que da al  bosque, con su taza de café completo y caliente, aún. Se sentó y sacudiendo su cabeza, se decía así misma, -¿Qué me pasó? ¿Todo fue un sueño? Al regresar al departamento de su amiga, notó que todos seguían durmiendo y que sólo habían pasado minutos, desde que bajó al parque.

Cuando su amiga despertó, le comentó lo que le había pasado y ésta incrédula, le dijo que seguro lo había soñado. La conocía y ella no era de esas personas carismáticas o que creyeran en duendes y cosas extrañas. Seguro fue un sueño. Estos lugares para personas como tú pueden sugestionar de distintas maneras.

Desde ese día Josefina siempre es visitada por una energía extraña, que traspasa sus conocimientos y creencias para hacerla sentir como hoja que flota al viento emitiendo una luz fosforescente, en el momento de mayor placer.



Carmen Pacheco
Lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
04 de mayo de 2016




martes, 26 de abril de 2016

UN AMOR PLATÓNICO Y ENCENDIDO...



  
Este amor apasionado, que se remonta hasta la cumbre más alta de los sentimientos hace que mi esperanzado corazón, le dé más trecho para lograr ese codiciado encuentro.

Se dice que la distancia es como el tiempo pero, hasta cuándo puede esperar un cuerpo que se desgasta, no con la rapidez de mis sueños y anhelos pero si con el devenir de los tiempos.

Este amor, que una vez fue carne y sudor, hoy es distancia y platonismo.

Me parece vivir en los años en que era muy difícil el encuentro de los enamorados. Donde no existían aviones o trenes. Sólo un maravilloso cartero que, contra viento y marea hacía llegar esas letras impregnadas de pasión y deseo.

Que si estoy ansiosa, claro que lo estoy. Qué mujer no lo estaría sabiendo del volcán que se forma, cuando nuestros cuerpos se juntan y dejan escurrir esa lava ardiente que sale de nuestras entrañas.

La espera pero con esperanza es lo que mantiene la llama encendida. Tu voz ronca, que sale de un perol fonético pero que hace que se me
Enchine la piel deteniendo los recuerdos agazapados en mis poros.

¿Cuánto puedo aguardar? sólo Dios lo sabe porque si es por mí, lo haría como aquella mujer que envejeció sentada en el muelle de San Blás, en la espera de aquel que le prometió regresar. Sólo los cangrejos y las gaviotas pudieron ser testigos de tanto amor y de tanta entrega.

De todas formas, querido mío recuerda que los cangrejos pican duro y ya mi corazón me lo han lastimado y las gaviotas merodean para ver qué pueden sacar de ese festín, mientras migajas de él caen entre las tenazas rápidas y certeras de esos crustáceos.

Nunca olvides que aquella mujer, del muelle de San Blás, la tuvieron que llevar a un manicomio pues su amado jamás regresó y enloqueció de amor.




Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
26 de abril de 2016


martes, 19 de abril de 2016

SOLO EL TIEMPO ES TESTIGO...




  
Amor quiero que veas, cómo, inevitablemente, se van generando cambios en la mujer que amas. Cómo se deshoja la belleza, que alguna vez tuvo. La fortaleza que ha adquirido bajo esos hilos plateados que iluminan su camino.

No quiero que te pierdas, cómo el tiempo mantiene a tu ser amado, mientras espera, sobre una nube repleta de ilusiones, de anhelos y sueños, el aroma de tu cuerpo.

Solo, ese Señor sabe, cómo lo utilizo para tranquilizar las horas, que se escurren por entre mis ojos, al no poder ver tus pasos regresando por aquellas flores y follajes, que una vez pisaste al irte.

Son mis labios que esperan un ansioso y sonoro beso y este cuerpo que anhela un estruendoso encuentro que retumbará, en los confines del mundo, al juntarnos corazón a corazón.


Tu Sinónima…





Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
19 de abril del 2016


miércoles, 30 de marzo de 2016

AMOR, NO ME QUIERAS TANTO...



Amor, no me quieras tanto…
Que la piel se me cae de tanta delicia

Amor, no me quieras tanto…
Que el susurro de ese sentimiento
Carcome cada parte de mi ser.

