viernes, 16 de septiembre de 2016

ESA NOCHE FUISTE MÍA...




El suave néctar de tus labios.
La suave piel de tus senos.
Tus gemidos, en esos instantes de delirio
Son los que me hacen suspirar por ti.

Tu elegante movimiento al amarme.
La suave brisa que se desliza por entre tus piernas.
Ese olor excitante, que aflora  cuando te estremeces.
Hace que mi valentía comience a temblar.

No importa en qué momento te vea
No es necesario hacer una cita.
Nuestros cuerpos sabrán el instante.
Y cuando ese día llegue júralo amor mío.
Que no habrá poder en este mundo que te separe de mi.

Te veo desde la alcoba y tu rostro, aún enrojecido por la excitación, semeja al de una virgen cándida pero llena de pasión.

En qué piensas, amada mía.
Por qué tus ojos están entrecerrados.
Como el que quiere atesorar algo que le ha sido otorgado.

Es tanta la pasión que despiertas en mí, que al regresar a mi cama, mi respiración se agita, cual ave que permanece en su vuelo, sin darse tiempo para descansar.

Volteas lentamente y tu bata se abre, con un aire de misterio seguido del andar cadencioso de tus caderas dejando expuestos tus senos, tus exquisitos senos, esos, los que hace unos minutos los tuve en mi boca.

Ese vientre que palpitaba, al sentir mi lengua acariciando tu ombligo.

Son tus piernas que al dar un paso y separarse por breves segundos, me recuerdan que gocé de tus mieles, como lo haría un ave que pica la flor buscando su néctar. Es allí cuando mis ansias crecen.

Te quedas al lado de la cama y lentamente dejas caer ese lazo que cubre tu deliciosa dermis.

Mis ojos desnudan tu piel blanca como porcelana y tú sonríes pícaramente sabiendo lo mucho que me excitas.

Te subes a mis caderas y sin decir palabra alguna.
Comienzas una especie de danza árabe sobre mí.
Realizas movimientos imposibles de aguantar – Subes y bajas, al mismo tiempo giras tu vientre, de una manera que enloquece mis sentidos-

Es más fuerte que yo, aún no he aprendido, soy un tonto, que sin poder remediarlo, mi esencia fluye disparada desbordando la copa que la recibe, en un afán por envolver tus poderosas piernas, que aún sujetan mis caderas y quedo, irremediablemente expuesto a tu sonrisa sarcástica.

Suena el reloj despertándome y me doy cuenta que mis sábanas están húmedas y pienso...

¡Rayos era solo un sueño!

No estás en mi cama pero bien valió la pena
Porque te tuve como yo quería.



Carmen Pacheco
lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
16 de septiembre de 2016


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