miércoles, 4 de mayo de 2016

EL PASADISO DEL BOSQUE...



Josefina estaba de visita donde su antigua amiga de la secundaria. Tenían mucho tiempo que no se veían y le llegó la oportunidad, como mandada del cielo, para retirarse de tanto estrés  en su trabajo.

Los lugares campestres nunca formaron parte de su  idea de pasar la vida y mucho menos sus vacaciones. Ella se sentía muy citadina. Necesitaba el movimiento y el sonido que una ciudad puede dar. Solo que en esta oportunidad, el silencio y la quietud eran imperante en ese momento de su vida.

Graciela estaba encantada de tenerla en casa. En aquellos años de adolescentes habían logrado llegar a ser unas grandes amigas. Con más nadie compartían sus confidencias más íntimas. Siempre se las veía juntas en las fiestas y en los paseos de la escuela. En determinados momentos, cuando a una de ellas les gustaba un joven, siempre se reunían y lo analizaban de pie a cabeza y si no encajaba en lo que ellas llamaban “el hombre ideal” lo lanzaban a la cesta de papeles y lo pasaban por alto.

En varias ocasiones lograron encontrar al chico que se acercaba a lo que ellas pensaban era el ideal de hombre. Paseaban, les encantaba ir a bailar con ellos pero jamás los dejaron pasarse de la raya. Su lema era – “Mi Perla será para el hombre indicado” -

Mientras se ponían al tanto de sus vidas Josefina pudo ver por la ventana, cómo aparecía un camino lleno de árboles y maleza, que indicaba, por su corriente zigzagueante, que existía un sendero hacia una parte más profunda y llamativa. Su amiga, en ese momento le avisó que ya estaba lista la comida y  era tanto lo que tenían que contarse, que se le olvidó lo que había visto.

Pasaron unos días maravillosos. Graciela había invitado algunos de sus amigos y amigas para agasajar a Josefina. Por lo que, la llevaron a lugares atractivos de la ciudad. La vida nocturna en esos días estaba más agitada. Festejaban el triunfo del Equipo de Futbol de la casa y en todos los lugares, se encontraba a jóvenes y adultos disfrutando de esa especie de algarabía, que se había apoderado de la población.

Un domingo, tras una juerga de las buenas, Josefina había decidido no salir para restablecer fuerzas, aún le quedaban dos semanas y quería verlo todo, si era posible. Se levantó primero que su amiga y preparó un humeante y agradable café con una pizca de chocolate. Se lo sirvió en una gran taza y en silencio fue a la ventana para disfrutar del paisaje que podía apreciar desde esa altura. Volvió a ver el sendero que se hacía con los árboles y sintió, como si algo la estuviera invitando a transitar por ese túnel boscoso. Se calzó sus zapatillas y tal como estaba, con un short, una blusa de dormir, su café y sin pensarlo mucho bajó hacia el parque, que la conduciría al camino de árboles.

El ruido de las aves y sus aleteos cerca de ella, la mantenían en atención. Alcanzó a ver un pájaro azul, otro con pintas doradas y ocres y muchos otros que jamás había visto. Todos emitían un trinar que se le fue introduciendo por sus venas. Cual transfusión recorrió su cuerpo en un segundo. Por un momento pudo percibir que ya no sentía la tierra. Era como si volara y al mismo tiempo cayó en un sopor de embriaguez total. Su piel estaba fresca pero dentro de ella bullía un volcán, que ardía en deseos. Sintió, cómo la brisa se convertía en manos que la acariciaban. Ya ella no era dueña de sí. Su cuerpo estaba transitando por un sendero extraño y etéreo.

En su levitar con los ojos abiertos veía figuras sutiles que pasaban sobre ella y hasta logró percibir que algo la traspasaba con un calor delicioso que la hacía vibrar hasta los tuétanos.  Pronto llegó al centro del bosque, donde estaba una especie de esfera que irradiaba energía con colores brillantes. De ella salieron diversas luces que rodearon su cuerpo y cada una de ellas llenó de embeleso el lugar que habían tocado. Su organismo era un cúmulo de zonas eróticas. Desde la uña de los pies, hasta su  último cabello tuvo sensaciones, que en su larga vida jamás había percibido. Entregada a toda esa experiencia llegó a un estado de ansiedad y a la vez satisfacción, de todas las distintas formas de excitación, conocidas y no conocidas por algunos.

En su viaje por el aire llegó a un manantial de aguas tibias y cristalinas, donde fue sumergida con mucha delicadeza. Allí sintió cómo era cuidado su yo interior y al secarla, no podría decirse, que fueron manos las que frotaron su cuerpo pero si que algo energético dejó su cuerpo seco y bien hidratado. Luego vio cómo unas uvas eran puestas en sus labios y que al masticarlas le producían mucho placer. Eran dulces, con un toque amargo que, inmediatamente envolvió toda su boca dejándola con la expectativa de recibir otra.

Siguiendo su viaje fue trasportada hacia otro lugar más oscuro. La cantidad de árboles, que allí existían, no permitían el paso de luz alguna y hacían del lugar más húmedo y acogedor. La depositaron sobre pétalos de Orquídeas  y en ese momento sintió cómo un cuerpo traslúcido se acercaba a ella y empezaba  acariciarla palmo a palmo. No hubo rincón que no tocara o besara. Josefina estaba extasiada y quería que siguiera haciéndola sentir de esa forma y fue cuando con la sutileza jamás pensada pero bien sentida, concibió que la penetraran, de una forma suave, exquisita y muy apasionada. Su cuerpo se arqueó en un momento de placer haciendo flotar sus sentidos mientras lanzaba un grito de goce.

Cuando despertó estaba en la entrada del camino que da al  bosque, con su taza de café completo y caliente, aún. Se sentó y sacudiendo su cabeza, se decía así misma, -¿Qué me pasó? ¿Todo fue un sueño? Al regresar al departamento de su amiga, notó que todos seguían durmiendo y que sólo habían pasado minutos, desde que bajó al parque.

Cuando su amiga despertó, le comentó lo que le había pasado y ésta incrédula, le dijo que seguro lo había soñado. La conocía y ella no era de esas personas carismáticas o que creyeran en duendes y cosas extrañas. Seguro fue un sueño. Estos lugares para personas como tú pueden sugestionar de distintas maneras.

Desde ese día Josefina siempre es visitada por una energía extraña, que traspasa sus conocimientos y creencias para hacerla sentir como hoja que flota al viento emitiendo una luz fosforescente, en el momento de mayor placer.



Carmen Pacheco
Lasculpasylamuertedelamorii@hotmail.com
@Erotismo10
04 de mayo de 2016




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