Amor, no me quieras tanto…
Que el sólo recuerdo de tu boca acaramelada
Despierta en mí, ese vicio tan profundo.
 Que es el saborear tu Cuerpo con delirio y ardor.

Amor, no me quieras tanto…
Que nunca nadie me quiso así y posiblemente en mi Torpeza, no sepa cómo devolver tu bello sentimiento.

Amor, no me quieras tanto…
Porque soy capaz de llevarte, como lo hacen las lobas Con sus cachorros, al lugar más apartado que exista en este mundo y Ahogarte de placer y ternura.

Amor quiéreme un poquito menos…
Así será más fuerte mi lucha para encontrarte y mi zigzagueo será aún, más seductor.

Amor, no me quieras tanto…
Ten en cuenta, que soy muy fácil imaginando y lo que me haces sentir son unas ganas locas que estés en mí, en este momento.

Amor, si llego a quererte, de la misma manera.
 No te auguro tranquilidad en lo que te reste de vida.
Porque querré saciarme con tu cuerpo y alma, todos estos años de espera y soledad.

Es por eso, que te aconsejo... ¡Amor, no me quieras tanto!


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
30 de marzo de 2016



jueves, 24 de marzo de 2016

ÁBRETE MAMI...




Marisol había escogido los días de sus vacaciones para pasarlos junto la familia y con algunos amigos de su infancia, los cuales tenía mucho tiempo que no veía. Se había enterado del fallecimiento de una de las tías mayores más queridas, la tía Graciela. No podían dejar de avisarle, dado que todos vivieron debajo de las faldas de esa tía, que les alcahueteó todo, yendo en contra de todos. Siempre era la primera que se ponía entre los niños y una chancleta en el aire, cuando éstos cometían alguna travesura.

Sabía, muy bien cómo atraerlos para que hicieran las tareas. Preparaba sus deliciosos buñuelos de yuca y como una abeja reina, se paseaba por toda la casa, con una bandeja repleta de dulces recién hechos. Todas las habitaciones, se impregnaban de su delicioso olor a canela. Podría decirse que era como ese flautista mágico, que con su música hacía que los ratones lo siguieran hasta dónde el quisiera. Ningún sobrino concebía perderse ese momento de saborear los deliciosos Buñuelos de la Tía Graciela.

Es por eso que Marisol, no podía dejar de acompañar a los primos y tíos, en un momento tan doloroso. Llegaban a su mente, demasiados recuerdos dulces, como sus buñuelos de yuca. Sus besos suaves y al momento. Aquello que siempre les decía a todo aquel que quisiera regañarlos - “Con mis muchachos no se mete nadie y el que lo haga, se las verá conmigo”

Había salido de su isla hacía como quince años y muchas costumbres de allí, las había olvidado. Todo el que se va de su terruño buscando hacer futuro tiene la obligación de aprender el idioma y la forma de vida del país, en que es acogido para vivir. En eso van las costumbres y las aficiones. Aunque existen muchas personas que pueden aprender del país extraño y no olvidar su idiosincrasia, su cultura, sus apegos más importantes. Para poder llegar a ser aceptado del todo, muchos hasta no les permiten a sus hijos hablar en su idioma materno y eso significa practicar día y noche, la nueva lengua. De allí, que los acentos o dialectos se van dejando en un baúl, en esa parte de atrás de los recuerdos.

Luego de cumplir con el último adiós a la tía querida, se regresaron a la casa para recibir a las visitas que llegaban, de otras provincias, con el fin de dar las condolencias a los familiares más cercanos de Graciela.

Marisol se encontraba recibiendo a las personas y desde lejos pudo ver, sentado en el columpio, que años atrás la hizo elevarse hasta las nubes, tantas veces, a un hombre joven que vestía una guayabera blanca. Su cuerpo estaba doblado y desde donde se encontraba, logró ver cómo se agitaba, lo mismo que una persona, cuando está llorando. Agudizó bien la vista en el momento en que subía la cara para secarse los ojos y fue cuando reconoció a Hugo, su primo de correrías e inventos.

Cuando niños él le pidió que fuera su novia. Siempre andaban juntos, en la escuela y en las fiestas. Se jactaba diciéndoles a todos que tenían algo. Los amigos no sabían si era cierto y siempre quedó la duda ya que Marisol tampoco lo negó.

