jueves, 20 de abril de 2017

UNA ENSEÑANZA…





Llegaste a eso de media mañana trayendo el delirio en tu sonrisa.

Jugamos al juego de las miradas y sin pensarlo fuimos atrapados por el parpadeo de sus luces.

Inventamos momentos para estar juntos.

Nuestros cuerpos eran atraídos por una fuerza extraordinaria.

No quisimos resistirnos, la verdad sea dicha porque imaginamos la dulzura del encuentro.

Y una flor fue la excusa para ese primer abrazo.

Éramos como dos trenes que recorrían los rechinados rieles a una velocidad inexplicable.

Corazones desbocados que palpitaban insaciables cual herido de muerte.

Manos alocadas que deseaban sentir la savia que se atropellaba por nuestro ser.

El tiempo inclemente, nos hirió con su crudeza. Bailábamos al ritmo de la danza trágica de las horas. 

Me enseñaste amar de una manera distinta.
Como se ama con el alma y el espíritu.
Como se ama con los poros y con la mente.

Aprendí que no somos uno, sino que continuamos siendo dos, con nuestra fortaleza, debilidades y sentimientos y fue la manera de entrelazarnos sin exigencias y sin esperar nada del otro.

Conocí la dulzura de tu palabra y la verdad que ellas transmitían. Fue un cúmulo de cortas frases, las que hicieron que me prendara de tu verborrea silente y acompasada.

Atesoré esos besos profundos y sentidos que llegaron a tocar mi intimidad, los que me hicieron suspirar cuando una suave brisa rosaba mis labios.

Llegué a entender lo que significa esperar.  Disfruté los instantes de distancia que había entre tu vida y la mía.

Me daba fuerza y esperanza, el saberte lejos pero al alcance de mi respiración.

Conocí lo que es conversar con ese yo interno que tantas veces permaneció sosegado y olvidado.

Tu paso por mi vida, ha servido para entender que estoy cerca del ser adecuado para mí, que solo le bastará con mirarme con unos ojos juguetones y malcriados que iluminarán mis días y atardeceres.

Que me dé ese abrazo que quita el frío de la soledad 
y unos besos, tan profundos, que no me interese respirar por mí misma.
Y por sobre todo, una gran taza de café humeante y un trozo de torta de chocolate para hacer del final del día, un instante para nosotros.

Fuiste mi pedacito de cielo y hoy agradezco el tiempo compartido.

Vivirás en mis recuerdos…



Carmen Pacheco
@Erotismo10
13 de abril de 2017