Despidiéndose de unas personas que se iban, salió al encuentro del amigo. Hugo al verla abrió sus brazos y se quedaron un largo rato llorando la pérdida de tan amada tía.

Ya iban quedando muy pocas personas en la casa y se formó un grupo de primos, muchachos que disfrutaron de su niñez al lado de la tía y comenzaron hacer cuentos de ella.

La hija de Graciela le dijo a Marisol – ¿Recuerdas cuando los encontró a ti y a Hugo encima de la mata de mango? – Pensé que le daría un infarto. Llegó echando espuma por la boca de lo brava que estaba. ¿Será que los vio haciendo algo indebido? Y de una forma muy pícara les guiñó el ojo a los demás del grupo. Marisol se puso algo nerviosa y Hugo bajó la cara pero enseguida salieron en su defensa. Es que mi tía siempre pensó que Hugo y yo estábamos demasiado tiempo junto y quién sabe qué le pasaba por la cabeza. Todos se rieron porque sabían lo que Hugo había dicho, en todas partes de Marisol. Él jamás negó que le gustaba su prima y era por eso que la tía trataba de mantenerlos a raya, sin atreverse a juzgarlos en su forma de trato. Total, decía Graciela “Son unos niños, que necesitan estar juntos”.

Esa noche, el grupo duró hasta el amanecer, entre recuerdos y poniéndose al día de sus planes a corto plazo.

Ya a las ocho de la mañana estaban desayunando y preparándose para salir, cada quien a sus trabajos o casas. Marisol regresaría a España en quince días y decidió quedarse a descansar un poco más donde la tía Graciela.

Hugo había vuelto a sentir esa cosquilla que le producía el solo aliento de Marisol pero no quería aceptarlo. Antes de irse la invitó a cenar esa noche y así ella le contaría lo que hace en ese lugar tan lejano de su patria. Ya era una cita de verdad, no como cuando eran adolescentes. Se verían en la noche para conversar.

Hugo le llevaba cuatro años adelante y en el tiempo en que estuvieron separados, se había transformado en un hombre muy apuesto y preparado. Marisol, como siempre, según, a los ojos de él era una hermosa visión para su alma. Algo comenzó a moverse en el ambiente. La brisa era dulzona, como aquellos buñuelos dulces con canela. El cuerpo de Marisol le empezó avisar, lo mismo que sintió años atrás, cuando Hugo estaba cerca de ella. En la casa de la tía se congregaron los olores y los recuerdos de su niñez y su espíritu volaba entre el incienso y el olor de las velas, que aún ardían por la ausencia del ser querido. Marisol se acostó y soñó todo el tiempo con la querida tía Graciela.

Iban a dar las cinco de la tarde, cuando se despertó, como si alguien le hubiese puesto un dedo en la frente. Se levantó y recordó que tenía una cita con Hugo.

Habían pasado quince años y ya ella no era una niña. Había tenido una que otra conquista pero nunca concretó algo en serio. Alegaba ser, posiblemente, muy exigente en el momento de tomar la decisión de unirse a otra persona. Muy dentro entendía que no lograban tocarla tan íntimamente, como ella había soñado siempre. Los pocos que pasaron por su vida, solo habían rosado su primera cáscara y no se preocupaban por romperla y buscar más dentro, donde existían otras pero más frágiles. Estaba cansada de oír las mismas sandeces, sin ni siquiera un ápice de ocurrencia para llevarla a la cama. Eran tan básicos -se decía- que me cortaba las ganas de inmediato. En ese momento aparecía la mujer fría y calculadora, que les lanzaba un beso lleno de espinas congeladas, cual hielo lacerante.

¿Para dónde la llevaría Hugo? – Se preguntaba, mientras se bañaba – No había traído muchos vestidos, ya que no pensaba salir de la casa de la tía. El que había elegido para ese viaje, seguro le serviría. En ese momento había calor en la isla. No tenía muchas ganas de mucha fiesta, de todas formas. Eran momentos de dolor y luto.

Hugo, puntual como siempre llegó frente a la casa y bajó del coche a buscarla. Fue un encuentro extraño, ambos se vieron, como aquellos muchachos que vivieron muy unidos y que a la vez sentían como los adultos que eran ahora. Se dieron un beso en la mejilla y rompiendo el hielo Marisol, le preguntó – ¿Para dónde me llevas a comer? – No te preocupes que será una sorpresa espero agradable – respondió Él- Ella arrugó la frente, con extrañeza y dejó que la condujera al vehículo.

Como se lo supuso, la llevó al lugar donde siempre solían comer y bailar. No le causó enojo porque le traía gratos recuerdos de su adolescencia junto a él. Lo vio y le dijo – Sigues siendo previsible amigo, me suponía que me traerías aquí- y entraron riendo al lugar.

Ya todo estaba listo. Hugo había apartado una mesa cerca de la orquesta y una botella de ron, del mismo ron que siempre, a escondidas, habían tomado en sus salidas.

Allí se contaron sus vidas, sus aciertos, sus frustraciones y sus deseos de ser felices.

La noche iba cayendo, cual hoja en el otoño, que bamboleada por la brisa, se niega amontonar, entre tantas otras en la montaña que se hacía en la grama, sin esperanza de ser apreciada.

La orquesta tocó una de las canciones, que años atrás bailaron y él la sacó a la pista. Fue en ese momento, que sus cuerpos se encendieron como antorchas vivas. Fue ese contacto, que les recordó la sensación de la piel del otro. La mano de él quedó bajo su cintura, mientras que la atraía hacia su cuerpo. Le encantó sentir ese temblor exquisito mientras la sostenía pegada a su pecho. Aunque todos bailaban agitados, para ellos la música no provenía de los instrumentos, que allí estaban. Emergía del alma de ellos dos. Era como una danza embriagadora, donde ambos cuerpos llevaban el mismo compás, el mismo ritmo. Fue la unión del tiempo vivido, con el de ahora, ya adultos. Conocedores de sus deseos y conscientes de sus decisiones.

Sus bocas no pudieron evitar el encuentro esperado por tantos años. Fue en esa pista de baile, que al fin lograron darse su primer beso.

Hugo se la llevó a un lugar más íntimo y entre besos y caricias le decía bajito y despacio:

- Mira cómo me tienes, mientras deslizaba la mano de Marisol hacia su cuerpo. Estoy que reviento por ti. Lo único que pienso es en tenerte en mis brazos. Quiero sentir tu cuerpo desnudo pegadito al mío.

Jamás, en las relaciones que había tenido, sitió esa clase de excitación. Sólo bastó un susurro cerca de su oído, para que su cuerpo se desmadejara sin fuerzas para resistir semejante seducción. Eran esas palabras roncas, casi arrastradas en un silbido suave y cálido, las que lograron humedecerla en un segundo.

La subió a la mesa, mientras le susurraba:

"- Ábrete mami, enséñale a tu papi todo lo que tienes guardadito entre las piernas y que tú sabes que es mío, aunque te resistas. Déjame ver esa florecita que voy a comerme poquito a poco. Así, Dios mío, qué cosa más santa estoy viendo. Así… así…"


Desde esa noche, Marisol quedó prendada de Hugo y siempre que se aliñaban los deseos, él sabía cómo hacer que ella sintiera, como la primera vez, cuando estuvo con él.

Marisol aprendió, que la seducción tiene que llegar de ambas partes y de vez en cuando, es ella la que le dice, pegadita a su oído:

- Ábrete papito, enséñale a tu mami todo lo que tienes guardadito entre las piernas y que tú sabes que es mío, aunque te resistas…


Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
24 de mazo del 2016



jueves, 17 de marzo de 2016

LA ESPERANZA...



  
Disculpe estos labios atrevidos

Que les gusta recorrer lugares desconocidos.

Hambrientos han estado, más nada ha pasado.

Sólo esperan el momento para volver a ser suyos.

Reconociendo que el tiempo es el que escribe
Y recordando que mi vida está llena de páginas de años pasados.

Hoy quiero lanzarlas al viento y que una fuerte brisa las remonte a lo más profundo del ocaso silente.

Anhelo sentir la suavidad de su susurro, en el goce de un beso acaramelao y muy sonao.

Presiento que vienen vientos frescos.
Que llenaran con su rocío, los pétalos aún dormidos.




Carmen Pacheco
@Erotismo10
17 de marzo del 2016